Distinción

Ariana Paulina-Carabajal, la científica de Bariloche premiada internacionalmente que investiga los secretos de los dinosaurios

La directora del Museo Paleontológico Bariloche recibió el Premio a la Excelencia Profesional 2026 de la Association for Women Geoscientists. Investigadora del Conicet, destacó el valor de la educación pública, anticipó nuevos estudios sobre dinosaurios y aves prehistóricas y reflexionó sobre los desafíos de hacer ciencia en la Argentina.

“Me da un orgullo enorme representar a la ciencia argentina a nivel internacional”. Con esas palabras, Ariana Paulina-Carabajal resume parte de la emoción que le produjo recibir el Premio a la Excelencia Profesional 2026 de la Association for Women Geoscientists (AWG), una organización internacional que promueve el desarrollo de las mujeres en las geociencias.

La distinción reconoce una trayectoria que combina investigación científica, formación de nuevos profesionales y divulgación. Para la investigadora, que también dirige el Museo Paleontológico Bariloche, el reconocimiento llega en un momento particularmente difícil para quienes se dedican a las ciencias básicas en el país.

“Me siento muy feliz y honrada de que se me haya reconocido. Soy producto de la educación pública de este país en todas sus etapas”, contó en diálogo con ANB.

Paulina-Carabajal consideró que, entre los aspectos valorados por la organización, se encuentran tanto la calidad de su trabajo científico como su aporte a la formación de jóvenes investigadores y las actividades de divulgación que desarrolla, especialmente aquellas destinadas a las infancias.

“En esta etapa de mi carrera, me considero una investigadora formada que está a su vez formando nuevos científicos jóvenes”, explicó.

Una nueva especie de dinosaurio en el horizonte

La investigación de Paulina-Carabajal se concentra en el estudio de dinosaurios y otros vertebrados fósiles, con especial atención a la paleoneurología, una disciplina que permite reconstruir aspectos del cerebro y los sentidos de animales extintos a partir de las estructuras óseas conservadas.

Actualmente, su equipo trabaja en distintas líneas de investigación que podrían aportar nuevos conocimientos sobre la fauna prehistórica de la Patagonia y la Antártida.

La científica adelantó a ANB que acaban de recibir una noticia importante: un nuevo trabajo de su equipo fue aceptado para su publicación y dará a conocer una nueva especie de dinosaurio del norte de la Patagonia.

“Estamos muy felices por eso. Espero muy pronto dar la noticia”, anticipó, sin revelar todavía mayores detalles del hallazgo.

Al mismo tiempo, el equipo estudia la paleoneurología de aves del período Cretácico encontradas en la Antártida. Para ello utiliza microtomografías computadas, una tecnología que permite observar estructuras internas de los fósiles sin destruirlos.

Según explicó, se trata de una línea de investigación todavía poco desarrollada a escala internacional. Los estudios buscan aportar información sobre aves muy antiguas y contribuir a comprender su evolución.

Aunque Bariloche es su lugar de trabajo y residencia, la investigación de dinosaurios requiere trasladarse a otras localidades donde se encuentran los restos fósiles. Actualmente, Paulina-Carabajal desarrolla su proyecto en Ingeniero Jacobacci, en la Región Sur rionegrina.

Una puerta abierta al pasado

Además de su actividad científica, la investigadora tiene un vínculo estrecho con la divulgación y con el desafío de acercar la paleontología a públicos de distintas edades.

Para ella, conocer la historia de la Tierra permite revisar el lugar que ocupa nuestra propia especie y comprender mejor los cambios que atravesó el planeta.

“Nosotros, la especie humana, hemos existido durante un lapso de tiempo geológico tan breve en este planeta que esa historia podría —y debería— enseñarnos humildad respecto a nuestro lugar en la Tierra, y cómo cuidarla”, reflexionó.

La científica también destacó que estudiar los cambios climáticos del pasado puede aportar pistas para interpretar los procesos actuales y pensar posibles escenarios futuros.

Esa mirada se relaciona directamente con su tarea al frente del Museo Paleontológico Bariloche, una institución creada y mantenida por la Asociación Paleontológica Bariloche.

Para Paulina-Carabajal, la gestión del museo implica una doble responsabilidad: preservar el patrimonio fósil y generar oportunidades para que la comunidad pueda conocerlo, comprenderlo y valorarlo.

“Por un lado están los fósiles, nuestro patrimonio paleontológico, protegidos por leyes nacionales y provinciales. Maravillosas pruebas del paso de organismos que ya no existen en esta Tierra. Y por el otro, los diferentes públicos que visitan el museo, la gente”, explicó.

La investigadora describió al museo como un espacio que busca funcionar como una puerta al pasado, abierta a quienes sienten curiosidad por la historia natural.

“Es un lugar donde más de una vez han nacido vocaciones. O simplemente un lugar donde se pueda aprender a mirar el mundo, la naturaleza, con nuevos ojos”, señaló.

Con ese objetivo, el museo también cuenta con propuestas para que los visitantes, especialmente los más pequeños, puedan tocar y sentir los fósiles, y así acercarse a la ciencia desde la experiencia directa.

“Creo que no podemos cuidar lo que no conocemos ni amamos”, sostuvo.

En ese sentido, invitó a la comunidad a seguir las redes sociales del museo para conocer sus actividades y a quienes todavía no lo visitaron, a animarse a participar.

Hacer ciencia en la Argentina: un reconocimiento que impulsa a seguir

La distinción de la Association for Women Geoscientists adquiere para Paulina-Carabajal un significado particular por el contexto en el que llega.

“El reconocimiento llega en un momento tan difícil, tan desafiante para los que hacemos ciencias básicas en la Argentina hoy, que se siente como una caricia al alma”, expresó.

Lejos de representar un punto de llegada, el premio funciona como un estímulo para continuar investigando y compartiendo el conocimiento.

“Me estimula a seguir trabajando y a seguir estimulando interés por las ciencias de la Tierra, no solo en colegas sino también en el público en general”, agregó.

Su recorrido también está atravesado por los desafíos que enfrentan las mujeres en el ámbito científico, especialmente cuando deben compatibilizar la carrera profesional con la maternidad.

“Ser mujer (y además mamá) en el ámbito académico y científico no siempre es fácil, eso no lo voy a negar. Pero es un trabajo que me produce alegría y que disfruto muchísimo”, afirmó.

En su respuesta hay lugar tanto para el esfuerzo cotidiano como para el entusiasmo por cada etapa de la investigación: desde caminar bajo el sol durante una campaña paleontológica y descubrir un hueso de dinosaurio, hasta estudiarlo y compartir los resultados con otras personas.

A las niñas y jóvenes que sienten curiosidad por las ciencias de la Tierra y consideran la posibilidad de seguir ese camino, les dejó un mensaje que resume buena parte de su propia experiencia.

“Por favor, nunca renuncien a su curiosidad; cuando una puerta se cierra, otra se abre: así es la vida”, aconsejó.

Y concluyó: “Que busquen sobre todo ser felices y que al mismo tiempo se permitan seguir sus sueños, porque este trabajo vale totalmente la pena”. (ANB)

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