Tratamiento

Artritis reumatoidea: por qué aliviar el dolor no siempre significa controlar la enfermedad

En el Día Mundial de la Artritis, especialistas advierten que el objetivo del tratamiento va más allá de reducir los síntomas. La remisión es una meta posible y requiere seguimiento médico, mientras que el testimonio de una mujer que convive con la enfermedad desde hace 34 años pone el foco en la calidad de vida.

Cada 12 de octubre, el Día Mundial de la Artritis invita a visibilizar una enfermedad que puede afectar mucho más que las articulaciones. En el caso de la artritis reumatoidea, reducir el dolor y la inflamación es importante, pero no siempre alcanza para determinar si la enfermedad está controlada.

Se trata de una afección inflamatoria crónica y autoinmune que afecta principalmente las articulaciones, aunque también puede comprometer otros órganos. Cuando la inflamación persiste sin un tratamiento adecuado, puede provocar daño articular, pérdida de funcionalidad y un deterioro significativo de la calidad de vida.

Por eso, el abordaje médico actual busca objetivos más ambiciosos: controlar la actividad de la enfermedad y, cuando las características de cada paciente lo permiten, alcanzar la remisión, es decir, la ausencia de signos y síntomas de actividad inflamatoria significativa.

“Durante mucho tiempo, mejorar algunos síntomas podía percibirse como un buen resultado. Hoy sabemos que podemos ser más ambiciosos”, explica el doctor Gustavo Citera, médico reumatólogo y jefe de la Sección Reumatología del Instituto de Rehabilitación Psicofísica.

El especialista señala que es fundamental evaluar periódicamente la actividad de la enfermedad y mantener un diálogo abierto entre el paciente y su reumatólogo para determinar si se están alcanzando los objetivos del tratamiento.

Qué significa tener la enfermedad controlada

La disminución del dolor no siempre refleja por completo lo que sucede en el organismo. Para evaluar la evolución de la artritis reumatoidea, los profesionales consideran distintas dimensiones, como la inflamación, la cantidad de articulaciones dolorosas o hinchadas, la capacidad para realizar actividades cotidianas, la fatiga y la posible progresión del daño articular.

Las estrategias conocidas como Treat to Target —tratamiento orientado a objetivos— proponen establecer metas terapéuticas y evaluar de manera periódica si se cumplen. La remisión es el principal objetivo y, en personas con enfermedad de larga evolución, puede considerarse una baja actividad como alternativa.

En ese contexto, la persistencia del dolor, la inflamación, la rigidez o las limitaciones cotidianas son motivos para volver a consultar con el especialista y revisar el nivel de control de la enfermedad.

El diagnóstico precoz también resulta fundamental. Entre las señales que justifican una consulta médica se encuentran la inflamación de las articulaciones, especialmente en manos y pies; la rigidez al despertar que se prolonga en el tiempo; la fatiga y las dificultades para realizar actividades habituales.

“Adaptarse no debería significar conformarse”

Mariana Cambiasso, fundadora y presidenta de la Asociación Civil Argentina de Personas con Enfermedades Reumáticas (ACAPER), fue diagnosticada hace 34 años. A lo largo de ese tiempo atravesó distintas cirugías y tratamientos hasta alcanzar la remisión, un estado que mantiene desde hace 14 años, según su testimonio.

Su experiencia también refleja el impacto que la enfermedad puede tener en la vida cotidiana y la importancia de revisar las expectativas sobre lo que es posible recuperar.

“Durante muchos años, quienes vivimos con artritis reumatoidea aprendemos a adaptarnos a un montón de cosas. Pero adaptarse no debería significar conformarse”, sostiene Cambiasso.

Para ella, vivir mejor también implica recuperar actividades, volver a hacer planes y conversar con el médico sobre los objetivos que pueden plantearse con el tratamiento.

La experiencia de cada paciente es diferente y, por eso, la estrategia terapéutica debe ser individualizada. El doctor Citera remarca que tanto el profesional como la persona que convive con la enfermedad necesitan conocer la meta que buscan alcanzar y evaluar juntos si se está logrando. Si la enfermedad continúa activa, corresponde que el especialista reconsidere la estrategia terapéutica.

La remisión como una meta posible

El doctor Gustavo Rodríguez Gil, médico reumatólogo y presidente electo de la Sociedad Argentina de Reumatología, también advierte sobre la importancia de no acostumbrarse a convivir con síntomas o limitaciones que podrían indicar que la enfermedad sigue activa.

“Controlar algunos síntomas puede ser solo una parte de la historia; la pregunta es si estamos viendo la imagen completa”, plantea.

En el caso de Cambiasso, alcanzar la remisión fue parte de un recorrido que incluyó sostener el tratamiento, incorporar hábitos saludables y encontrar nuevas formas de continuar con sus proyectos.

“La remisión es posible: no es un milagro. En mi caso fue el resultado de la adherencia al tratamiento, y también de entender que soy mucho más que un diagnóstico”, afirma. Y resume esa mirada en el lema de la asociación que fundó: “Diagnóstico no es sentencia”.

Desde ACAPER, Cambiasso busca que otras personas con enfermedades reumáticas encuentren acompañamiento y una comunidad con la que compartir experiencias. En ese sentido, la organización lanzó recientemente la campaña “No se ve, pero está ahí”, con presencia en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, para visibilizar una enfermedad cuyos síntomas y consecuencias no siempre son evidentes para los demás.

La propuesta busca recordar que el control de la artritis reumatoidea no se mide únicamente por cuánto disminuye el dolor. También importa preservar la funcionalidad, mejorar la calidad de vida y trabajar junto al equipo médico para alcanzar el mayor control posible de la enfermedad. (ANB)

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