Ante el aumento de la matrícula
Ocho horas entre el pasillo y las aulas: la escuela de Colonia Suiza volvió a exigir un salón de usos múltiples
Suena el timbre del recreo. Llueve. Los chicos no pueden salir y van al pasillo. Ahí corren, esperan, almuerzan y hacen gimnasia. Pasan ocho horas entre cuatro paredes. Esto ocurre en la Escuela Jardín N° 129 de Colonia Suiza y se repite muchos días al año.
La escuela nació en 1937 y la levantaron los vecinos. Hoy tiene 89 años y sigue creciendo. Se amplió por partes y funciona en tres espacios. Pero la matrícula crece y el edificio quedó chico. Les falta un lugar donde moverse, celebrar y estar todos juntos. Falta un SUM. Un reclamo histórico por parte de su comunidad educativa.
La directora, Alejandra Rojas, a cargo de la institución desde fines de 2024, describió la falta de un Salón de Usos Múltiples (SUM) como una carencia que atraviesa la vida cotidiana de la escuela. El establecimiento funciona de 8 a 16 y recibe a más de 150 niños y niñas.
Según explicó Rojas, la escuela se fue ampliando “por partes” y hoy funciona en tres espacios distintos. La matrícula creció y con ella las necesidades. La última ampliación, inaugurada en 2020, resultó insuficiente.
“La escuela necesita un espacio SUM para realizar actividades escolares cotidianas, como las clases de educación física, recreos, actos, etc.”, planteó. Hoy esas actividades se hacen al aire libre o en espacios reducidos, lo que afecta su calidad y el cuidado de los estudiantes.
Las solicitudes se vienen presentando desde hace años, sin la respuesta que espera la comunidad educativa. Este año se realizó nuevamente un pedido formal y el equipo directivo y las familias se reunieron con referentes del Consejo Escolar, quienes escucharon el planteo y se comprometieron a realizar las gestiones correspondientes.
En la nota que las familias elevaron al Consejo de Educación, la comunidad recuerda que la escuela existe desde 1937 y que nació del esfuerzo de los propios vecinos, en un terreno donado y con madera de la zona. Casi noventa años después sigue siendo el corazón de Colonia Suiza: hay familias que eligieron vivir allí por la escuela y chicos que son hijos de ex alumnos. Pero el espacio no creció al ritmo de la comunidad. Las mismas aulas que se usan para dar clases a la mañana se convierten en comedor al mediodía y en talleres a la tarde.
“Del pasillo al aula, y del aula al pasillo”
Laila, madre de un estudiante, fue entrevistada por ANB y contó cómo se vive esa falta de espacio en el día a día. “Es una escuela de doble jornada: los chicos están desde las 8 hasta las 16 y almuerzan en la escuela. Y los días de lluvia, de nieve, de helada, de mucho frío, que son muchísimos en el año, no pueden salir al patio en los recreos o en educación física”, explicó.
Entonces todo ocurre puertas adentro. “Tienen clases los 40 minutos o las dos primeras horas y al recreo, en vez de salir afuera a dispersar la cabeza, van al pasillo. Termina el recreo, vuelven al aula; termina la clase, vuelven al pasillo. Del pasillo al aula está el almuerzo”. Para almorzar se arman las mesas en el pasillo o en alguna aula más grande, y algunos chicos siguen en la misma aula donde tuvieron clases toda la mañana. “Están 8 horas en un lugar cerrado que a veces es el mismo”, resumió.
Las familias consultaron a una psicopedagoga sobre los efectos de esta situación. “Es muy grave: la cabeza no está apta para adquirir conocimientos con ese nivel de saturación. Y esto pasa muchísimos días al año”, señaló Laila. La nota de las familias suma el testimonio de una psicóloga que acompañó a la comunidad: sin un espacio donde moverse y despejarse, el cuerpo y la mente no descansan, y el desgano, la tensión y la dificultad para sostener la atención en las últimas horas de la tarde son consecuencias directas de un entorno que quedó chico.
El mismo documento recoge el caso de María, mamá de un alumno de tercer grado, cuyo hijo le pide por favor no ir a la escuela los días de lluvia, porque no tolera los ruidos ni la falta de espacio tras tantas horas entre el aula y el pasillo. “Como este niño, son muchos los que se sienten así”, plantean las familias.
La falta de un lugar amplio también impide reunir a toda la comunidad. Laila contó que este año, para la jura de la bandera de cuarto grado, las familias debieron alquilar un camping de Colonia Suiza para poder entrar todos. “El resto de la escuela no tiene ni la menor idea de qué es el acto de la bandera hasta que llega a cuarto grado. Los más chiquitos no ven que eso va a suceder y los más grandes no acompañan a los de cuarto en ese aprendizaje. No se puede construir una comunidad ni siquiera un sentimiento patrio”, afirmó.
Los actos, además, se dividen por ciclo: el del 25 de mayo corresponde al segundo ciclo, el del 9 de julio al último, y el nivel inicial tiene el suyo. “No se puede convocar a todas las familias porque no entramos”, agregó. La nota de las familias suma otras postales: los festejos “a medias”, el acto del Día del Maestro y el cierre de fin de año, todos en los pasillos.
Laila aclaró que las familias, acompañando al equipo directivo, siguieron todas las vías jerárquicas y mantuvieron comunicación permanente con los actores correspondientes, que reconocen la problemática. Incluso consultaron a agrimensores y presentaron documentación oficial para aportar información que faltaba al Consejo Escolar.
Un reclamo histórico
La necesidad de ampliar la escuela no es nueva. Los primeros planos del proyecto Promedu datan de 2008 y en 2009 la comunidad ya había manifestado formalmente el pedido. Tras una licitación pública notificada en 2015, la obra recién arrancó a fines de 2018 y se prolongó hasta fines de 2020, con una nota de 2019 que exigía su terminación por la duplicación del plazo de ejecución. En el medio, la comunidad no se quedó quieta: defendió un recurso de amparo en la fiscalía de Bariloche y, en septiembre de 2018, convocó a un “Abrazo a la escuela” para reclamar el SUM.
La ampliación finalmente se entregó, pero no resolvió el problema de fondo. En 2022 una mamá de la escuela, arquitecta, elaboró un proyecto, y las directoras de entonces sostuvieron los pedidos, incluida una reunión con la coordinadora del Consejo Escolar de Bariloche de aquella ocasión, Beatriz Alarcón. Al año siguiente se habló de una presentación en Viedma junto al arquitecto del Consejo, y la actual directora siguió enviando notas. En 2026, familias autoconvocadas por el SUM volvieron a presentar pedidos formales.
Hoy la comunidad cuenta con un petitorio firmado por cientos de personas y una carpeta completa que documenta cada paso. Lo que pide, dicen, es que quienes tienen la responsabilidad institucional desarrollen el proyecto formal, lo eleven y lo impulsen. “Esto no es solo infraestructura. Es bienestar. Es dignidad. Es el derecho de más de 150 chicos a tener una escuela a la altura de todo lo que ellos ya son”, plantean las familias, que convocan a Bariloche y a Río Negro a sentirse parte del reclamo.