2026-09-25

Conservación

Escaladores y arqueólogos trabajan para preservar un sitio con pinturas rupestres

Se trata del sector conocido como Calabozo, donde en 1994 se encontraron 39 motivos de pinturas rupestres. La apertura de una nueva vía derivó en un trabajo coordinado entre investigadores y deportistas para preservar el lugar. 

Durante la pandemia, un aviso advirtió sobre la apertura de una nueva vía de escalada en un sector con pinturas rupestres del sitio conocido como Calabozo, ubicado en la ladera sur del cerro Otto. El alerta motivó el contacto entre escaladores de Bariloche y profesionales del Grupo de Investigación Arqueologías y Patrimonios (GAP) del IIDYPCA (UNRN-CONICET) y de esta forma dieron inicio a un trabajo conjunto orientado a la preservación del patrimonio arqueológico.

El sector está ubicado en la ladera sur del cerro Otto, en cercanías de la ruta 82. En 1994, la arqueóloga de la Secretaría de Cultura de Río Negro, Ana María Albornoz, halló estas pinturas rupestres en el sector.

Una de sus características es la orientación hacia el oeste, que lo hace diferente a la mayoría de los sitios arqueológicos, que en general se orientan hacia el norte o el este como una estrategia de aprovechamiento de la luz solar y protección de los vientos. “Calabozo tiene además baja luminosidad, pero fue un lugar estratégico porque une dos cuencas: el lago Gutiérrez y el lago Nahuel Huapi, por lo que consideramos que fue un punto clave en la circulación humana”, explicó Federico Scartascini, miembro del IIDYPCA (UNRN-CONICET), en diálogo con ANB.

El sector se encuentra ubicado en la ladera sur del cerro Otto. Foto: Marcelo Martínez.

“El principal rasgo del sector son las pinturas que tienen 39 motivos y están agrupadas en tres paneles”, explicó Scartascini. Algunos de los motivos plasmados en la roca se encuentran más visibles y, como otra característica, destaca que todos comparten el tono rojizo. Aquellas que a simple vista no se ven, fueron relevadas por los especialistas con tecnología digital.

De acuerdo a lo explicado por Scartascini, las pinturas de Calabozo pertenecen a la "Modalidad del ámbito boscoso lacustre", un estilo arqueológico propio del noroeste de la Patagonia, que está presente a lo largo de los lagos Nahuel Huapi, Moreno, Gutiérrez, Mascardi e incluso parte del Lacar.

Como primera tarea, desequiparon la vía que se había montado sobre las pinturas. Foto: Marcelo Martínez.

Desde hace muchos años, el sector es utilizado para la práctica de escalada, pero en pandemia, un aviso alertó por una nueva vía abierta justo sobre uno de los sectores en los que hay pinturas rupestres.

“Desde la AEBAR (Asociación de Escalada de Bariloche) nos contactaron y nos consultaron qué se podía hacer para desactivar la situación. Hablamos con la persona que había equipado la vía y la desarmó”, relató Scartascini. Este primer paso fue el inicio de un trabajo que comenzó años atrás y continúa con el objetivo de proteger los sitios que representan valiosa información para el estudio de la región y su historia.

“Cuando iniciamos la articulación en el tiempo de la pandemia, se puso un cartel explicativo, pero mucha gente no sabía sobre la importancia histórica del lugar”, relató por su parte Gonzalo Azuaga, referente de la AEBAR.

El sitio arqueológico es atípico en comparación con otros de la región. Foto: Marcelo Martínez.

El trabajo no terminó en desequipar la vía que se encontraba más próxima al sector que reunía motivos de pinturas rupestres. En conjunto con la AEBAR, se organizaron talleres destinados a aperturistas, es decir, a las personas encargadas de abrir nuevas vías de escalada.

“Equipar un sector es una tarea muy demandante, tanto física como económicamente, por lo que nos parecía que sería más eficiente hacerlo con mayor información para abrir sectores que puedan tener continuidad de uso”, indicó Scartascini.

Para poder sentar las bases de un trabajo articulado y sostenible, “generamos un protocolo para que, antes de equipar un sector, se prestara atención o tomaran registro sobre situaciones concretas y, si algo genera dudas, nos ofrecimos a acompañarlos para generar una inspección visual”, agregó el doctor en arqueología.

A esto se sumó recientemente la instalación de cartelería en el lugar, que fue realizada con fondos de la AEBAR. “Fuimos al sector, se relevó todo y notamos que faltaba más comunicación. Por esto se propuso hacer algo especial”, destacó Azuaga.

Luego de las charlas y talleres que brindaron los arqueólogos, “me dijeron que querían profundizar las actividades de difusión y protección en Calabozo” y se avanzó con la señalización. Cada cartel tiene además un código QR que lleva a la página web en la que se encuentra toda la información sobre las pinturas rupestres del sector.

Los carteles instalados tienen información sobre las pinturas y el sitio. Foto: Marcelo Martínez.

Tras los relevamientos realizados, los arqueólogos determinaron que con el uso y el paso de los años, el daño en las pinturas es evidente. Además del desgaste que produjo el uso de magnesio en las paredes, se incrementó el proceso de degradación por el polvo generado por el tránsito humano en el sector.

“Que haya mucha gente caminando también lleva a perder la cubierta vegetal y esto puede afectar a otros restos arqueológicos que se encuentran todavía enterrados”, consideró Scartascini. En este sentido, desde la AEBAR, explicó Azuaga, se analiza la posibilidad de implementar algún tipo de malla en la zona más comprometida del suelo para evitar el rápido avance del proceso de degradación.

“Ante esta situación y viendo que en el mundo entero existen conflictos entre comunidades académicas y comunidades de deportistas, nos pareció que, en vez de generar una estrategia punitiva o prohibitiva, lo mejor era generar acciones conjuntas”, remarcó Scartascini.

Además, el profesional destacó que “los integrantes de la AEBAR tienen las cosas muy claras con las prácticas y hacia dónde quieren llevar la escalada en Bariloche. El objetivo es fomentar las prácticas sostenibles y por eso, ellos mismos iniciaron este vínculo”.

Se analiza la posibilidad de instalar una malla en parte del suelo del sector. Foto: Marcelo Martínez.

La AEBAR está compuesta actualmente por unos 300 socios que abonan una cuota mensual de bajo costo, pero que ayuda notablemente en el trabajo que se propusieron en los últimos años. Gracias a lo recaudado, lograron no solo realizar el trabajo en el sector de Calabozo, sino también mejorar otros, trabajar en los senderos de acceso, mejorar los pies de vía y abrir nuevos sectores, siendo capaces incluso de pagar a aquellas personas que se encargan de esa tarea.

De un tiempo a esta parte, muchos de los sectores de escalada fueron reconocidos formalmente y esto es celebrado en la asociación. “Estamos trabajando mucho con la habilitación formal de sectores, que sea sostenible en el tiempo, y esto es un indicio de que vamos por buen camino”, finalizó Azuaga. (ANB)

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