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El Colegio San Esteban construye un nuevo edificio para su Nivel Inicial
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A 42 años de su creación, el colegio avanza con una de las obras más significativas de su historia reciente: un edificio exclusivo para el Nivel Inicial que incorporará salas desde los 3 años, bilingüismo, jornada extendida y una arquitectura pensada para aprender en contacto con la naturaleza. El desafío es tenerlo listo para el inicio del ciclo lectivo 2027.
“No podemos pensar la educación del mañana con la arquitectura del ayer”.
La frase apareció durante la charla casi como una síntesis espontánea, pero terminó explicando buena parte de lo que está sucediendo hoy en el Colegio San Esteban.
Porque detrás de la obra que avanza en el predio de la institución no hay solamente una necesidad de sumar aulas. Hay una decisión más profunda: repensar desde dónde comienza la experiencia educativa de un niño y qué espacios necesita para aprender, jugar, explorar y crecer. Y para el San Esteban, ese proceso comienza, literalmente, desde sus bases.
La institución cumple este año 42 años desde la colocación de su piedra fundamental, en 1984. Su primer ciclo lectivo fue en 1985 y comenzó con apenas 84 alumnos: una sala de 4 años, una sala de 5, un primer grado y un primer año de secundaria y cuatro décadas después, el colegio vuelve a poner la mirada sobre aquel punto de partida.
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“Es el norte. Estamos apuntando a potenciar cómo se inició el colegio, siendo un Colegio de doble escolaridad con un programa de inglés intensivo”, explicó Sofía Besenyi, directora general del Colegio San Esteban.
Un jardín desde los 3 años y completamente bilingüe
Actualmente, el Nivel Inicial cuenta con alrededor de 82 alumnos, distribuidos en dos salas de 4 y dos salas de 5 años. Este año comenzó además una transformación que será clave para lo que viene: las salas de 4 adoptaron la modalidad bilingüe de jornada extendida.
Los niños ingresan a las 8.30 y permanecen en el colegio hasta las 15.30. Almuerzan allí, tienen su momento de descanso y realizan diferentes talleres durante la tarde. Durante la mañana, docentes de castellano e inglés comparten la jornada y desarrollan actividades en ambos idiomas. La intención es que ese modelo deje de ser parcial para convertirse en la propuesta integral del Nivel Inicial.
Con el nuevo edificio se incorporarán dos salas de 3 años y se llegará a un total de seis salas: dos de 3, dos de 4 y dos de 5. Todas serán bilingües y funcionarán bajo el modelo de jornada extendida.
Así, el inglés —parte de la identidad del colegio desde siempre, con los exámenes de Cambridge como sello de calidad, comenzará a formar parte de la experiencia cotidiana de los chicos desde su ingreso al colegio. No como una materia aislada, sino como una segunda lengua que convive naturalmente con ellos desde los primeros años.
Tres pilares para comenzar desde la base
El nuevo jardín fue pensado sobre tres grandes pilares pedagógicos: bilingüismo temprano, una concepción flexible de los espacios educativos y conexión permanente con la naturaleza.
Desde sala de 3, los chicos estarán en contacto cotidiano con el inglés, incorporándolo dentro de sus actividades y rutinas.
El segundo eje modifica incluso la idea tradicional del aula. La propuesta entiende los espacios educativos como ecosistemas en los que también se aprende circulando, experimentando, compartiendo y explorando.
Por eso las salas podrán comunicarse entre sí mediante paneles móviles y transformarse, cuando una actividad lo requiera, en espacios más grandes donde puedan encontrarse distintos grupos.
El tercer pilar atraviesa prácticamente todo el proyecto arquitectónico: la naturaleza debe estar siempre cerca, cada aula tendrá grandes ventanales, ventilación y luz natural y, fundamentalmente, su propia salida hacia un patio verde.
No habrá que atravesar todo el edificio para llegar al exterior. Las docentes podrán abrir las salas directamente al parque y decidir cuándo el espacio verde se convierte también en espacio de aprendizaje.
Arquitectura que también educa
El proyecto fue desarrollado por F9 Studio a partir de un programa de necesidades planteado por el equipo directivo del colegio y el desafío no era menor: resolver un edificio educativo en un terreno céntrico, angosto y más pequeño que el predio de Primaria, sin resignar espacios abiertos.
La respuesta fue una construcción predominantemente lineal, organizada alrededor de un corredor central desde el cual se distribuyen las diferentes salas, pero hasta el pasillo intenta escapar de la idea convencional de “pasillo escolar”.
Tendrá grandes entradas de luz, ventanas superiores con distintas orientaciones y conexiones visuales hacia aulas y patios. La intención es evitar corredores cerrados y oscuros y lograr que la luz y el exterior estén presentes prácticamente en todo momento.
Hay otra decisión que parece pequeña, pero explica el espíritu del proyecto.
“Los espacios verdes serán 100% naturales.”
La búsqueda fue alejarse de los espacios infantiles dominados por plástico, pisos de goma y estructuras artificiales para recuperar materiales y experiencias mucho más elementales: pasto, tierra, madera, arena y vegetación.
Que los chicos puedan observar cómo cambia un árbol, sentir el frío, ver caer las hojas o descubrir cómo se transforma el entorno con las estaciones. Bariloche y su clima impondrán naturalmente los días en los que se pueda permanecer afuera. Pero incluso cuando no sea posible salir, la naturaleza seguirá siendo visible desde el interior.
“Desde la arquitectura casi sin quererlo estamos acompañando hacia dónde quiere ir el colegio”, explico el arquitecto Fran Galeazzi desde F9 Studio durante la recorrida por el proyecto.
Un edificio de 400 metros cuadrados que ya sabe cómo crecer
La primera etapa incorporará aproximadamente 400 metros cuadrados cubiertos, desarrollados íntegramente en planta baja. Pero hay una particularidad: el proyecto no termina allí, toda la estructura fue calculada y planificada desde el comienzo para permitir que, en una segunda etapa, el edificio pueda crecer hasta dos pisos más.
Es decir, lo que se construye hoy no deberá desarmarse mañana para seguir creciendo.
Los futuros niveles podrían albergar talleres, nuevas actividades del propio Nivel Inicial o incluso responder a futuras necesidades de otros sectores de la institución.
“Lo que hacemos hoy no puede pisar lo que queremos hacer mañana”, fue una de las premisas utilizadas durante el diseño.
También construir con lo que Bariloche descarta
La mirada ambiental no quedó solamente en los patios. Una parte importante del revestimiento exterior utilizará un material producido localmente en Bariloche a partir de residuos forestales y plástico PET recuperado.
El descarte de aserraderos se procesa hasta obtener partículas muy pequeñas que, combinadas con plástico reciclado, permiten producir tablas de apariencia similar a la madera.
La elección suma varios elementos: reutiliza residuos, disminuye materiales que podrían terminar descartados, incorpora producción local y reduce traslados.
Pero además permite algo mucho más sencillo y posiblemente más poderoso dentro de un jardín de infantes: mostrarles a los chicos que aquello que alguna vez fue considerado basura puede reconvertirse en la pared de su propia escuela.
El proyecto también contempla preservar vegetación existente y que el agua de lluvia pueda infiltrarse dentro del propio terreno. No se trata de presentar al edificio como una construcción completamente sustentable, sino de incorporar decisiones ambientales concretas allí donde el proyecto y los tiempos de obra lo permiten.
Un colegio distribuido en tres espacios
El nuevo jardín completa además otro objetivo institucional: que cada nivel educativo pueda construir su propia identidad dentro de un espacio definido.
El San Esteban posee actualmente su histórico edificio de Villegas y Anasagasti, donde funciona el Secundario. En Anasagasti 358 funciona Primaria, cuyo proyecto edilicio se fue desarrollando en etapas hasta completar su actual estructura junto con el gimnasio.
El Nivel Inicial utiliza hoy sectores anexos a ese edificio. Con la nueva obra, por primera vez contará con un edificio concebido específicamente desde su proyecto pedagógico actual.
La conexión con la naturaleza tendrá continuidad más allá del jardín ya que el colegio posee además Las Codornices, un campo educativo de ocho hectáreas en la zona de La Paloma, donde alumnos de Primaria y Secundaria realizan convivencias, campamentos, actividades recreativas y deportivas.
Allí existe actualmente un quincho de alrededor de 400 metros cuadrados y el masterplan institucional contempla continuar desarrollando infraestructura y espacios deportivos.
La idea, entonces, es que aquello que comienza durante los primeros años pueda continuar acompañando a los estudiantes durante toda su escolaridad.
El desafío: abrir las puertas en marzo
La obra comenzó en julio y tiene un calendario exigente. Mientras en el terreno avanzan las fundaciones y los trabajos húmedos, simultáneamente se fabrican los paneles que conformarán parte de la estructura.
Es, prácticamente, una obra desarrollándose en dos lugares al mismo tiempo.
Una vez trasladados al predio, los módulos permitirán que buena parte de la estructura pueda levantarse en un período considerablemente menor que mediante un sistema tradicional.
El objetivo es claro: terminar en febrero, porque en marzo de 2027, cuando comiencen las clases, los niños que ingresen a las nuevas salas de 3 y 4 años y quienes continúen hacia sala de 5 serán los primeros en habitar el nuevo edificio.
Para entonces habrán pasado 42 años desde aquel San Esteban que abrió sus puertas con 84 alumnos. Cambió la escala, cambiaron las herramientas y cambió incluso la forma de imaginar un aula. Pero quizás el nuevo proyecto tenga justamente algo de aquel comienzo: volver a preguntarse cómo debe ser una escuela cuando todo está todavía por construirse.