TIEMPO LOCO
¿Va a nevar o no? Por qué cambia tanto el pronóstico y qué mirar antes de confiar en el celular
Abrimos el celular antes de levantarnos, miramos la temperatura y descubrimos un pequeño copo de nieve anunciado para el fin de semana. Unas horas después volvemos a consultar y ahora aparece lluvia. Al día siguiente, nada: parcialmente nublado.
Y empieza la clásica discusión: “el pronóstico no pega una”.
Durante este invierno, esa sensación estuvo particularmente presente en Bariloche. Jornadas para las que se anunciaba nieve que luego se transformaron en lluvia, precipitaciones que cambiaron de horario o fenómenos que aparecieron y desaparecieron del pronóstico con varios días de anticipación.
Pero hay algo que muchas veces olvidamos: el pronóstico que aparece en un teléfono no es una fotografía del futuro. Es el resultado más probable de una enorme cantidad de cálculos que vuelven a hacerse cada vez que ingresa nueva información.
Y por eso cambia.
Miramos el pronóstico mucho más de lo que creemos
No existe una estadística oficial argentina que permita decir cuántas veces por día una persona consulta el tiempo desde el teléfono. Pero algunos estudios permiten dimensionar hasta qué punto se convirtió en una rutina.
Una encuesta realizada por YouGov en Estados Unidos determinó que seis de cada diez personas consultan el pronóstico al menos una vez por día y una de cada cinco lo hace varias veces durante la jornada. Las aplicaciones meteorológicas son, además, la fuente más utilizada.
Es decir que aquello que antiguamente escuchábamos una vez por día en la radio o en el pronóstico nocturno de televisión ahora está disponible permanentemente.
Y ahí aparece una paradoja: tenemos los mejores pronósticos de la historia, pero también vemos cada una de sus correcciones.
Hace treinta años, probablemente nadie recordaba qué temperatura había anunciado un meteorólogo para dentro de seis días. Hoy hacemos una captura de pantalla.
Entonces, ¿cómo se pronostica el tiempo?
Todo comienza intentando responder una pregunta mucho más difícil de lo que parece:
¿Cómo está exactamente la atmósfera en este momento?
Para saberlo se recopilan millones de observaciones provenientes de estaciones meteorológicas, satélites, radares, boyas oceánicas, instrumentos terrestres y mediciones realizadas en diferentes niveles de la atmósfera.
Toda esa información ingresa a gigantescos sistemas informáticos.
Los modelos meteorológicos dividen la atmósfera en una enorme grilla tridimensional y aplican ecuaciones físicas para calcular cómo deberían evolucionar la presión, la humedad, el viento y la temperatura durante las próximas horas y días.
En términos extremadamente simplificados: se intenta recrear la atmósfera dentro de una computadora y hacerla avanzar hacia el futuro.
Los grandes centros meteorológicos internacionales ejecutan estos modelos varias veces por día. Y cada nueva ejecución comienza con información más reciente. Por eso un pronóstico para el sábado realizado el lunes puede ser diferente al que veremos el miércoles.
No necesariamente significa que alguien “se equivocó”: significa que la información disponible cambió y, con ella, cambió el escenario considerado más probable.
Pero mi iPhone decía nieve: ¿de dónde la sacó?
Aquí aparece otra sorpresa. El iPhone no tiene un pequeño meteorólogo dentro del teléfono.
Apple utiliza Apple Weather, su propio sistema meteorológico. Para construir sus productos utiliza información y modelos procedentes de algunos de los principales organismos meteorológicos del planeta, entre ellos NOAA de Estados Unidos, el Centro Europeo de Pronósticos de Mediano Plazo (ECMWF), el Met Office británico, el servicio meteorológico alemán, Météo-France, Environment Canada y la Agencia Meteorológica de Japón, entre otros.
Apple informa que, salvo excepciones regionales, el pronóstico de diez días de la aplicación Tiempo es suministrado por Apple Weather.
Por eso no necesariamente va a coincidir exactamente con el pronóstico que muestra el Servicio Meteorológico Nacional argentino.
¿Y Android?
Acá hay que hacer una aclaración: Android no tiene un único pronóstico meteorológico universal.
Depende del teléfono y de la aplicación utilizada.
En los teléfonos Pixel, por ejemplo, Google ofrece actualmente su propia aplicación Pixel Weather.
Google explica que su pronóstico se genera mediante un sistema interno que combina observaciones y modelos meteorológicos de organismos internacionales. Para sus pronósticos de precipitación de muy corto plazo utiliza, entre otras fuentes, información de ECMWF, NOAA, Met Office, Deutscher Wetterdienst, la Agencia Meteorológica de Japón y datos satelitales de NASA.
Además, Google ya utiliza inteligencia artificial en algunos de sus sistemas de predicción meteorológica y cuenta con modelos propios como la familia WeatherNext.
Pero un Samsung, un Motorola, un Xiaomi o una aplicación instalada por el usuario pueden mostrar información proveniente de otro proveedor.
Por eso dos personas paradas una al lado de la otra pueden mirar sus teléfonos y encontrar dos pronósticos diferentes para Bariloche.
Entonces, ¿quién tiene razón?
Probablemente ésta sea la pregunta equivocada.
Los meteorólogos ya no trabajan únicamente con “un pronóstico”. Los grandes centros ejecutan lo que se conoce como pronósticos por conjuntos o ensembles.
En lugar de calcular una sola evolución posible de la atmósfera, realizan muchas simulaciones modificando ligeramente las condiciones iniciales.
Si casi todas llegan a una conclusión parecida, existe alta confianza. Si unas muestran lluvia, otras nieve y otras prácticamente nada, la incertidumbre es mucho mayor.
Por eso puede ocurrir que una aplicación elija inicialmente como escenario principal una nevada y, en una actualización posterior, termine mostrando lluvia.
No cambió el sábado. Cambió nuestra capacidad de anticipar qué va a ocurrir el sábado.
Bariloche juega en modo difícil
Pronosticar sobre una región montañosa es especialmente complejo.
En una zona como Bariloche intervienen cordillera, valles, lagos, desniveles muy importantes y masas de aire provenientes fundamentalmente del oeste.
Y en invierno aparece una dificultad adicional: unos pocos grados pueden separar una lluvia de una nevada.
Un modelo puede acertar que llegará precipitación y, sin embargo, equivocarse en la temperatura de una determinada capa de la atmósfera. Para quien mira por la ventana, la diferencia es enorme: había nieve anunciada y finalmente llovió.
También existe otro problema: los modelos representan el territorio mediante celdas. Pero ninguna celda informática reproduce perfectamente cada cerro, cada valle o cada pendiente. Cuanto más complejo es el relieve, más difícil resulta trasladar un pronóstico general a un lugar muy específico.
¿Por qué cambia tanto el pronóstico a cinco o siete días?
Porque la atmósfera es un sistema extremadamente sensible. Un pequeño error en las condiciones iniciales puede aumentar conforme avanzan los días.
NOAA da una referencia sencilla para dimensionarlo: un pronóstico a cinco días tiene aproximadamente un 90% de precisión; uno a siete días ronda el 80%; mientras que a diez días o más su confiabilidad cae aproximadamente al 50%. Son valores generales y no significan que cada variable meteorológica tenga exactamente ese porcentaje de acierto, pero permiten entender cómo aumenta la incertidumbre con el tiempo.
En otras palabras:
- Mañana importa mucho.
- Dentro de tres días orienta bastante.
- Dentro de una semana muestra una tendencia.
Y aquel copito de nieve que aparece dentro de diez días debería tomarse, principalmente, como una posibilidad.
¿Las empresas controlan si sus pronósticos aciertan?
Sí. Y de manera bastante más sofisticada que simplemente preguntarse si “llovió o no llovió”.
La meteorología utiliza sistemas de verificación, en los que los pronósticos se comparan posteriormente con las observaciones reales.
La Organización Meteorológica Mundial establece procedimientos estandarizados para evaluar el desempeño de los grandes centros de predicción, mientras que organismos como ECMWF publican indicadores específicos para temperatura, precipitación, viento y diferentes plazos de pronóstico.
Se analiza cuánto se desvió la temperatura prevista, si la lluvia ocurrió, cuánto precipitó, dónde cayó, cómo se comportaron las probabilidades y si los distintos miembros de un conjunto representaron correctamente la incertidumbre.
No existe entonces una simple certificación que diga “esta aplicación acierta el 95%”.
La precisión depende de qué variable se mida, en qué región, con cuántos días de anticipación y hasta de qué fenómeno se esté intentando anticipar.
Una aplicación puede ser excelente pronosticando temperatura y bastante menos precisa determinando exactamente dónde nevará.
Y entonces, en Bariloche, ¿qué conviene mirar?
Para una consulta cotidiana, cualquiera de las aplicaciones conocidas puede resultar útil.
Pero cuando el tiempo importa realmente —un viaje, una excursión, salir a la montaña, conducir con riesgo de nieve o esperar un temporal— no conviene decidir solamente mirando el dibujito del teléfono.
En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional es la referencia oficial para pronósticos y alertas meteorológicas. Su sitio permite consultar pronóstico, probabilidades de precipitación, viento y advertencias, además de imágenes satelitales y otros productos meteorológicos.
Después puede ser útil comparar qué están mostrando otros modelos. Si diferentes sistemas coinciden en que llegará una precipitación importante, la confianza aumenta. Si uno anuncia 30 centímetros de nieve, otro lluvia y otro apenas algunas precipitaciones, esa diferencia no debería interpretarse como una competencia para ver “quién acierta”.