Las mismas incógnitas
Diez años sin respuestas: el crimen de Lucas Muñoz sigue siendo una herida abierta en Bariloche
Diez años. Una década desde aquella tarde del 10 de agosto de 2016 en la que un llamado alertó a la Policía sobre la presencia de un cuerpo en un descampado cercano a la ruta de Circunvalación.
La confirmación llegó al día siguiente: era Lucas David Muñoz, un joven oficial de la Policía de Río Negro que llevaba 27 días desaparecido.
Tenía 28 años, era oriundo de Ramos Mexía y hacía poco tiempo que se encontraba en Bariloche, donde prestaba funciones en la Comisaría 42. El 14 de julio había salido de la vivienda donde residía, en la zona de Frey y Moreno, para dirigirse a trabajar. Nunca llegó.
Desde entonces comenzó una búsqueda que involucró a distintas fuerzas de seguridad, rastrillajes por diferentes sectores de la ciudad, operativos en el lago Nahuel Huapi y procedimientos en dependencias policiales. Sin embargo, durante casi un mes no hubo noticias concretas sobre su paradero.
Una desaparición que puso a la Policía bajo la lupa
Desde los primeros días, la investigación estuvo marcada por situaciones que generaron fuertes cuestionamientos sobre el accionar de la propia Policía de Río Negro.
El mismo día de la desaparición, efectivos ingresaron a la habitación donde vivía Lucas y realizaron una requisa sin contar con una orden judicial. La actuación derivó posteriormente en una causa por allanamiento ilegal y, en 2017, dos policías fueron condenados a dos años de prisión en suspenso y dos años de inhabilitación.
También se detectó la adulteración del parte diario de novedades de la Comisaría 42, donde fueron reemplazados al menos siete folios originales por hojas pertenecientes a otro cuaderno.
La investigación provocó además desplazamientos de integrantes de la estructura policial y allanamientos en distintas dependencias de la fuerza.
Mientras tanto, el caso sumaba interrogantes.
El 29 de julio fue detenido en Catriel el policía Néstor Meyreles, acusado de intentar entorpecer la investigación luego de adquirir un chip telefónico a nombre de Lucas cuando ya se encontraba desaparecido. Posteriormente también fue detenido Federico Valenzuela, otro efectivo vinculado a la adquisición del chip.
27 días después, el peor desenlace
El 10 de agosto, alrededor de las 14, un llamado alertó sobre la presencia de un cuerpo a pocos metros de la ruta de Circunvalación.
El operativo se desplegó rápidamente. Al día siguiente se confirmó lo que nadie quería escuchar: el cuerpo era el de Lucas Muñoz.
El joven fue encontrado con un disparo en la cabeza y otra herida de bala en una de sus piernas. Vestía su uniforme policial y cerca del cuerpo apareció su arma reglamentaria.
Las primeras pericias establecieron que había sido asesinado entre 12 y 24 horas antes del hallazgo. Esa conclusión abrió uno de los grandes interrogantes del expediente: ¿qué ocurrió durante los 27 días que transcurrieron desde su desaparición hasta su asesinato?
Durante la investigación se manejaron diferentes hipótesis, entre ellas la posibilidad de que Lucas hubiera permanecido retenido antes de ser asesinado. También se trabajó sobre la posibilidad de un secuestro extorsivo, aunque nunca se pudo establecer el motivo ni quiénes estuvieron detrás del crimen.
Una causa que nunca logró llegar al autor del crimen
Con el paso de los años, la investigación acumuló procedimientos y distintas líneas investigativas, pero no consiguió identificar y llevar a juicio a los responsables del homicidio.
Hubo allanamientos en el complejo de cabañas Nahuel Hue, en el barrio Malvinas, donde se buscaban elementos que pudieran aportar información sobre el destino de Lucas. Sin embargo, las primeras pericias sobre los dispositivos secuestrados no arrojaron resultados positivos y la Justicia aclaró posteriormente que no existían elementos objetivos para vincular al propietario del complejo con el asesinato.
En 2017 también se produjo otro hallazgo llamativo: durante un allanamiento en General Roca apareció el automóvil en el que, según una de las líneas investigativas, habían visto subir a Lucas el día de su desaparición.
La causa siguió acumulando interrogantes sin lograr determinar quién secuestró, retuvo y finalmente asesinó al joven policía.
Un hallazgo inesperado después de seis años
Cuando parecía que el expediente avanzaba lentamente hacia el archivo, en enero de 2023 apareció un elemento que volvió a poner el caso en el centro de la escena.
En la propia Comisaría 42, donde Lucas trabajaba, encontraron su chaleco antibalas junto con otros elementos de trabajo más de seis años después del crimen.
El Ministerio Público Fiscal informó entonces que los objetos serían sometidos a peritajes en los laboratorios de la Procuración General y que, en paralelo, se había iniciado una investigación específica para determinar cómo esa evidencia había permanecido allí durante tantos años. También se tomaron testimonios a integrantes de la Comisaría y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.
El hallazgo volvió a plantear una pregunta incómoda: ¿cómo era posible que elementos pertenecientes a Lucas aparecieran dentro de la dependencia policial tantos años después de su asesinato?
Una segunda autopsia y nuevas pericias
En 2023, la investigación tuvo otro giro. A partir del trabajo de una Junta Médica, la Justicia ordenó la exhumación del cuerpo de Lucas y una nueva autopsia para volver a analizar las lesiones que presentaba en el cráneo y en una de sus piernas.
La medida fue acompañada por otras diligencias, entre ellas una autopsia psicológica retrospectiva y una perfilación criminológica del lugar donde había sido encontrado el cuerpo.
En septiembre de ese año se realizó la segunda autopsia en General Roca. El objetivo era encontrar nuevos elementos que permitieran reconstruir las circunstancias del homicidio y aportar información que no hubiera surgido de los primeros estudios.
En julio de 2024, una nueva pericia histopatológica sobre el cráneo y un hueso de la pierna buscaba establecer con mayor precisión la fecha en que se produjeron los disparos. Para entonces, el crimen llevaba ocho años sin esclarecerse.
Diez años después
El caso Lucas Muñoz quedó grabado en la memoria de Bariloche no solamente por la violencia del crimen, sino también por todo aquello que ocurrió alrededor de la investigación.
Un policía desapareció cuando iba a trabajar. Durante 27 días nadie pudo explicar dónde estaba. Cuando finalmente encontraron su cuerpo, llevaba muerto apenas unas horas. La investigación expuso irregularidades dentro de la propia fuerza, derivó en causas paralelas y generó desplazamientos de funcionarios policiales.
Pero la pregunta principal nunca encontró respuesta: ¿Quién mató a Lucas Muñoz?
Diez años después de aquel 10 de agosto de 2016, esa pregunta continúa abierta.
El expediente sumó nuevas pericias, una segunda autopsia y hasta el hallazgo tardío de pertenencias de Lucas dentro de la comisaría donde trabajaba. Sin embargo, el homicidio continúa impune y su familia sigue esperando conocer qué ocurrió realmente con aquel joven policía que salió de su casa para ir a trabajar y nunca volvió. (ANB)