2026-08-09

Incendios en la Patagonia: Cuando el fuego no es un accidente, sino una escena del crimen a macroescala

El antecedente de Grecia, que investigó la acción del crimen organizado en sus devastadores incendios forestales, plantea un desafío ineludible para San Carlos de Bariloche y la región. La urgencia de aplicar la accidentología preventiva y la inteligencia criminal para blindar nuestros bosques.

El devastador escenario de los incendios forestales que asoló a Grecia años atrás marcó un punto de inflexión internacional. La decisión del Tribunal Supremo heleno de investigar si una estructura criminal planificada estaba detrás de los focos ígneos obliga a replantear la forma en que abordamos los desastres ambientales. Para San Carlos de Bariloche y la Comarca Andina, este cambio de paradigma no es una lejanía europea, sino una urgencia local.

Marco Normativo: la Ley 26.815 sancionada el 28 de noviembre de 2012 y promulgada a comienzos de 2013, establece los presupuestos mínimos de protección ambiental en materia de incendios forestales y rurales en todo el territorio nacional. Creada  para coordinar acciones preventivas y operativas entre la Nación y las provincias de Manejo del Fuego, que obliga a organizar un Sistema Federal con brigadas, alerta temprana y recomposición ambiental a cargo del responsable del daño, pero la herramienta choca hoy con un problema de ejecución: el Servicio Nacional de Manejo del Fuego dejó sin usar el 25% de su presupuesto 2025 —unos $20.000 millones, según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)— tras haber ejecutado apenas el 22% en 2024, y el proyecto de Presupuesto 2026 prevé una caída real del 71,6% para el organismo. La norma exige prevención; el financiamiento, advierten organizaciones ambientalistas, va en sentido contrario.  

La prevención de siniestros en nuestra región exige superar la visión exclusivamente climática. Si bien factores como el estrés hídrico estival, las altas temperaturas y los fuertes vientos patagónicos crean el "combustible ideal" en nuestras masas forestales de coihues, lengas y pinos, la ignición suele requerir un vector humano. Cuando la intencionalidad dolosa entra en la ecuación, las estrategias de mitigación deben ser estrictamente técnicocientíficas. Ese "estrés hídrico estival" ya tiene una medición concreta. Un análisis del consorcio científico World Weather Attribution, con participación de la investigadora Natalia Pessacg (IPEEC-CONICET, Puerto Madryn), determinó que el cambio climático de origen humano multiplicó por 2,5 la probabilidad de las condiciones de calor, sequía y viento que alimentaron los incendios patagónicos de enero de 2026 —temperaturas de hasta 38 °C y ráfagas de 40 a 50 km/h—, tras un trimestre con lluvias un 20% por debajo de lo normal (World Weather Attribution/IPEEC-CONICET, informe del 09/03/2026).

LA TOPOCLIMATOLOGÍA Y EL RIESGO CRIMINAL

El argumento central en investigaciones de gran escala radica en la "sincronización" de los siniestros. La aparición simultánea de múltiples focos de ignición primarios — distanciados geográficamente pero temporalmente concurrentes, como se ha observado históricamente en los devastadores incendios de la Comarca— es el indicador pericial primordial para descartar la negligencia (como un fogón mal apagado) y apuntar a una planificación deliberada.

Para prevenir estos eventos, la investigación forense debe aplicarse de manera predictiva:

Mapeo estratégico: No basta con medir la humedad del suelo. Es imperativo cruzar los mapas de biomasa altamente inflamable con datos de accesibilidad terrestre, vectores de viento predominantes y áreas de potencial conflicto socioambiental o especulación. Esto permite anticipar dónde un perpetrador encontraría el punto táctico óptimo para iniciar un fuego incontrolable.

Vigilancia en puntos ciegos: Los patrones de propagación intencionales suelen iniciarse en cañadones de difícil acceso terrestre. La prevención moderna en Bariloche requiere el monitoreo mediante cámaras térmicas, redes de sensores y patrullajes de drones en áreas vulnerables a la inserción de dispositivos de retardo (temporizadores que permiten la huida del autor).

Cruzar "áreas de potencial conflicto socioambiental" con el origen de un foco es un ejercicio que ya produjo daño en la región. Durante los incendios de enero de 2026 en Chubut circularon versiones que atribuían el origen del fuego a "terroristas mapuches" o a un supuesto "soldado israelí"; el fiscal jefe de Lago Puelo, Carlos Díaz Mayer, quien conducía la investigación, calificó ambas versiones como "un invento”. El propio antecedente local es elocuente: de las más de diez personas imputadas por los incendios de El Bolsón entre 2021 y 2025, la gran mayoría fue sobreseída o liberada por falta de pruebas (Diario Río Negro, LM Neuquén, Ámbito).

LA INTERFASE Y EL DESAFÍO PROBATORIO

En los faldeos de los cerros que rodean Bariloche, la continuidad del combustible entre el bosque y las viviendas (la zona de interfase) es el talón de Aquiles de la ciudad. La imposición estricta de anillos de exclusión de combustible y la limpieza obligatoria de terrenos no es solo una medida de seguridad civil para proteger hogares, sino una táctica directa para neutralizar el objetivo de un ataque incendiario.

Uno de los mayores retos en la investigación física posterior es la degradación de la evidencia. Las temperaturas extremas calcinan huellas dactilares y dispositivos de ignición. Por ello, la prevención también funciona mediante la disuasión tecnológica. El propio estudio de World Weather Attribution señala que las plantaciones de pino en monocultivo, por su densidad y continuidad de combustible, aceleran la propagación del fuego en la Patagonia y el centro-sur de Chile.

Falta en el diagnóstico regional un relevamiento pericial específico —dendrocronológico y de biomasa— que determine qué proporción del riesgo de propagación responde a esas forestaciones exóticas y cuál a la vegetación nativa, (World Weather Attribution/IPEEC-CONICET, informe del 09/03/2026).

* Teledetección satelital de anomalías térmicas (VIIRS/MODIS de la NASA) para reconstruir hora exacta y secuencia de cada foco — hoy es el dato duro que sostiene o tumba la "sincronización".

* Modelado computacional de propagación (FARSITE, WRF-Fire) para diferenciar un patrón compatible con viento/topografía de uno que requiere ignición múltiple deliberada.

*  Meteorología forense retrospectiva (reanálisis de viento, humedad y déficit de vapor) para separar la contribución climática de la humana.

*  Attribution science (tipo World Weather Attribution): hoy se puede cuantificar cuánto más probable e intensa hizo el cambio climático la condición meteorológica del día del incendio, más allá de quién lo inició. 

La integración de fotogrametría satelital, la vigilancia de celdas de telefonía en zonas forestales de alto riesgo durante alertas rojas, un modelado computacional de propagación, una adecuada meteorología Forense retrospectiva (reanálisis de viento, humedad y déficit de vapor para separar la contribución climática de la humana)  y la rápida recolección de muestras de suelo para buscar trazas de hidrocarburos mediante cromatografía de gases, envían un mensaje claro, nuestros bosques no son zonas liberadas. Frente a la destrucción coordinada de los recursos, el abordaje preventivo en la Patagonia debe ser el de blindar tecnológicamente el territorio.

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