2026-08-05

Invierno

La historia de quienes aprendieron en Catedral y hoy enseñan a disfrutar su montaña

Cerro Catedral es parte de la vida y de la identidad de Bariloche. Es la montaña donde generaciones de barilochenses aprendieron a esquiar, donde muchos dieron sus primeros pasos sobre la nieve, practicaron deporte, compartieron en familia y encontraron un lugar para crecer y desarrollarse.

Cerro Catedral es parte de la vida y de la identidad de Bariloche. Es la montaña donde generaciones de barilochenses aprendieron a esquiar, donde muchos dieron sus primeros pasos sobre la nieve, practicaron deporte, compartieron en familia y encontraron un lugar para crecer y desarrollarse.

Porque Catedral es de los barilochenses. Y cuando una persona aprende a disfrutar de su montaña, ese vínculo no termina en la primera bajada. Muchas veces, se transforma en una historia que continúa y se multiplica: quienes alguna vez aprendieron, hoy vuelven para enseñar a otros.

Ese es el caso de Sebastián Poschenrieder, que trabaja en Cerro Catedral desde 2002. Sus primeros pasos como instructor fueron dando clases a estudiantes en el sector de Robles Catedral. Desde 2022 forma parte de la Escuela EAS, donde continúa desarrollando su trabajo como instructor.

A lo largo de estos años, Sebastián fue testigo de cómo fue cambiando la montaña y, también, de cómo esas transformaciones hicieron que cada vez más personas pudieran acercarse al aprendizaje del esquí de una manera más accesible y segura.

“Catedral evolucionó muchísimo. Cuando empecé no había cañones de nieve y las clases para principiantes se dictaban en la Hoyita y Plaza, en la parte alta de la montaña, donde había nieve segura. Subir con viento y con principiantes era toda una aventura”, recuerda.

Con el paso del tiempo, la incorporación de nuevas tecnologías y la modernización de los medios de elevación transformaron la experiencia. Para Sebastián, los cañones de nieve marcaron un antes y un después, al igual que las Magic Carpet o cintas transportadoras, que facilitaron especialmente el aprendizaje de quienes se acercan por primera vez al esquí.

“Los principiantes ya no pierden tiempo subiendo ni sienten el miedo que muchas veces genera no conocer el mundo de la nieve. Estas cintas marcaron una gran diferencia y nos permiten a los instructores hacer una progresión segura y confiable”, explica.

Pero para quienes enseñan, cada clase es también una oportunidad para transmitir algo que va mucho más allá de la técnica. Es acercar a una persona a la nieve, acompañarla en sus primeros pasos, ayudarla a ganar confianza y mostrarle que la montaña que forma parte de la vida de Bariloche también puede ser un lugar para aprender, crecer y disfrutar.

Esa misma conexión atraviesa la historia de Diego Soriani Giménez, quien empezó a esquiar en Catedral cuando tenía apenas dos años. Sus primeros pasos fueron junto a sus padres, ambos instructores de esquí. Luego llegó el Ski Club Bariloche, la competencia desde los seis años y una pasión que se convirtió en parte fundamental de su vida.

Con el tiempo realizó el curso de instructor Nivel 1 y comenzó a trabajar en la Escuela EAS. Allí continuó formándose hasta completar los niveles 2 y 3.

“De la competición aprendí la paciencia, la constancia y a no darse por vencido. Son cualidades que intento transmitir día a día en mis clases”, cuenta Diego.

Hoy, enseñar en el mismo lugar donde aprendió tiene para él un significado especial.

“Es un placer poder dar clases en el mismo cerro donde me formé. Lo conozco por completo y considero que tiene las mejores vistas que se puede pedir en un centro de esquí”, dice.

En sus clases, especialmente cuando trabaja con niños, Diego también se encuentra con su propia historia.

“Cada vez que doy una clase me acuerdo de cómo lo pasaba cuando iba a esquiar e intento transmitirles ese sentimiento. Me encanta ver cómo progresan y cómo logran romper las barreras, sobre todo el miedo, que generalmente es lo que más nos limita”.

Las historias de Sebastián y Diego muestran una de las formas en las que Catedral es parte de la comunidad de Bariloche: una montaña que ofrece oportunidades para aprender, practicar deporte, formarse y construir un camino propio.

Son historias de chicos que se acercan a la nieve, jóvenes que encuentran en el deporte una forma de crecer, personas que se forman y que, con el tiempo, eligen quedarse para enseñar y acompañar a otros. Historias que empiezan en la montaña y que después vuelven a ella para seguir construyendo comunidad.

En ese proceso, el acceso a la montaña cumple un rol fundamental. Las distintas oportunidades que se generan para residentes, clubes, deportistas, instructores, personas mayores, personas con discapacidad y programas educativos permiten que miles de barilochenses puedan vivir y disfrutar de su montaña cada invierno.

Son más de 17.500 residentes que disfrutan de Catedral cada temporada y que se traducen en personas concretas: chicos que tienen su primer contacto con la nieve, jóvenes que entrenan, clubes que encuentran un espacio para desarrollarse, instructores que construyen su profesión y familias que disfrutan de una montaña que es parte de la identidad de su ciudad.

Porque Catedral es de los barilochenses. Es de quienes aprendieron a esquiar allí y de quienes todavía están por dar su primera bajada. Es de los chicos que descubren la nieve, de los jóvenes que encuentran en la montaña una pasión, de los clubes que entrenan, de los instructores que enseñan y de las familias que vuelven cada temporada.

Es también de quienes, como Sebastián y Diego, alguna vez llegaron para aprender y hoy están ahí para enseñar.

Y quizás ahí está una de las historias más lindas que se pueden contar desde Catedral: la de una montaña que forma parte de la vida de Bariloche y que, cuando genera oportunidades para que sus propios vecinos puedan acceder, aprender, practicar y desarrollarse, fortalece un vínculo que se construye generación tras generación.

Porque la historia de Catedral también es la historia de sus barilochenses.

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