Cuentos
Las Virpas
Todo era tan sucio y asfixiante que era imposible respirar sin la máscara que se ajustaba perfectamente a la cara y de esta manera evitar que ingrese ese pulular de partículas sucias suspendidas en el aire. La conexión de un tubo estrecho conducía a la máscara que comprimía nuestra cara a la única planta que era posible poseer y así poder respirar.
Cada cual era responsable de tener limpia y libre la estrecha conexión que se presentaba entre su cara y su planta, las “virpas”; plantas grises, opacas, de crecimiento muy lento, que habían sido elegidas cuidadosamente por los responsables de suministrar oxígeno a las personas y eran las apropiadas para que todos respiremos bien.
Fue una maravilla que los responsables descubrieran que las “virpas” no necesitaban realizar la fotosíntesis como las viejas y obtusas plantas que si lo requerían, ya que eso hubiese sido imposible. Sin las “virpas” ya nadie estaría aquí.
Juan hace tiempo que no viene a la oficina; nos han dicho que está enfermo, su escritorio sigue conteniendo sus cosas y a nadie le ha llamado la atención su ausencia. Ayer no me aguanté más y revisé sus cajones; es una locura, está lleno de cuadernos escritos con frases que no entiendo y papeles sueltos con anotaciones raras y dibujos extraños. El supervisor de área nos ha informado que, si Juan no regresa para mañana al trabajo, su puesto lo ocupará otro.
Hoy a primera hora limpiaron su escritorio, vi cuando dieron vuelta sus cajones dentro del cesto de basura. Camino a casa, frené en una tienda de accesorios para tubos; un soporte nuevo a mi cara no le vendría nada mal. Pensé en visitar a Juan y aprovechar a llevarle uno nuevo a él también, el suyo, hasta donde recuerdo, se estaba rompiendo y, aunque a él no le importara mucho, está claro que necesitaba un cambio urgente.
Cuando llamé a la puerta de su casa, me atendió su madre y, al verme, comenzó a llorar; lágrimas saladas rodaban por su cara, aunque no llegaban a mojar su rostro, se evaporaban al instante. Me invitó a pasar; me conocía porque Juan le había hablado de mí. Me angustió mucho verla así y le mostré el regalo que había traído para su hijo, noté que le alegró que alguien pensara en él.
La madre me dijo que Juan hace varios meses inició un cambio radical en su comportamiento, comenzó a hablar de viejos libros de botánica que eran de su abuelo, de artículos prohibidos y sobre un polvo en suspensión, pero sobre todo volviéndose muy verborrágico, refiriéndose a los colores que antes tenían las plantas. Comenzó a no querer salir de su habitación, a no querer comer su dieta, así que solo se quedaba ahí, en “el viejo entorno”, como él lo llama, y cada vez más se fue ensimismando más y más en sus cosas. No me sorprendió nada de lo que me contaba; cosas así había visto en sus anotaciones. Le pedí subir a su habitación; no fue difícil ubicarla. Una luz brillante salía por la rendija de la puerta que estaba al costado de la escalera que daba al primer piso de la casa y esta me guió hacia ella.
La madre golpeó la puerta y aunque nadie respondió, decidió abrirla igual. Juan se sorprendió al verme y se alegró.
Yo no entendía lo que estaba viendo, él no llevaba colocada su máscara, no había tubo alguno y no estaba su virpa.
La habitación estaba llena de plantas verdes, rojas, violetas, blancas, pero él sostenía una maceta con una sola flor amarilla; increíblemente, respiraba bien y se lo veía con una vitalidad envidiable, lejos de cualquier semejanza de lo que se creía en la oficina respecto a su estado de convalecencia.
Mi estado de incredulidad era total. ¿Cómo era posible que estuviera sin el anclaje que lo conectaba a su virpa? Me miró a los ojos y me dijo que debía comprender que la realidad que nos hacían vivir estaba mal, que aunque nadie quiera ver, hay otro modo de vivir. No pude responder nada, dejé caer el accesorio que le había comprado y salí corriendo completamente desconcertado de su casa.
Juan no volvió más a la oficina; su escritorio lo ocupó la señora del despacho “A” y el despacho “A” se ha cerrado definitivamente.
Ayer nos informaron que Juan había muerto. En el informe que circuló en los medios se mencionaba que voluntariamente se había desconectado de su virpa y que lo habían encontrado tirado en su habitación con una especie desconocida de planta de un color amarillo perturbador.
Fin.