Literatura
La historia de Mía
Un tráfico pesado, típico de un febrero pobre apestado de un calor infernal, marcado por el paso lento del tumulto de Bs As. La frenada repentina, el choque que no fue, pero pudo ser y generó la sorpresa. Una puerta que se abre rápido y que no se cierra en el medio de la avenida; se escuchan las primeras bocinas, que se multiplican en una sinfonía infernal. Una embestida de toro lo lleva a su objetivo y valiéndose de un vidrio bajo lo deja sin oportunidad.
- ¿Qué hace? pregunta el conductor, que no obtiene respuestas.
- ¿Nos conocemos? Insiste el conductor, mirando frío y directo a los ojos al hombre ahora lo apunta con una 45 directo al pecho.
- Ahora sí. Responde Alberto, y los 7 tiros impactan a quemarropa.
Ahí quedó tirado en el asiento del auto, ensangrentado, con el motor encendido y la radio sonando a medio volumen, el tipo que había violado a su hija.
- ¿A qué hora llega Mía? Preguntó Alberto a su mujer.
- Me dijo tipo 19 hs. Seguro se quedó un rato con las chicas a la salida de vóley, en breve anda por casa. No te preocupes, respondió la mujer.
- Son las 20 hs y no llegó, que raro, insiste Alberto.
- 20:30 hs , no hay noticias de Mía. Todos ya están nerviosos. Ya se llamó a amigos y al noviecito. Nadie sabe nada.
El pibe está en la casa desde la salida de la escuela, estudiando para un examen y no estuvo con Mía.
- 22 hs ingresan a la comisaria, a exponer la situación. Hace falta más tiempo- le aclaran en la seccional – y no le toman la denuncia. Le explican que los adolescentes hacen estas cosas. Buscan límites.
Se impacientan, golpean el escritorio de la oficina. Les piden que se tranquilicen y que vuelvan a la casa, que quizás su hija está yendo o incluso ya llegó.
Ellos saben que Mía no está, deciden pasar por la casa del novio. Salen los padres a recibirlos. Son las 23 hs y les resulta extraño que Matías no sepa nada de Mía. Matías se asusta cuando ve a los papas de Mía. Los papas de Matías que apenas conocen a los papas de Mía, aclaran que Matías está en la casa desde que salió de la escuela.
- ¿No sabes dónde puede estar Mía? Insiste Alberto.
- No sé, responde Matías.
- ¿Estás seguro, nene? Repregunta Alberto.
No llega a contestar Matías, que el papá de Matías les aclara que su hijo no sabe nada, que si supiera ya les habría dicho.
- ¿Mía no te dijo si iba a ir a algún lado después de vóley? Pregunta la mamá.
- No señora, nos vimos en la escuela y al salir me vine directo a mi casa. No sé nada.
Algo no les cierra, lo notan raro al chico, está nervioso.
- Mejor que no nos estén mintiendo nene, porque…, no llega a terminar la frase que interviene nuevamente el papá de Matías.
- Mi hijo ya les aclaró que no sabe nada. Porque no se tranquilizan y permite que le ayudemos a buscar a su hija.
No hay respuesta, solo salen en dos autos, en uno los papas de Mía y en el otro Matías y el papá. ¿A dónde? A dar vueltas, a ver si alguien sabe algo, a recorrer el camino que hace siempre para llegar a la casa.
La tía de Mía está en la casa, por si llega, pero no hay noticias, y la desesperación se apodera de todo.
00:30 am algo le pasó, no tienen dudas. Es imposible que Mía haga algo así.
01:00 am ya recorrieron todo, fueron a la casa de todos sus amigos, todos la buscan.
01:30 am vuelven a la comisaria, le toman la denuncia y un patrullero empieza a buscarla sin resultados positivos.
02:30 am la fiscalía recibe la notificación por parte de la guardia del hospital informando de una femenina menor de edad, que fue encontrada en un descampado en estado de shock con signos evidentes de abuso sexual sin identificaciones que corroboren la identidad de la víctima.
03:00 am se comunican con los padres de Mía, la fotografía entregada coincide con la descripción de la adolescente que fue hallada en el descampado.
03:25 am la mamá de Mía ingresa al box 3 de la sala de urgencias del hospital. Es Mía, no habla, está claramente golpeada, con signos de estrangulamiento y efectivamente fue violada.
Lo que siguió fue la llegada de psicólogos, personal de peritaje de la comisaria, estudios complementarios, análisis de sangre y un interrogatorio que Mía nunca respondió. Se hizo todo lo necesario para tratar a una Mía destrozada, que no habla.
A Mía la encontraron dos papás de una compañera que la buscaban juntos, estaba en un descampado a 10 cuadras de la escuela, atada y amordazada, entre pastizales de un baldío escondida entre chapas y cartón, golpeada y con la ropa baja. Se encontraba sucia, inconsciente y con signos de hipotermia. Revisando entre pastizales la encontraron, la desataron y la llevaron hasta donde tenían el auto mientras pedían ayuda a los gritos. Fueron los vecinos que llamaron a la ambulancia que no tardó en llegar y trasladarla al hospital. A los hombres, directo a la comisaria, donde debieron brindar declaración jurada de todo lo acontecido.
Lo que siguió fue un desgarro diario, hace 2 años que Mía no habla, su terapeuta insiste con una traba emocional producto del fuerte impacto que sufrió. Sus estudios quedaron suspendidos, se intentó con docentes en casa pero Mía no interactuaba con ellos. La psiquiatra indicó que debía ser internada en una institución acorde a su situación de salud, nuestra negativa fue rotunda. Su mamá hace 2 años que no trabaja, solo la cuida, y Mía no logra salir de su cuarto. Su vida realizó un giro de 180 grados, la vida de todos lo hizo.
-Fue el portero- sentenció Mía un sábado a la noche.
Mis odios no daban crédito de lo que decía. Luego de dos años del hecho mi hija volvía a hablar, seguido de un llanto que había estado contenido todo este tiempo.
-Si decía una sola palabra de todo esto los mataba a vos y a mamá- fue su segunda frase.
A los 30 minutos su terapeuta estaba en casa, Mía contó todo, con el detalle del horror de los acontecimientos intactos. El tipo la había sorprendido por la espalda mientras caminaba a la salida del club, la había golpeado muy fuerte en la cabeza y se desmayó, se despertó con las manos atadas a su espalda, su ropa baja mientras la manoseaba, en el medio de los pastizales, luego sintió la embestida y una brutal violación con acceso carnal, para esto ya estaba amordazada, La comenzó a asfixiar, creyó que se moría y vio los ojos embravecidos de un sadismo infernal, la miró a la cara y le dijo que si decía una sola palabra la mataba y mataba a toda su familia, le pasó la lengua por la frente, la tapó con chapas que había tiradas y se fue. Luego Mía se desmayó y no se acurda de nada más hasta que se despertó en el hospital. Textual fue su declaración en la fiscalía. El portero un mes antes de la violación había renunciado a la escuela, se había ido, nadie sabía dónde, sencillamente se esfumó.
Cinco años pasaron de que Mía volvió a hablar, terminó su escuela, estudia arquitectura, va a su terapia semanal, está muy bien. Avanza lento pero segura, comenzó una relación con un compañero de curso. Su novio de la secundaria hizo lo que pudo en su momento para acompañarla, pero fue imposible. La visitó cuando se enteró que estaba retomando en la escuela, pero ya no había nada en esa relación. Mía retornó a una vida con cierta normalidad, aun nos cuesta dejarla sola, pero su mamá volvió a trabajar.
Hoy la invité a merendar a la salida de su facultad, su sonrisa aunque inmensa, nunca más volvió a iluminar la frescura que tenían sus ojos.
El pantalón lo mojó 10 minutos antes de irnos, lo vio pasar frente a ella, estaba ahí, en la misma cafetería que nosotros, como si nada. Cuando noté que Mía había mojado sus pantalones, enmudeció mientras con su mano se tapaba la cara. Tartamudeo y me dijo, ay papá está acá. Ya no estaba, se había ido.
Nunca hubo intención real de buscarlo por parte de la justicia, cerraron muy pronto el caso, decían que el tipo era un fantasma, no estaba por ningún lado.
En la comisaría no le dieron gran importancia, no había pruebas reales contra nadie, solo el testimonio de una adolescente que en un estado post traumático había decidido culpar a un hombre que un mes antes de los hechos había renunciado y nadie más lo había vuelto a ver. Un hombre con un legajo intachable y sin antecedentes penales, sin nada de peso que lo incrimine.
El espanto se volvió a apoderar de la casa, Mía se retrajo notoriamente y una tarde escribió en su cuaderno “no puedo vivir con esto, él está libre, me va a violar y los va a matar “
Seis meses lo busqué, tenía su cara grabada en mi retina, seis meses me interné en la ciudad, de día y de noche. Busqué tanto, por tantos lugares diversos. Tantas veces lo esperé en la esquina del café y finalmente fue en una avenida cualquiera que lo vi por el espejo retrovisor, no había dudas, era él. Tantas veces lo había matado, tan aceitados estaban los movimientos, que no hubo que meditar nada, no ocurrieron errores en el procedimiento.
Ahí estaba en el medio de la avenida, con su ventanilla baja una mañana cualquiera, el tipo que había violado a mi hija.
Fin.