Oportunidades
Abrió la primera panadería social de Bariloche: cómo funciona y quiénes son parte
Todavía no despunta el día, pero en la sala de elaboración del municipio, ya hay manos a la obra. María fue la primera en llegar y en poco tiempo prepara bizcochitos de grasa, pancitos saborizados y un crumble de manzana. Son varias mujeres las que día a día, se encuentran para preparar panificados en el espacio, y esta semana, además, le sumaron una novedad que las entusiasma a todas: una panadería, la primera de Bariloche de carácter social, donde vender lo que cocinan.
La iniciativa surgió como parte de un programa de la Dirección de Promoción Social con el que se busca mejorar la producción de mujeres que venden a pequeña escala, ofrecer un espacio adecuado para la elaboración, con herramientas que faciliten la tarea y, además, y no menos importante, generar un grupo en el que haya acompañamiento y sostén mutuo.
Alrededor de 12 mujeres componen la panadería social. Producen durante la mañana y a las 11, los días lunes, miércoles y viernes, abren la venta al público en el local ubicado al lado del centro de adultos mayores, Amanecer, en las instalaciones de la delegación municipal Sur. Las integrantes de esta iniciativa se turnan, organizándose día a día entre las que tienen que elaborar y las que pueden atender al público.
Desde temprano, las mujeres trabajan en la elaboración de variedad de panificados. Foto: Marcelo Martínez.
“Lo consideramos un primer paso en el proceso para que en un futuro, se pueda avanzar en una habilitación para venta en otros comercios”, explicó en diálogo con ANB, Victoria Iglesias, licenciada en antropología y jefa de la División Social II de la Dirección de Promoción Social. Sobre esto, añadió que se busca sumar un aporte y herramientas a los pequeños emprendimientos.
Detrás de cada integrante, hay distintas situaciones de vulnerabilidad y problemáticas con las que deben lidiar a diario, que también muchas veces complejizan el día a día y la posibilidad de subsistencia económica. Muchas de ellas tienen distintos trabajos o "changas" y suman la producción de panificados para un ingreso extra con el que intentar, al menos, llegar a fin de mes.
María trabaja en el rubro panadero hace más de 15 años y eso se nota en la agilidad de sus manos que pasan de una preparación a otra con rapidez y precisión. “Hacía pan dulces, prepizzas y vendía por Facebook, me iba bien, las repartía a domicilio”, contó mientras no dejó de trabajar. “Está re bueno el espacio, porque además en los hornos haces todo más rápido. Solo tenés que tener ganas de hacer”, agregó.
Las mujeres cuentan también con el acompañamiento de Gilda Borghese, técnica gastronómica que suma experiencia y conocimiento a las recetas, despeja dudas y da una mano para que la elaboración sea más eficiente y hasta profesional. “Hay mucho entusiasmo, tenemos un lindo grupo y nos organizamos. Si una no puede venir a elaborar un día, otra ocupa ese turno para aprovechar el espacio”, relató.
En el espacio cuentan con hornos profesionales y herramientas para la elaboración. Foto: Marcelo Martínez.
Mica es otra de las mujeres que cocina este miércoles. De a poco, acomodó todo lo necesario para producir budines y comenzó con la tarea. “Yo con la cocina cero, pero aprendí en un taller de budines saludables y empecé a hacer para vender”, contó. La primera clientela, suele ser siempre la familia y los allegados, pero con el tiempo “hay que buscar nuevos clientes cuando los de siempre se aburren de budines”, agregó con una risa.
Para eso, la panadería social abierta al público, cumple un rol fundamental. Para eso y para poder comercializar, vender y generar un ingreso, sin tener que recorrer y caminar la ciudad a la espera de vender lo elaborado, a pleno rayo de sol en verano y con las temperaturas gélidas del invierno barilochense.
“Es un espacio reimportante. Esa es la diferencia con otras panaderías. Es una ayuda porque no es lo mismo que vender en la calle o cocinar en casa. Acá es más fácil, es más rápido y además, tenemos un grupo”, remarcó Mica.
Mica en plena elaboración de budines. Foto: Marcelo Martínez.
Si bien el salón ya estaba en marcha, faltaba el lugar para vender. “Estaba el espacio desocupado, pero había que reacondicionarlo y para eso contamos con el trabajo de una cuadrilla municipal que nos ayudó a dejarlo en condiciones”, contó Iglesias. También los propios trabajadores municipales están a cargo de la fabricación de cartelería que señalizará la panadería dentro de los próximos días.
“Las chicas están muy entusiasmadas. Quieren vender café también y tener más cosas para ofrecer”, destacó Iglesias. Mientras aceitan un engranaje que recién comenzó a ponerse en marcha, abren tres días a la semana, aunque el objetivo a no tan largo plazo, es poder abrir de lunes a viernes.
Cada elaboradora llega con sus insumos para lo que preparará ese día y se organiza el horneado dependiendo lo que haya. Budines, prepizzas, medialunas, galletitas, bizcochos, rolls de canela. Las propuestas varían pero siempre son igual de tentadoras y sabrosas, para aprovechar y degustar.
“Me gusta venir. Es buenísimo el espacio porque conocés gente, te dan acompañamiento y es mejor que cocinar en tu casa, sobre todo bromatológicamente hablando”, destacó Cato, una joven que comenzó hace poco a ser parte de la iniciativa.
Cato es una de las jóvenes que forma parte de la panadería social. Foto: Marcelo Martínez.
“Es importante sostener el grupo porque también aparece la frustración cuando no venden o el desánimo a fin de mes cuando se complica comprar insumos o la venta misma”, remarcó Iglesias. Por eso, la contención cumple un rol clave.
A partir de esta iniciativa y el esfuerzo de quienes la llevan adelante, tres veces por semana, a partir de las 11 horas, en ruta 40, el público en general puede comprar los productos elaborados por las mujeres que le dan vida a la primera panadería social de la ciudad. (ANB)