2026-01-26

Cholila

Una escuela rural que resiste en el corazón del fuego

El Centro Educativo Agrotécnico de la Fundación Cruzada Patagónica se encuentra a menos de 5 kilómetros las llamas. La comunidad educativa junto a los brigadistas voluntarios se organizan para defender la institución que alberga a más de 160 estudiantes de los parajes cercanos.

El norte de Chubut se convirtió en un escenario apocalíptico. Más de 35 mil hectáreas han sido devoradas por llamas que, favorecidas por condiciones climáticas adversas y una espesa capa de residuo forestal, avanzan con una velocidad alarmante hacia poblados rurales. Entre las comunidades más afectadas se encuentra Cholila y allí, el Centro Educativo Agrotécnico de la Fundación Cruzada Patagónica enfrenta horas críticas.

Benoit Andrieu, docente histórico de la institución, no oculta su preocupación. Dos focos principales acechan el establecimiento: uno proveniente del noroeste desde Puerto Patriada, a apenas cuatro o seis kilómetros de distancia, y otro desde el suroeste, originado en el Parque Nacional Los Alerces. "Ayer el viento permitió que el fuego avance más de diez kilómetros", relata Andrieu, dimensionando la magnitud del peligro que se cierne sobre la escuela.

El pueblo de Cholila se encuentra prácticamente sitiado. Una herradura de fuego se extiende desde el noreste hasta la cordillera, cerrándose en el sureste. Villa Lago Rivadavia en el sur y Villa El Blanco en el norte, este último a tan solo tres o cuatro kilómetros de los principales focos, completan el cerco que amenaza a la comunidad.

Fundado en 2008, el CAE alberga a 160 estudiantes, de los cuales 70 viven en las residencias escolares durante el año lectivo. Estos jóvenes provienen de parajes remotos de la meseta chubutense como Cushamen, Fofo Cahuel, Costa del Lepa y Aldea Epulef, lugares donde la conexión a internet es inexistente, la señal de celular es un lujo y muchas familias ni siquiera cuentan con electricidad. Para ellos, la escuela representa mucho más que educación: es refugio, comunidad y esperanza.

El inicio del ciclo lectivo, programado para el 2 de febrero, permanece en suspenso. La incertidumbre se ha instalado en la comunidad educativa que la semana pasada apenas había comenzado el ciclo recuperatorio. Mientras tanto, la solidaridad se manifiesta de formas conmovedoras.

"Anoche, un grupo de docentes se movilizó con camionetas, tótems y motobombas aportadas por vecinos para salvar la casa de un estudiante amenazada por las llamas" comenta el docente en diálogo con ANB.

Además aseguró que si bien hasta el momento ningún miembro de la comunidad educativa ha resultado directamente afectado, los campos donde trabajan las familias de los alumnos han sido consumidos por el fuego, destruyendo la base económica de estas familias rurales. Algunos lograron resguardar sus animales a tiempo; otros no tuvieron la misma suerte.

El director explica que hasta ayer la escuela no estaba en riesgo extremo, pero la situación se ha tornado preocupante. El plan de acción está activado: "Se han regado todos los alrededores, se ha limpiado el perímetro, se montaron guardias y se llenaron los reservorios de agua. Un pequeño pinar cercano presenta cierto riesgo, por lo que se trabajó intensamente podando la base de los árboles para evitar que las llamas se propaguen".

Las actividades escolares permanecen suspendidas desde la semana pasada, pero la institución no está inactiva. Los auxiliares preparan viandas para los brigadistas profesionales y voluntarios que combaten incansablemente contra el fuego. Si la situación empeora, docentes, bomberos y voluntarios están listos para defender la escuela que es el corazón educativo de esta comunidad.

En medio del humo y la incertidumbre, la comunidad de Cholila resiste. La escuela aguarda mientras el viento decide el destino de esta batalla contra un enemigo implacable que no da tregua. (ANB)

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