¡Mirá el video!
“Yo al Hércules lo amo, me salvó la vida”
El ex combatiente de guerra, José Carriqueo, uno de los homenajeados por el pueblo de Bariloche en la inauguración del Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, compartió con ANB, una de sus más profundas e inolvidables vivencias que lo marcó eternamente en su paso por las islas: su reencuentro con el avión militar que lo trajo con vida, 43 años después.
La gente ovacionó el despliegue aéreo del C130 Hércules. Foto: Marcelo Martínez.
En el desfile aéreo de las diversas naves militares de combate rápido de la Fuerza Aérea Argentina. Entre ellos, dos aviones Pampa III que rugieron en su recorrido a metros de la costa de lago, donde se llevaron todos los aplausos de los espectadores.
Pero sin duda, el broche de oro de la jornada fue cuando la multitud ovacionó el paso del C130 Hércules, la primera aeronave que aterrizó en la pista de Malvinas. Para José, “el gigante de las alturas” tiene un lugar incondicional en su corazón.
“El Hércules para mí significa todo. Yo me fuí y volví en él y después no lo volví a ver más. Cuando lo ví asomar…no podía…no podía. Yo al Hércules lo amo, me salvó la vida, lo llevo adentro. Es fuertísimo y no me calienta llorar porque ahí estaban mis compañeros y fuimos convencidos de que ibamos a defender la patria y lo dimos todo”, relató José, con la emoción flor de piel.
El Hércules es una aeronave que mide casi 30 metros y pesa más de 34 toneladas, y que no se caracteriza por ser maniobrable ni rápida a la hora de escapar. Quienes la piloteaban, volaban a baja cota, a 15 o 25 metros sobre el nivel del mar, algo considerado demasiado bajo para un avión de transporte. Una ventaja con la que contaba este avión era su radar, que, por su característica particular, no solo podía ayudar a hacer tareas de búsqueda y de rescate en el mar, sino que también podía triangular y ubicar a la flota enemiga y a sus principales elementos.
La posibilidad volver a ver sobrevolando su ciudad natal, a aquella nave que lo llevó y lo trajo de regreso con vida de la guerra, fue para José un “regalo de dios”.
Carriqueo aterrizó en las islas el 4 de abril de 1982. Allí, resistió junto a sus compañero al "Bautismo de fuego", primer ataque que realizaron las tropas inglesas el primero de mayo a las cinco de la mañana. La respuesta de los soldados argentinos fue cuatro horas después, con cañones antiaéreos ubicados en las pistas.
Bariloche, con el corazón en Malvinas
Este sábado 6 quedó evidenciado, una vez más, que el afecto de la comunidad con los ex combatientes y veteranos de guerra es incondicional. Fueron miles en la inauguración del Memorial. La cantidad de personas que asisten año a año a la vigilia no merma y las nuevas generaciones van sembrando con honor, semillas de la memoria, de la historia y enalteciendo el sentimiento de soberanía sobre las islas.
“Cada 2 de abril se llena de gente. Este acompañamiento es importantisimo y muy emocionante. Todo el mundo colaboró desinteresadamente. Bariloche siente profundamente Malvinas y nos quiere mucho a los combatientes”, comentó Carriqueo.
Además, se refirió al eje transversal que tendrá el Museo Memorial: la educación. “Los maestros ya tienen una metodología para explicarle a los nenes de cuatro años la historia de Malvinas. Eso es importante y queremos que el Memorial sea una gran escuela para todos”, culminó.
En Río Negro, la ley 5433 garantiza la incorporación de la temática Malvinas en la currícula educativa, lo que convierte al museo en una herramienta fundamental para la enseñanza de la soberanía.