2024-11-01

Historia

Memorias de un guardaparque 

Esteban Almuna, guardaparque jubilado, recuerda sus años en la institución.

Esteban Almuna nació en 1941, y según él, lo hizo en “el paraíso”. Así se refiere a Traful, el lugar que lo vio nacer hace muchos años, cuando el pueblo neuquino no era lo que es hoy y Bariloche, era apenas un pequeño pueblo que empezaba a crecer. 

Hijo José Almuna,  un “caminero” de Parques Nacionales, y de Camila Cerda, pobladora de la zona, vivió hasta los dos años del otro del lago Traful. Luego, pasó otros años a orillas del río Minero, hasta que cuando tenía edad para ir a la escuela, trasladaron a su padre a Villa Mascardi.

Transcurrió su vida ligado a la institución de Parques Nacionales, pero no fue hasta adulto, que lo tuvo como una opción a la hora de trabajar. 

Al preguntarle qué recuerda de esas épocas, hace unas siete décadas, dice que todo era muy distinto, incluso, las labores diarias. El oficio de su padre implicaba reparar y mantener caminos, a pala y carros tirados por bueyes, con los que enripiaban las rutas y arreglaban los pozos. 

A principios de los años 50, el padre de Esteban compró un terreno en Bariloche y su vida se trasladó al pueblo. “Quinta 17 se llamaba ese sector, porque todo era quintas en el lugar”, recuerda en diálogo con ANB. Ahora, es casi pleno centro. 

Desde muy chico, como se acostumbraba antes, comenzó a rebuscarse la vida. “Había un Mercado Municipal, con puestos de todo tipo, donde ahora está el SCUM. Yo empecé a trabajar en una fiambrería a los 14 años”, recordó.

Con perfecta memoria, recordó anécdotas y sus épocas de trabajo. Foto: Marcelo Martínez.

Luego, su camino laboral lo llevó a trabajar en carnicerías del mismo mercado, “me crié en la carnicería”, acotó. Como parte de sus tareas, también fue repartidor de carne entre los vecinos, a pie y con un canasto.

Siendo ya más grande, se fue a trabajar un par de meses a Mar del Plata, pero luego lo convocaron para hacer el Servicio Militar. Antes de que fuera designado a un destino específico, mientras trabajaba en un camping en la avenida Bustillo, un gesto de honestidad al encontrar una billetera con dinero, le valió que luego, decidieran que cumpliría con el servicio militar en Bariloche mismo. 

Ya siendo un joven veinteañero, viajó con un primo a Traful a visitar a sus familiares. Una vez allí, se encontró con un guardaparques que le comentó cómo era el trabajo y a qué se dedicaba en el día a día. 

En la intendencia de Parques Nacionales, estaban justo, solicitando trabajadores y ese fue el inicio de su camino en la institución. 

“Quedé como agente forestal. Primero me mandaban a Puerto Arrayán, después al Bosque de Arrayanes… al final, fuimos al cerro Otto”, recordó pero ninguno de esos fue su destino. Las idas y vueltas, confesó, le molestaron un poco. “Ya no me estaba gustando nada”, relató ahora, más de 40 años después.

Finalmente, se decidió que sería enviado a la zona de Mascardi. “En la Cascada Los Alerces había un salón de té y lo tenía mi tía. Empecé a trabajar en el lago Hess, estuve allí unos cinco meses”, agregó.

Lo que parecía ser un trabajo temporario, se extendió, en principio, por varios meses más y finalmente, por toda una vida. 

“Me mandaron a la Isla Victoria, en lancha. Yo había ido una sola vez y en catamarán, nunca había andado en lancha. Me bajé con las piernas temblando”, contó entre risas.

Allí, no solo se establecería un tiempo, sino que también conocería a su compañera de toda la vida, madre de sus hijos e hija del guardaparque que se desempeñaba en aquel entonces en la isla. “Tres meses de novios y nos casamos…lo conocí después” bromeó con una carcajada, Lily.

Esteban junto a Lily, su compañera de toda la vida. Foto: Marcelo Martínez.

La vida y el trabajo de Esteban los hicieron vivir por distintos lugares. “Recorrí la mayoría de las seccionales de Parques”, aseguró. Durante un tiempo, incluso, vivieron en el hotel Ruca Malén, (cerrado desde hace largos años) “pasamos todo el invierno solitos”, recordaron y añadieron que fue una época de mucha nieve y frío. 

Esteban no duda en remarcar que “me ayudó mucho mi señora siempre” y ella añadió que cuando él trabajaba lejos, “cada vez que podíamos, íbamos a acompañarlo”. 

“Estoy en el medio de los guardaparques viejos y de los nuevos”, afirmó Esteban, quien luego de 30 años de trabajo, se jubiló allá por 1998. Entre sus recuerdos, guarda también una noche que pasó en el hotel Llao Llao, como cuidador, cuando el edificio estaba vacío. “Fui el primer guardaparque en dormir en la suite presidencial y tocar el piano en un salón vacío”, manifestó a modo de broma. 

A pesar de haber trabajado con cazadores, aseguró que nunca le gustó cazar, ni pescar y por el contrario, mantuvo siempre una cercanía especial con aves y animales. 

“Soy de los pocos que quedan vivos, aprendí mucho y no lo cambiaría por nada. Me enseñaron muchas cosas y fue una gran vida de trabajo”, finalizó. (ANB)

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