Complicaciones
La crisis golpea de cerca a los merenderos y comedores
Por Claudia Olate
“Me duele en el alma pensar en que no puedo seguir ayudando”, dice con la voz quebrada por las lágrimas, María Catalán, quien en el barrio 2 de Abril, prepara viandas y meriendas para quienes más lo necesitan.
La situación no es nueva, pero se agrava cada vez más. En pandemia, hubo un incremento en la cantidad de personas que acuden a merenderos o comedores y si bien luego la situación económica mejoró levemente, la inflación y el aumento de precios hace estragos en los bajos salarios de muchas personas de los barrios barilochenses.
En misma línea, Beatriz Curruhuinca señala que el aumento de la gente que necesita un plato de comida, va casi de la mano con la disminución en las donaciones. “Tuvimos que entender que hoy está difícil para todos, para los que donaban también”, señala.
María tiene el merendero Copa de Leche en el barrio 2 de Abril. Foto: Marcelo Martínez.
Pero la solidaridad se las rebusca y las mujeres, en su mayoría los comedores están liderados por mujeres, no dan el brazo a torcer, convencidas de que ayudar a los demás es la mejor manera de aportar un grano de arena a la sociedad.
“La gente no quiere que los vecinos vayan al basurero, pero no les queda de otra porque no buscan solo comida, si no también latas o cosas para vender. ¿El pan a cuánto se fue? Y la gente por ahí es lo único que come con mate o té”, piensa en voz alta María.
Cada barrio de Bariloche cuenta con dos o tres espacios solidarios donde brindan un plato de comida. El número creció en la pandemia, cuando la falta de trabajo y la imposibilidad de salir a “changuear” complicó la situación de miles de vecinos.
La mayoría de los comedores, subsiste a pulmón por parte de quienes lo manejan, con donaciones o algún aporte estatal, que no suele ser significativo en comparación con la demanda.
En el taller San José Obrero preparan unas 300 raciones de comida a diario. Foto: Marcelo Martínez.
En el taller San José Obrero, por ejemplo, el comedor brinda unas 300 porciones diarias, “probablemente, sea uno de los más grandes de Río Negro”, apunta Fernando Fernández Herrero, pero la preocupación, es la misma.
“Tenemos muchísima incertidumbre en este momento porque se escuchan versiones de que no se va a desatender a los más vulnerables, pero lo primero que sucede es un aumento catastrófico del costo de los alimentos que es el 90% de los gastos de las familias vulnerables”, manifiesta el referente de este espacio.
Quienes hace años comenzaron con la tarea solidaria de ayudar a sus propios vecinos con un plato de comida, temen que llegue el momento en que no puedan más, pero mientras tanto, continúan la lucha diaria con esfuerzo.
“Estaba cocinando tres veces a la semana, pero dado que no llego, hago dos o una vez. Cuando llega la verdura, cocino”, cuenta María en el barrio 2 de Abril. De todas maneras, siempre intenta colaborar con ropa, bolsas de alimentos o meriendas al menos para los más afectados por la crisis económica.
Beatriz está al frente del merendero Los Corazones de Beatriz hace nueve años. Foto: Marcelo Martínez.
“Se complica mucho, no hay donaciones. Tuve que llamar por teléfono a contactos que me quedaron, pero si no, no llegan. La Municipalidad me dejó de ayudar hace como 3 años. de un momento a otro no trajeron más nada”, dice con preocupación.
En el San José Obrero, señalan que “nos preocupa mucho, mucho, el tema de la comida. Es el gasto principal de las familias más humildes y es lo que más está subiendo, sube el 40% del combustible, pero no se habla de los aumentos en alimentos”.
El comedor del San José Obrero cuenta con un aporte del Ministerio de Desarrollo Social de Nación, que, si bien lo tienen asegurado por los próximos meses, se mantendrá el monto de octubre o noviembre, lo que en este contexto inflacionario, complica gravemente la compra de insumos.
Los comedores intentan subsistir a la crisis que golpea a las donaciones. Foto: Marcelo Martínez.
Para Fernández Herrero, se prevé “un panorama terrible en los próximos meses y por ahora no se escucharon medidas para sostener eso” y sobre esto, añade que “cuando empieza la crisis empieza para todos. El problema es cuando llega a la alimentación de los hijos, sobre todo, se pierde la posibilidad de sostener con una mínima normalidad lo cotidiano”.
“Está super difícil todo, mucha gente me cuenta la situación que viven. Muchos cobran y en un par de días no tienen un peso. La gente dice que no sabe cómo va a llegar a fin de mes”, relata Beatriz y remarca que “no queremos que el merendero deje de funcionar porque la gente ya sabe que acá viene a pedir ayuda”.
Beatriz cuenta que ayuda a dos mujeres, una bajo tratamiento de quimioterapia y otra que sufrió un ACV y no puede caminar. Dice que intenta darles una mano, pero que le da “mucha tristeza” ver que no tienen “ni para los remedios”. Relata esto llorando, intentando sobreponerse al pesar que genera la situación.
En la mayoría de los merenderos, cada fin de año intentan preparar alguna comida especial o tener un obsequio por más pequeño que sea, para niños y niñas. En esta ocasión, el objetivo se mantiene, pero apelan más que nunca a la solidaridad.
Los comedores apuntan a poder brindar una comida de fin de año. Foto: Marcelo Martínez.
“Si pudiera conseguir un cajón de pollo al menos, para preparar una cena y que las familias tengan algo para compartir en esta Navidad, sería muy feliz”, señala María desde su casa, donde cocina y recibe a personas de otros barrios incluso, para darles comida.
Beatriz también, se encuentra en el mismo camino. Para intentar recaudar fondos, vende arrollados de pollos y prepizzas,y pide la colaboración de quienes puedan aportar para que vecinas y vecinos vivan un fin de año un poco menos difícil.
“Capaz nadie ve cómo se ayuda, pero estamos acá, queremos seguir”, afirma Beatriz y confiesa que siente miedo, miedo de no poder continuar con su tarea solidaria, miedo de cómo puede reaccionar la gente sin un plato de comida.
“En épocas como las que se vienen, la única salida posible es juntarse, cooperar entre todos, que cada uno aporte desde su lugar y tratar de cuidarnos, recordar que el otro es muy importante”, dice con convicción, Fernando Fernández Herrero. (ANB)
Para colaborar con los espacios: