Urbanización
Las obras viejas de pluviales que podrían generar más problemas en la ciudad
La urbanización de Bariloche, a pesar de no ser antigua, presenta problemas que podrían ser parte de una falta de visión a futuro en el momento en que se realizaron. La densidad poblacional en algunas áreas, las obras subterráneas viejas y escasas, dan como resultado, complicaciones en algunos servicios o incluso, derrumbes o socavones en zonas transitadas.
Esto ocurrió, por ejemplo, con los últimos socavones que fueron noticia poco tiempo atrás. Uno en la zona del Centro Cívico, otro en la avenida Bustillo y el más reciente, en la calle Ruiz Moreno.
Las obras que no se ven, también colapsan y recién son visibles, cuando esto ocurre. Los pluviales son una de ellas. Si bien en los últimos años, los gobiernos municipales trabajaron con respecto a esta problemática y construyeron obras de drenaje en distintos barrios, muchos otros tienen construcciones viejas que empiezan a fallar.
En Bariloche, como en toda ciudad, hay redes de drenaje natural, "y cuando un lugar se urbaniza, esas redes se tratan de respetar para lo que se hacen pluviales en las transversales que confluyen ahí", explicó Guillermo Giordana, Técnico de la División de Evaluación Ambiental del municipio.
Giordana indicó además que, especialmente en la zona céntrica, "la red de drenaje existente en la ciudad respetó el viejo cause de los arroyos (cursos de agua naturales) y es muy vieja, con problemas de corrosión, erosión y taponamientos".
“La urbanización sin respeto por la morfología montañosa ni la red natural de drenaje ha traído como consecuencia desorden u obstrucciones en la evacuación de aguas pluviales, irrupciones aluvionales en áreas habitadas, inundaciones frecuentes y pésimas condiciones de calidad urbana, que no se condicen con una ciudad joven y moderna”, reza la guía de drenaje pluvial urbano aprobada por el Concejo Deliberante en 2006.
La topografía de la ciudad, presenta complicaciones en sí misma a la hora de pensar en ciertos trabajos, pero, además, la mayoría de las obras subterráneas datan de hace muchas décadas, cuando Bariloche era un pequeño pueblo de montaña.
En el centro, el arroyo Sin Nombre (que algunos nombran Maradona o incluso hay quienes indican que se llamó Del Molino) presentó problemas en reiteradas ocasiones. Este curso de agua que desemboca en el lago Nahuel Huapi, tiene tramos a cielo abierto, como el que corre a metros del Hospital Privado Regional y otros bajo tierra.
La parte del arroyo que quedó bajo la ciudad, cruza, por debajo de un edificio del barrio Belgrano que desde hace por lo menos 3 décadas, tiene un socavón que deberá ser reparado en un futuro no muy lejano.
El problema con algunas de estas obras, es que para repararlas de antemano y evitar nuevos inconvenientes, demandan tiempo y una inversión millonaria difícil de conseguir. “Para poder arreglar ese tramo, deberíamos romper la calle a una profundidad muy grande y tener la zona cortada al tránsito por meses, lo cual es imposible”, consideró Pablo Risso, a cargo de la Dirección de Obras por Contrato del municipio.
El socavón de Ruiz Moreno fue descubierto por una obra privada. Foto: archivo Marcelo Martínez.
En estos casos, analizan otras posibilidades, como por ejemplo, realizar obras por dentro de los pluviales antiguos, en muchos casos de chapa, que con el correr de los años y del agua, sufrieron desgastes importantes.
Esto es lo que ocurrió, en la zona del Centro Cívico, donde incluso el socavón generó que se derrumbe un busto de Juan Manuel de Rosas. Allí, el municipio tuvo que realizar un trabajo de reparación total del pluvial, que debido a los desbordes, había erosionado el suelo dejando un espacio en el aire.
Un problema similar ocasionó el pluvial de la calle Ruiz Moreno, que tiene al menos, 50 años, según indicaron. Risso contó que ya se habían detectado falencias en este mismo pluvial, pero en el sector aledaño a calle Albarracín. Para esto, “contratamos una cámara especial que va por dentro del pluvial, para ver cómo estaba. Pero lo pasamos solo por el sector de chapa”, señaló, ya que era el tramo que consideraban en problemas, debido a que desde Elflein hacia avenida 12 de Octubre, el conducto es de hormigón.
“Son canales de hormigón con una técnica vieja que no están armados, si no apoyados. Al tener una pérdida de agua y no ser una estructura armada, comenzó a desmoronarse y eso generó un socavón infernal”, explicó el ingeniero.
Este problema se detectó cuando una empresa privada realizaba una obra para la conexión de cloacas por servidumbre. Los trabajadores notaron algo inusual y dieron aviso al municipio y allí constataron que había un espacio de al menos 6 metros de largo en el que el hormigón estaba “en el aire”.
En el barrio Nahuel Hue se realizaron las obras de pluviales en 2016. Foto: archivo Marcelo Martínez.
Ahora, allí realizarán una obra que podría demandar meses, dependiendo los procesos administrativos. Debido a la pendiente de la calle, Risso indicó que instalarán un "disipador de energía" para evitar que la velocidad del caudal en ese tramo, desgaste rápidamente el material.
A fines de junio de 2022, en la Costanera se produjo un derrumbe que fue producto de un problema de este mismo pluvial. “La alcantarilla que cruza desde esa calle empezó a filtrar agua y se socavó el terreno por debajo del caño, lo que posteriormente generó el derrumbe del muro”, explicó en ese momento Eduardo Garza, secretario de Servicios Públicos.
En 2021 trabajadores que realizaban la obra del colector costanero detectaron pluviales clandestinos en la zona de avenida 12 de Octubre y Quaglia que además se encontraban obstruidos, generando derrames en una cámara contigua. En ese momento, desde el municipio indicaron que era un problema “histórico” y constante en el microcentro.
En los barrios de Bariloche, las obras de pluviales son mucho más recientes y corresponden a un Plan Director que buscó una solución al problema de las inundaciones que se sufrían, especialmente en los sectores del Alto.
La falta de pluviales generaba inundaciones constantes en los barrios. Foto: archivo Marcelo Martínez.
Sobre esto, Risso indicó que “con el PROMEBA se hicieron conductos que terminan en el arroyo Ñireco. Es una zona en la que, si bien no hay edificios, creció mucho a nivel poblacional y a medida que se impermeabiliza el suelo con las construcciones, el agua de las lluvias se canaliza hacia el arroyo”.
“Cuando se empieza a impermeabilizar la zona urbana, toda el agua que antes se infiltraba en el suelo, se concentra y genera grandes caudales”, añadió Risso.
Por otro lado, en el oeste también hay un Plan Director con “cuestiones más generales, hay algunos proyectos más definidos, pero muchos canales están a cielo abierto”, explicó el hombre. Esto sucede en Melipal, entre otros barrios, donde hay sectores en los que el canal de agua cruza terrenos y/o viviendas.
Hacia el este de la ciudad, "los estudios de hidrología superficial no están realizados, por que la precipitaciones son menores que en el oeste y por que las urbanizaciones recién comenzaron en estas últimas décadas", explicó Giordana.
Al constante crecimiento poblacional y urbanístico que aumenta la impermeabilización de los suelos, se le debe sumar, además, el cambio climático, que "nos está trayendo sequías y lluvias intensas que generan grandes caudales de golpe", señaló. Esto, también se suma a la propia erosión del tiempo en las obras subterráneas de Bariloche.
Lo cierto es que “son obras costosas y difíciles”, manifestó Risso. Si bien en los últimos años hubo avances en algunos puntos de la ciudad, hay otros donde los trabajos presentan deficiencias propias del paso del tiempo, y demandarán inversiones altas para ponerlas a punto. (ANB)