Campaña
De qué hablamos cuando hablamos de violencia obstétrica
Por Claudia Olate
“¿Para qué abriste las piernas si ahora no te la aguantás?”. Quizás, una de las frases más escuchadas en las salas de parto y que durante muchos años, formó prácticamente parte de la rutina a la hora de dar a luz, pero que, desde un tiempo a esta parte, se intenta desterrar, dejando en claro que la violencia obstétrica es otra forma de la violencia de género.
Así, con una campaña a nivel nacional, se busca visibilizar la problemática para desnaturalizar ciertas conductas, prácticas y formas ya establecidas en los sistemas de salud. La ley 25929 la define como "aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales". Luján Arcidiácono, doula y una de las personas que lleva adelante la campaña, agregó que puede ir desde “el maltrato verbal al físico en la atención del embarazo, parto o puerperio”.
Uno de los principales problemas para erradicar este tipo de violencia, se encuentra justamente, en que se normalizaron frases, formas de atender a las personas que llevan adelante la gestación y se perpetraron a lo largo de décadas. “Muchas mujeres se dan cuenta ahora que sufrieron violencia obstétrica en sus partos, años atrás”, remarcó Arcidiácono.
“En nuestro país tenemos índices alarmantes de situaciones de violencia. En la gran mayoría de los partos, alguna de las formas, se expresa”, indicó la mujer. Otro de los problemas, es que la violencia obstétrica no está tipificada como delito, por lo que no se suele denunciar, o en caso de hacerlo, se hace por las vías administrativas ya que no se contempla una pena, contrario a lo que ocurre con la mala praxis o negligencia médica.
Si bien una de las formas más evidentes y conocidas de violencia obstétrica son las verbales, las frases, los gritos y las órdenes que se les da a las personas a la hora de parir, también las hay en el orden práctico, como por ejemplo “usar el dolor como castigo”, según explicó Arcidiácono.
En estos casos, suele ocurrir que el personal encargado de atender a las embarazadas, “niegue las analgesias durante el trabajo de parto como forma de disciplinar a las mujeres”, detalló y agregó que también hay testimonios de mujeres que fueron atadas con la excusa de que el movimiento no está permitido, “lo cual no solo es violento, sino que va en contra de la evidencia científica disponible”, remarcó.
El parto respetado es un derecho de las mujeres y personas gestantes. Foto: Marcelo Martínez.
El no permitir que las personas que están por dar a luz, estén acompañadas por alguien cercano, es otra práctica que a pesar de ser repetida, va en contra de la ley 25929, en la que se deja asentado que “todas las personas gestantes tienen derecho a estar acompañadas por alguien a su elección”.
Las cesáreas, que ya han estado en el ojo de la tormenta por vincularlas a un interés económico, más que de salud, también se contemplan dentro de las prácticas violentas. Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud, el 15% de los nacimientos podría derivar en cesáreas por complicaciones en el embarazo o parto, pero este número termina siendo multiplicado y en nuestro país, asciende a un 50% de los partos, e incluso, la cifra ronda el 80% en lugares como Buenos Aires.
Como lema de la campaña nacional que se lleva a cabo, eligieron “mi parto, mi decisión”, ya que “no se trata solo de soberanía sobre si queremos o no queremos ser madres, sino también, que, en caso de serlo, queremos vivirlo con autonomía y respeto”, sostuvo.
Como parte de la campaña, lanzaron el lema sobre un pañuelo rojo. Foto: gentileza.
Un informe de la Organización de Naciones Unidas emitió datos mundiales sobre la violencia obstétrica y ”es alarmante porque es un problema atraviesa el mundo”, manifestó Arcidiácono. De este informe se destaca que la “vulneración de derechos sexuales y reproductivos, es vulneración a los derechos humanos”.
Para ejemplificar, Arcidiácono relató cuando una mujer llega a una institución en trabajo de parto, “y se la interviene sin su consentimiento porque generalmente, se le pone suero y muchas veces ese suero tiene oxitocina sintética, pero esto no se informa”, expresó y aclaró que “es una medicación que acelera el trabajo de parto, genera contracciones más seguidas y fuertes y hace que el personal pueda manejar el trabajo de parto”.
La mayoría de estas prácticas, “son tradiciones que no son de ahora, tienen décadas. Antes el paradigma era que debían asistirse los partos porque era más seguro, pero la evidencia médica hoy dice otras cosas”.
A pesar del trabajo de distintas organizaciones e instituciones, cuesta recabar información sobre datos precisos de denuncias por esta problemática, ya que además, muchas veces las personas no saben dónde recurrir.
El Observatorio de Violencia Obstétrica de Argentina es uno de los espacios donde se puede denunciar, y desde donde se apunta a realizar datos concretos. “Es la mejor fuente de estadísticas, aunque no son oficiales”, contó Arcidiácono y agregó que “hicieron un informe de los últimos tres años y contabilizaron 1200 denuncias”.
“Necesitamos que este tema llegue a la agenda pública para que la sociedad entienda que algo está pasando. Muchas mujeres sufrieron diferentes formas de violencia obstétrica y no se dieron cuenta”, remarcó.
La campaña nacional cuenta con testimonios de mujeres de todo el país y hay casos en la Patagonia. Uno de ellos, ocurrió en General Roca, en el hospital Francisco López Lima donde una joven embarazada sufrió una pérdida gestacional avanzada. “Tenía un embarazo de 21 semanas, rompió bolsa y las posibilidades de que el bebé sobreviviera eran casi nulas y como si eso no fuera suficiente dolor, ella sufrió todos los tipos de violencia y maltrato verbal por parte del personal de salud”, contó.
Otro de los casos que forman parte de la campaña, ocurrió en Carmen de Patagones. “Natalia tuvo a su hija en el marco de un parto en el que fue desatendida e ignorada, no hubo asistencia porque faltaba personal. Pasó un trabajo de parto terrible que puso en riesgo su vida y lamentablemente, su beba murió pocas horas después. Era un embarazo que venía bien y empezó a dar señales que ignoraron por completo”, detalló.
“Ellas se sumaron a la campaña y compartieron sus historias porque entendieron lo mismo que todas las personas que formamos parte de esta organización: esto no cambia si la sociedad no habla del tema”, explicó.
Además, para la organización, no se trata únicamente de los derechos de mujeres o personas gestantes, sino también de los recién nacidos. “Tenemos que pensar como sociedad cómo queremos recibir a los bebés. Porque en un parto con violencia obstétrica, el bebé también es víctima. Nace estresado, nace intervenido, nace con medicación innecesaria, con intervenciones innecesarias y todo esto pasa cotidianamente”, dijo.
Actualmente, el parto respetado comenzó a ser una demanda de las personas que van a dar a luz, pero “se confunde con una moda, o con algo del mundo de famosos, falta mucha capacitación”, consideró y añadió que “es un modelo asistencial definido por ley que tiene que ver con respetar los derechos fundamentales de una persona: derecho a la salud, a la información, a la intimidad”.
Río Negro es una provincia pionera en este tema, ya que en 1998, varios años antes de que se sancionara la ley nacional, ya había sido promulgada la ley 3263 que hablaba específicamente sobre la protección de la mujer embarazada.
En 2006, se sancionó la ley nacional, que tomó lineamientos de la ley provincial y amplió otros sobre distintas formas de violencia de género, con el objetivo de brindar “protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”.
La campaña que se lanzó en agosto, tiene como objetivo mayor, impulsar un proyecto de ley análogo a la ley Micaela, por la que se establece que todo el personal del Estado debe capacitarse en cuestiones de violencia de género.
“Nosotras queremos una ley que contemple una capacitación obligatoria para todo el personal de Salud, ya sea en el ámbito público o privado”, sostuvo, para que de esta manera, se logren erradicar prácticas y formas de atender a las personas gestantes durante el embarazo, el parto y el puerperio. “Queremos un escenario distinto de nacimiento para todas las personas que vienen”, finalizó. (ANB)
El parto respetado es un derecho de las mujeres y personas gestantes. Foto: Marcelo Martínez.