Carta
La Pastoral Social reivindicó a la política y llamó a “informarse y participar en las elecciones”
A través de un comunicado, la Pastoral Social reivindicó la importancia de la política en un momento en el que “amplios sectores de la sociedad manifiestan un fuerte desprecio hacia la actividad, considerándola abusiva y corrupta, y condenando sin mayores análisis a quienes la ejercen” y “llamó a informarse y participar en las elecciones de representantes que vamos a llevar a cabo en nuestro país el 14 de noviembre”.
Asimismo, planteó como necesidad a corto y mediano plazo, la generación de nuevas fuentes de trabajo a partir de un plan integral de desarrollo, donde se estimule y se valore especialmente la participación de los pobladores -de los parajes, pueblos y ciudades- para su elaboración, escuchando activamente a los jóvenes, quienes hoy solo pueden pensar en un futuro posible dejando su tierra para sumarse a la periferia de las ciudades. Pidió promover los mercados comunitarios, facilitando el transporte y los espacios de venta de la mercadería y convertir a la economía extractivista en una que industrialice la materia prima, y abandonar definitivamente los nocivos proyectos de la megaminería.
También, la implementación de una política de tierras y viviendas basada en una distribución justa y consensuada. “La ausencia del Estado en este tema ha permitido que las tomas -con su violencia y sus abusos- sean la única respuesta para las necesidades de muchas familias”, expresó. Por otra parte, remarcó la necesidad de respetar y aplicar las leyes locales y los acuerdos internacionales sobre los derechos de los pueblos originarios, y oponerse a cualquier forma de mentira y difamación acerca de los esfuerzos legítimos por recuperar sus tierras y terminar con los emprendimientos inmobiliarios que no cuentan con el consenso social y no respetan los principios de la preservación de los recursos naturales.
Carta completa
Los miembros del Equipo de Pastoral Social de la Diócesis de Bariloche queremos compartir con las comunidades de nuestras parroquias y con la sociedad en general, algunas reflexiones sobre la importancia de informarse y participar en las elecciones de representantes que vamos a llevar a cabo en nuestro país el 14 de noviembre.
Poder votar tiene un enorme valor para nuestra vida democrática, y es un derecho que podemos ejercer gracias al esfuerzo de muchos hombres y mujeres que entregaron hasta su vida para recuperarlo y preservarlo. Lamentablemente, vemos hoy cómo amplios sectores de la sociedad manifiestan un fuerte desprecio hacia la actividad política, considerándola abusiva y corrupta, y condenando sin mayores análisis a quienes la ejercen.
La enseñanza social de la Iglesia desde hace décadas viene destacando esta tarea como “una de las formas más elevadas de la caridad”, y siempre, de un modo u otro, ha insistido en la responsabilidad que todos tenemos en participar en las decisiones que definen la vida en común, buscando que la verdad, la justicia y la misericordia regulen nuestras relaciones.
Como sociedad, no somos una suma de individuos resignados a convivir juntos; esta visión donde cada uno se ocupa de lo suyo está lejos de la propuesta que nos hace el Evangelio de Jesús. Allí somos hermanos y Pueblo de Dios, palabras que debemos recuperar para comprender la dimensión trascedente de nuestra historia. “Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazo sociales y culturales. Y esto no es algo automático, sino todo lo contrario: es un proceso lento, difícil... hacia un proyecto común”, nos señala Francisco en su carta Fratelli Tutti.
Este proceso lento y difícil solo puede concretarse a través del compromiso de dirigentes capaces de interpretar el sentir de nuestro pueblo y de asumir los riesgos de un liderazgo que cuestione los privilegios y las injusticias de los poderosos, y promueva el cuidado y la inclusión de los postergados. El dolor de la pobreza facilita que los gobiernos acepten inversiones que, con la excusa de ofrecer trabajo, terminan imponiendo condiciones desfavorables para la región, tanto en lo laboral como en el cuidado de los propios recursos. No son pocos los casos donde quienes se ofrecen a ser nuestros representantes terminan abusando de su poder, repitiendo vicios que juraron no cometer, y fortaleciendo una desigualdad social con “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”.
El momento del voto no es un acto aislado; debe ser el resultado de una reflexión personal y de un diálogo abierto en familia, con amigos, compañeros de trabajo, etc., para que la información compartida y la consideración de distintos puntos de vista nos ayuden a tomar la mejor determinación. Sabemos que hay ámbitos donde se evita hablar de política para no terminar en discusiones que no llevarían a nada; estas experiencias tan comunes deben ser superadas a través de la práctica de la escucha y la tolerancia, único camino para alcanzar una democracia adulta.
Hoy los medios de comunicación son una herramienta esencial para acceder a la información que nos permita elaborar soluciones efectivas y solidarias para los distintos problemas que la realidad nos presenta. Pero la falta de regulaciones adecuadas ha llevado a que muchos de estos servicios -incluidas las redes sociales- caigan en manos de grupos económicamente fuertes que buscan una ganancia sin límites, despreciando la verdad y la promoción de los valores que nos hacen mejores seres humanos. Cada día contemplamos como algunos periodistas y productores difunden noticias falsas y colaboran en campañas de difamación y desprestigio, buscando sembrar el escándalo, la desconfianza y la desesperanza, para de este modo manipular el pensamiento y las decisiones de quienes no cuentan con tiempo y con recursos para advertir estos engaños.
Ante el desánimo que produce este escenario, agravado por la incertidumbre y el dolor de la pandemia, proponemos sumarnos al sueño de una nueva forma de vivir juntos, como ya lo están haciendo quienes en cada una de sus acciones ponen al bien común en primer término. Debemos alentar a estas personas y organizaciones para que su sensibilidad, sentido de la justicia y capacidad de gestión nos orienten hacia un desarrollo integral, que incluya a cada hermano y hermana, y que haga de la naturaleza la casa de todos.
La región en la cual convivimos plantea problemas concretos, que podemos seguir restándole importancia o ignorándolos -abandonando así a quienes los padecen- o asumirlos como desafíos que reclaman urgencia, creatividad y justicia. ¿Qué compromiso asumió o prometió asumir cada candidato o candidata ante estas situaciones? Es una pregunta necesaria para considerar si van a ser nuestros mejores representantes, si van a poder sostener su compromiso, y si van a seguir escuchándonos como pueblo que los eligió.
¿Y cuáles consideramos que son estos desafíos que necesitan respuestas en el corto y mediano plazo?
- Generar nuevas fuentes de trabajo a partir de un plan integral de desarrollo, donde se estimule y se valore especialmente la participación de los pobladores -de los parajes, pueblos y ciudades- para su elaboración, escuchando activamente a los jóvenes, quienes hoy solo pueden pensar en un futuro posible dejando su tierra para sumarse a la periferia de las ciudades.
- Promover los mercados comunitarios, facilitando el transporte y los espacios de venta de la mercadería.
- Convertir a la economía extractivista en una que industrialice la materia prima, y abandonar definitivamente los nocivos proyectos de la megaminería.
- Implementar una política de tierras y viviendas basada en una distribución justa y consensuada. La ausencia del Estado en este tema ha permitido que las tomas –con su violencia y sus abusos- sean la única respuesta para las necesidades de muchas familias.
- Respetar y aplicar las leyes locales y los acuerdos internacionales sobre los derechos de los pueblos originarios, y oponerse a cualquier forma de mentira y difamación acerca de los esfuerzos legítimos por recuperar sus tierras.
- Terminar con los emprendimientos inmobiliarios que no cuentan con el consenso social y no respetan los principios de la preservación de los recursos naturales.
Estos desafíos no van a tener solución si no se convoca a todos los ámbitos de la vida social para estudiarlos y resolverlos, especialmente el académico y el científico, tan presente en la región y tan necesario para contar con datos precisos y objetivos.
Queremos cerrar esta reflexión con las palabras del Papa Francisco en plena pandemia, compartiendo su deseo que hacemos nuestro: “Ojalá que tanto dolor no sea inútil; que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado”.
Equipo de Pastoral Social
Diócesis de San Carlos de Bariloche