2021-03-19

La vuelta a clases que no fue: El drama de los niños que vivían en escuelas hogares

La vuelta a la presencialidad no fue para todos. Hay decenas de menores viven en zonas rurales y no pueden asistir a diario con la modalidad de jornadas reducidas.

Por Claudia Olate

Las expectativas puestas en la vuelta a las aulas después de un año de aislamiento no fueron cumplidas para todos. En las ciudades, hay escuelas con problemas edilicios que aún no pudieron comenzar con clases presenciales pero de alguna manera, la conectividad permite la escolarización virtual. El problema reside en aquellos niños y niñas que de lunes a viernes vivían en las escuelas hogares de zonas rurales y ahora no pueden hacerlo. La mayoría vive a distancias que no pueden ser transitadas a diario para ir y volver todos los días a la escuela y deben enfrentarse a perder otro año de presencialidad.

“Se vulneran derechos de los niños y nos preocupa mucho porque quedaron fuera del sistema el año pasado y ahora continúan igual fuera del sistema”, indicó a ANB, Mónica Simoni, la directora de la escuela hogar 213 ubicada en El Manso. La situación se repite en toda la provincia, donde hay muchas escuelas rurales.

En general, la mayoría de los establecimientos escolares ubicados en zonas de campo funcionaban como hogar. Allí vivían los alumnos cuyos domicilios están alejados y de lunes a viernes, la escuela era su casa y la comunidad educativa, su familia. La posibilidad de educación virtual quedó descartada desde un primer momento. Muchas de las familias viven en la precordillera o en zonas de difícil acceso, donde la conectividad es simplemente, un anhelo.

El frío complicará la llegada de niños que viven alejados de las escuelas rurales. (Foto: archivo Marcelo Martínez)

“Si bien tenemos internet en la escuela y hay una red abierta en el paraje, no funciona como para abarcar todo lo que implica la virtualidad”, indicó la directora de la Escuela 245 de Villa Llanquín, Marisa Fernández. Esto se repite en distintos puntos de la provincia y pese a los esfuerzos de docentes y directivos, mantener el vínculo con los niños no fue ni es tarea fácil.

Durante 2020 en la escuela hogar 158 del paraje Corralito, el aislamiento complejizó aún más la situación de las familias que ya vivían alejadas de la comunidad. “El año pasado se armaron cuadernillos específicos y llegaban a cada familia porque se implementó una logística de distribución con una docente que vive aquí. A través de Radio Nacional poníamos los avisos y las familias podían llegar al paraje y llevarse los cuadernillos a las casas”, informó Lorena Chimento, directora del establecimiento.

Chimento indicó además que desde la Supervisión de Educación provincial solicitaron que se plantee una estrategia para buscar alternativas para los alumnos que no podrían asistir a diario a las clases ya que la situación con respecto a las escuelas hogares no se iba a modificar porque el protocolo sanitario no contempla la residencia de niños en los establecimientos.

“En base a este pedido planteamos la posibilidad de contar con un transporte que distribuya el material pedagógico en cada casa. Falta la habilitación de Salud porque de Educación nos aprobaron la propuesta, pero de Salud aún no”, explicó la directora del lugar y añadió que “iría un docente para hacer el acompañamiento pedagógico y de esta manera restablecer el vínculo con los nenes con los que hace más de un año no tenemos contacto”.

Recuerdos de una época previa a la pandemia que todo lo cambió. (Foto: archivo Marcelo Martínez)

En todas las escuelas se implementó el protocolo que reduce las horas de presencia de los niños en las aulas y trabajan a diario con los estudiantes que residen en cercanías. Pero al igual que ocurrió en las ciudades de la provincia, muchos establecimientos no comenzaron cuando estaba estipulado.

“La fecha de inicio fue el 17 de febrero, pero como no teníamos transporte, las familias decidieron no enviar a sus hijos e hijas de forma particular y afirmaron tampoco iban a venir a buscar tareas”, relató Adriana Lengyel, directora de la escuela 92 ubicada en El Manso, a pocos kilómetros del límite con Chile. Así fue como los propios padres “realizaron una nota comunicando que  reclamaban el transporte para todos los niños de la escuela y la terminación de un espacio para usar como aula”, agregó.

Este espacio es reclamado hace ya tiempo, pero su necesidad se acentúa con la pandemia y los protocolos de distanciamiento que obligó a implementar.  “Ahora estamos necesitando de forma urgente es poder terminar con el aula ya que niños y niñas de primer ciclo están en el comedor”, informó Lengyel y agregó que ese espacio justamente es el más amplio del edificio y en el único en el que los niños pueden tener recreos y Educación Física. El problema es que en el lugar, las lluvias son constantes y no permiten mayores ratos de esparcimiento al aire libre.

La provincia tiene numerosas escuelas rurales, algunas con matrículas escasas de 6 niños. (Foto: archivo Marcelo Martínez)

“Como docente sabemos que nada va  a reemplazar a la presencialidad y que los nenes estén en las aulas”, sostuvo Chimento desde Corralito y al ser consultada sobre la situación de los niños que no pudieron acceder a la virtualidad o a los cuadernillos durante 2020, agregó que “desde el Ministerio de Educación van a dar por perdido el año escolar, aunque siempre por marketing o política dicen que están garantizadas las condiciones de escolaridad pero es mentira, especialmente en las zonas rurales”.

La situación preocupa a los docentes y directivos de las escuelas hogares. Muchos, como ocurre en Villa Llanquín, por el momento pueden concurrir a clases. “Teníamos seis alumnos viviendo en la escuela hogar que por ahora están asistiendo a diario”, explicó Fernández y añadió que “ellos viven a unos 20 kilómetros, pero muchas veces el problema es que los padres por trabajo no viven aquí, entonces los niños tienen la posibilidad de estudiar y vivir en la escuela”, posibilidad que por el momento, no está contemplada.

El problema se agravará seguramente, cuando las condiciones climáticas cambien y hagan intransitables los caminos que hoy pueden recorrer ida y vuelta los alumnos. Algunos a pie, otros a caballo o en vehículo, pero intentan llegar, situación que cambiará cuando la nieve y las heladas, dejen los caminos en mal estado. “Hay algunas familias que ya manifestaron que no podrán llegar en invierno, por lo que tendremos que ver qué otras opciones podemos implementar”, sostuvo la directiva. Durante 2020, los esfuerzos y modalidades para mantener el vínculo fueron muchos. “Siempre intentamos llegar con el material pedagógico, con algún obsequio o los bolsones de comida, pero eso fue posible porque dos docentes de la escuela vivimos en Llanquín”, destacó.

Los recreos y ratos libres también cambiaron debido a los protocolos sanitarios que se deben mantener. (Foto: archivo Marcelo Martínez)

“Es una situación muy delicada. Enviamos pedidos, notas y reclamos, pero las respuestas siempre son de que el hogar no se va a abrir porque no está habilitado el protocolo para las residencias”, remarcó Simoni y agregó que “muchos de los niños que vivían aquí durante la semana integran familias con dificultades, con necesidades básicas insatisfechas que continúan así: con marginalidad económica, hacinamiento habitacional y todo esto ocurre mientras hay una residencia en condiciones y con el personal necesario…la verdad es que no entendemos cómo no se habilitan”.

La conectividad es otro de los grandes problemas de las escuelas rurales. Algunas de ellas tienen materias como Medios Audiovisuales que no pueden ser dictadas con normalidad por la mala calidad del internet que tienen. “En 2019 nos pusieron el piso digital para tener señal de internet, pero anda muy mal. Tenemos la señal satelital que funciona mejor, pero con los pinos se corta entonces ahora esperamos porque tienen que autorizar la poda”, manifestó Nora Correa, directora de la Escuela 181 de El Foyel.

Allí las clases presenciales se vieron demoradas pero debido a la falta de agua. Hace pocos días retomaron la presencialidad con los estrictos protocolos sanitarios y a la espera de que la obra que permitirá a la escuela tener agua potable, se concrete rápidamente, aunque la situación no es nueva y tampoco la única deficiencia edilicia que resta por reparar.

Ante la consulta de ANB, la coordinadora del Consejo Escolar de Zona Andina, Beatriz Alarcón indicó que “se está trabajando para resolver lo antes posible la ruralidad. Cada establecimiento tiene una situación particular, cada institución es distinta, pero se intenta resolver la situación”.

Mientras, los chicos y chicas que viven alejados en zonas rurales, no tienen clases y algunos ni siquiera pueden recibir con fluidez, los cuadernillos pedagógicos para mantener una continuidad en el aprendizaje.  El vínculo con la comunidad educativa es cada vez más difícil y parece que el aislamiento se acentúa para aquellos pobladores de campo, que viven en lugares inhóspitos y de difícil acceso. (ANB)

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