Una mujer, un perro y un pan lactal de viaje por América
En febrero de 2019 Constanza Azinian se separó de su pareja y decidió dar un cambio rotundo en su vida. El sueño había comenzado mucho antes, luego de un viaje de mochilera por España, pero como suele ocurrir, había quedado guardado en un cajón. Finalmente, en octubre de ese mismo año se subió a su camioneta que desde entonces es su casa, y junto a Américo, emprendió el viaje de su vida.
La mujer nació en San Isidro, Buenos Aires, y en 2015 adoptó a Américo, un perrito de tres meses que fue rescatado de la calle. Ese fue también, uno de los puntapiés que ayudaron luego al cambio y fortalecieron la decisión de viajar.
“Cuando conocí a Américo nació mi interés por el mundo canino. Empecé a trabajar y a aprender. Fui paseadora y educadora canina, hacía adiestramientos a domicilio, tuve guarderías”, relató Constanza en diálogo con ANB.
La mujer comenzó a buscar la manera de incorporar al viaje de sus sueños, el trabajo que le apasionaba hacer. “Me pareció piola el formato de charlas de educación canina a la gorra y ya hicimos 17”, contó.
“Alquilaba una casa y trabajaba, pero decidí dejar todo”, sostuvo y al ser consultada sobre la reacción de su familia aclaró que “si bien padre y madre sintieron temor, siempre fui un poco nómade por lo que no fue tan grande la sorpresa con mi decisión”.
Así fue como la mujer vendió sus pertenencias y preparó la camioneta Daewoo Damas, "el pan lactal", para que pueda ser adaptada a una vivienda vehículo y salió rumbo a la ruta en octubre de 2019. “Tomamos la ruta 3 que va por toda la costa y bajamos hasta Ushuaia. El viaje duró 5 meses, pero no tenemos apuro ni itinerario, vamos viajando y disfrutando el momento”, remarcó.
Además del amor por los perros, también la conducta de Américo fue lo que llevó a Constanza a aprender sobre el mundo canino. "El tiempo viviendo en la calle y sumado a que yo desconocía un montón de cosas, hicieron que tenga algunos conflictos”, señaló, pero no fue nada que con ayuda y atención no lograran mejorar. Hoy, Américo es además de su fiel compañero de ruta, quien la asiste en las clases de adiestramiento.
La cuarentena los sorprendió en Santa Cruz. Pasaron dos meses en un paraje rural llamado La Esperanza y luego se fueron a Río Gallegos. “Pasé por todas las emociones habidas y por haber, pero aprendimos muchísimo”, remarcó Constanza. El invierno en el sur fue “difícil” pero también hubo techos bajo los cuales pudieron dormir y sobrellevar las bajísimas temperaturas de la época en la Patagonia. “Tuvimos techo, comida y trabajo”, resumió.
Si bien el destino final es Alaska, ni Constanza ni Américo parecen preocuparse por las fechas, los tiempos y los recorridos. “Si el viaje termina antes, va a estar perfecto también. Vamos disfrutando y viviendo cada lugar y cada momento”, señaló la mujer. A Bariloche arribaron el domingo 28 y planean quedarse un par de días más para luego emprender viaje hacia Villa La Angostura. “Queda mucha Argentina por recorrer mientras vemos cómo sigue la apertura de fronteras. Si más adelante se puede, la idea sería cruzar a Uruguay y subir a Brasil”, indicó.
En el camino hubo más anécdotas buenas que momentos difíciles, según sostuvo Constanza. “Al principio también pensaba qué iba a hacer cuando tuviera que ir a un odontólogo que no fuera el mío, a un mecánico que no conociera, pero me tocó ir al médico y al mecánico y al final te vas dando cuenta de que hay personas buenas en todas partes y es lo lindo de esto”, expresó.
En la ruta además, Constanza conoció cientos de historias como ella: “personas que viajan solas, gente mayor, parejas, parejas que tienen hijos en el camino o familias ya armadas”, detalló y añadió que “es todo un mundo que hay que salir para conocer. Cuando vivía en mi casa y trabajaba pensaba qué lindo sería conocer a alguien que lo hiciera, y en realidad solo tenía que salir para encontrarlos”.
Charlas de adiestramiento canino a la gorra
Para solventar su viaje, Constanza brinda estas charlas en cada lugar que puede. “Lo primero que hago es llegar a una ciudad o pueblo e ir a la Municipalidad para ver si me pueden prestar un espacio”, indicó.
En Bariloche no tuvo éxito con la parte municipal. “Fui a Zoonosis, a Cultura y a la Subsecretaría de Deportes, en todos lados me atendieron muy amables pero no tuve respuestas al pedido”, contó.
Pero, Constanza es una convencida de que “las cosas se dan y aparecen ángeles en el camino”. Así fue como llegó a Gravity Eco Hostel para poder tomar una ducha, como suele hacer en cada ciudad en la que se queda, y tras bañarse decidió consultar a los dueños por un lugar para la charla.
“Fueron tan amorosos y me dijeron que si de inmediato”, contó agradecida la mujer. Así que finalmente, este martes 9 a las 18,30 se realizará la charla en el lugar que está ubicado en la calle Lago Steffen 13312, a la altura del kilómetro 13 de la avenida Bustillo.
Los encuentros duran dos horas y son “muy divertidos y entretenidos”, remarcó. Son a la gorra y los asistentes deben ir solos, sin sus perros. “Es un momento para adquirir herramientas de educación y cómo transmitirlas a nuestros canes. A veces queremos darles a entender algo y ellos comprenden lo contrario”, indicó.
“Siento desde el minuto 1 en que salí a la ruta esto me estaba esperando. La cuarentena fue fuerte pero entendí que si puedo ver las dificultades como oportunidades, cambia la mirada de todo”, finalizó la mujer. (ANB)
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