Coronavirus: Nueve meses que cambiaron la forma vivir - parte 2
La crisis social que trajo aparejada la pandemia
Bariloche vivió una temporada de verano 2019/2020 exitosa y se esperaba continuar con ese ritmo hasta que llegara la nieve pero en marzo, todo cambió. En pocos días, la pandemia obligó a cambiar la realidad y modificar los planes de todos, incluyendo los miles de turistas que había en la ciudad.
La suspensión de clases el 15 de marzo fue el puntapié inicial para que luego, el 20, la ciudad quedara en cuarentena estricta al igual que el resto del país. Los primeros días se vivieron en medio de la incertidumbre pero con la esperanza de que fuera pasajero, aunque sin embargo, la situación se prolongó hasta hace pocos días, cuando volvieron a ingresar turistas.
Los primeros 14 días la cuarentena fueron igual que en el resto del país y solo se permitía circular para realizar las compras de alimentos y productos esenciales y también a aquellos que contaban con el permiso laboral para hacerlo.
En una ciudad turística como Bariloche, el golpe económico no tardó en hacerse notar. Los trabajadores temporarios que esperaban prolongar el trabajo de verano hasta abril, quedaron sin nada y la situación impactó mucho más también en aquellas personas que vivían de “changas” esporádicas, y que de golpe, tuvieron que sobrellevar una cuarentena que se terminó convirtiendo en un aislamiento que ya lleva nueve meses.
En junio, ANB realizó un recorrido por los merenderos de distintos barrios de la ciudad. La situación se repitió en todos: la imposibilidad de salir hizo que muchas personas tuvieran que buscar viandas en comedores cuando quizás, nunca lo habían hecho. Niños, adultos mayores y madres solteras que necesitaban más que nunca el plato de comida.
En este sentido, desde que inició el aislamiento social, preventivo y obligatorio hubo muchas muestras de solidaridad. Vecinos que comenzaron a reunir alimentos para donar, organizaciones que decidieron elaborar viandas para entregar, gente que en silencio y desde el anonimato trató de aportar su granito de arena para aliviar la realidad de tantas personas que pasan hambre y también, los merenderos, que se transformaron en cocinas donde varias veces por semana, las familias concurren a buscar una ayuda.
Lo cierto es que durante el invierno, la época más dura para aquellos que sufren la falta de trabajo, la cantidad de gente que concurría a los merenderos se cuadruplicó. En los Corazones de Beatriz, por ejemplo, pasaron de preparar comida para unas 27 familias, a recibir a más de 100 en la peor época de la pandemia.
“El peor momento fue en el invierno. Mucha gente que buscaba ropa, abrigo, además de comida, porque al no poder salir, no tenían ni calzado para pasar el frío”, explicó en diálogo con ANB María Catalán, del merendero Copa de Leche.
Como la crisis económica golpea a todos los sectores, esto también se notó en las donaciones que reciben los espacios solidarios. En Bariloche hay más de 30 comedores o merenderos y la gran mayoría, sino todos, se mantienen con esfuerzo propio, por pura voluntad de quienes un día decidieron ayudar a los que más lo necesitan.
La falta de trabajo y la imposibilidad de salir a hacer “changas” como solían hacer muchos vecinos hasta el 19 de marzo, día previo al comienzo de la cuarentena obligatoria, no fueron los únicos agravantes de la situación. El cierre de escuelas, espacio donde muchos niños y niñas de los barrios desayunaban, almorzaban o merendaban, también influyó en el aumento de personas que comenzó a buscar comida en comedores.
Durante las primeras semanas de cuarentena, el cumplimiento del aislamiento era casi al 100%. Las calles se veían vacías, la mayoría de la gente solo salía a hacer compras esenciales y en los barrios se esperaba que fuera algo temporal.
De todas maneras, “hubo recursos del Estado que permitieron paliar la situación: nunca cesaron las becas económicas ni la entrega de alimentos, sino que en muchos casos, se multiplicaron”, consideró Fernando Fernández Herero, referente de la Fundación San José Obrero.
Desde allí, entregaron 160 módulos de alimentos todas las semanas durante los meses de pandemia. “Cuando comenzamos a organizarlo, avisamos a quienes colaboran siempre que no iba a ser para la compra de materiales sino para comprar comida y repartir”, contó y aunque pensaron que podían disminuir los aportes, “hubo gente que todos los meses colaboró hasta con 50 mil pesos”, sostuvo.
“Se bajaron muchos recursos a los barrios y es lo único que puede explicar que en este contexto de pandemia no haya habido estallidos sociales”, manifestó Fernández Herrero y agregó que “aquellas personas que vivían de changas o trabajos temporarios, pudieron contar con asistencias económicas y módulos de alimentos, aunque seguro no cubrió lo que generaba por su cuenta, creo que estuvo cerca”.
Por su parte además, los talleres productivos de la fundación volvieron al ruedo apenas se habilitó la actividad y “desde entonces no paramos de laburar. Elaboramos un protocolo y desde hace varios meses estamos con muchos proyectos y ganas y no tuvimos ni un solo contagio”, remarcó.
En el último tiempo, la reapertura turística contribuyó a que mejorara la situación. “Desde octubre se nota mucha menos cantidad de gente buscando comida. Creo que volvieron a salir ‘changuitas’ y eso ayuda un montón”, consideró Catalán.
Ahora, con una temporada turística nuevamente en marcha, se espera que de a poco mejoren las condiciones económicas de la ciudad y de esta manera, la situación sociales de familias enteras en distintos barrios. (ANB)