Un vecino de Villa Llanquín recibió un bote para poder llevar alimentos a su casa
La vida de los pobladores rurales tiene muchas vicisitudes que tornan algunas sencillas situaciones, en complejas. Así es la vida de Héctor "Lito" Barrientos, un vecino de Villa Llanquín que vive a unos 5 kilómetros río abajo del lugar donde la balsa cruza vehículos y personas por el río Limay.
Lito tiene 68 años y es sordomudo. Tenía una pequeña embarcación con la que intentaba llegar al pueblo cada vez que necesitaba alimentos para él o sus animales o incluso atención médica ya que no tiene vehículo, pero el bote se llenaba de agua y cada vez se hacía más difícil el traslado por el río.
Desde el gobierno provincial informaron que luego de un trabajo en conjunto con amigos del hombre, pudieron proveer de una nueva embarcación para que sea más fácil su movilidad.
“Lito” cuenta con la ayuda inestimable de su hermana que viaja periódicamente hasta Villa Llanquín para acompañarlo y proveerlo de alimentos, medicación y momentos de calidez y afecto.
La necesidad de un bote para Lito se dispersó rápidamente en las redes sociales y el pedido encontró eco en el Gobierno Provincial y un grupo de amigos cuyo referente es Tomás Torres, quienes se ocuparon de toda la logística y mano de obra.
“Con un grupo de amigos trabajamos más de 30 días después de salir de nuestros trabajos para reparar un bote y dejarlo nuevo. Lo enfibramos y reforzamos todo, reparamos el piso, lo pintamos y lijamos. Se pudo hacer realidad este sueño y me provoca mucha emoción poder haber sido parte y ayudar a alguien”, contó Torres.
Por su parte, Ermelinda, hermana de “Lito”, recordó: “En 2008 falleció mi mamá y Lito quedó muy solo; en 2013 falleció uno de mis hijos y yo decidí acompañar a mi hermano. Somos varios hermanos, pero soy la única que puede venir y así tengo mi vida ocupada para no pensar en todo mi dolor. Ayudar a mi hermano es lo mejor que puedo hacer”.
Sobre la necesidad de contar con un bote seguro para “Lito”, explicó que “arriesgábamos la vida por cómo cruzábamos con el bote que teníamos y ahora estamos contentos que no se nos va a inundar más y tenemos salvavidas. La casa de mi hermano queda a 5 kilómetros de la balsa que cruza el río, por lo que la otra opción era caminar todo ese trayecto con la mercadería”.