2020-01-28

Un año del brutal femicidio de Valeria Coppa

El 29 de enero de 2019, Cordi asesinó de un disparo en la cabeza a su expareja en plena vía pública.

La tarde del miércoles 29 de enero de 2019 quedó grabada para todos en Bariloche. Era un día de calor, la gente colmaba las plazas y playas. Valeria salió de trabajar a bordo de su bicicleta y fue hasta la iglesia Catedral, donde se encontraría con su expareja que la había citado para hablar. La mujer murió poco después producto de un balazo en la cabeza, disparado por Mariano Cordi con un arma de fabricación casera.

Valeria y el femicida habían tenido una relación tiempo atrás, que finalmente se terminó por decisión de ella. Cordi aparentemente le había ofrecido ayuda económica en un par de ocasiones y no terminaba de alejarse de ella.

Ese 29 de enero le envió mensajes pidiendo verse para charlar, a lo que la mujer accedió no sin antes aclararle que estaba comenzando otra relación. “Marian, no quiero lastimarte, pero estoy saliendo con otra persona”, fue el mensaje que el fatídico día, Valeria le mandó al hombre para que ya no la hostigara más, aunque el insistió con el encuentro.

La víctima tenía 40 años y era madre de dos hijos. Trabajaba en la Senaf (Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia). Ese día llegó a la plaza de la iglesia Catedral en bicicleta y se sentó en las escalinatas donde esperó a Cordi.

El hombre llegó y tras cruzar unas breves palabras, extrajo un arma de fabricación casera, le disparó en la cabeza y huyó rápidamente. Valeria se desplomó en el suelo y las personas que estaban cerca pensaron que había caído de su bicicleta. Llamaron a la Policía y a la ambulancia y la mujer fue trasladada al hospital zonal.

En el nosocomio fue donde notaron que no se trataba de un accidente de bicicleta, sino que tenía un disparo en el cráneo. A pesar de los esfuerzos médicos, Valeria murió instantes después en medio de una nube de confusión e incertidumbre.

Mientras tanto, Cordi escapó cobardemente. Primero huyó a la casa de un amigo al que le dijo lo que había hecho: “La maté a Vale. La maté”,  le habría indicado antes de cargar el arma nuevamente y con intenciones de ingresar al baño con ella. El amigo se habría negado a que lo haga, por lo que se fue a la casa de otra persona, a la que luego de un rato, a bordo de un vehículo, le confesó haberle disparado a quien fuera su pareja tiempo atrás.

El femicida huyó. La búsqueda no tardó en activarse y las cuadrillas de uniformados comenzaron a recorrer palmo a palmo los sectores donde podría haberse escondido. Tras tres días de intensa búsqueda y distintas versiones, fue hallado el 1 de febrero en la zona del Valle del Challhuaco, deshidratado y semidesnudo.

Cordi fue trasladado al hospital y allí descubrieron que tenía un disparo en la cabeza, aparentemente,  efectuado con el arma que mató a Valeria. El hombre sufrió graves lesiones producto del disparo con el que intentó quitarse la vida y esto ralentizó el proceso judicial para imputarlo por el femicidio que estremeció a toda la ciudad.

Recién en marzo Cordi estuvo en condiciones de ser trasladado a Tribunales para recibir los cargos en su contra. Con una fuerte custodia policial, envuelto en frazadas y un casco con el que protegían su cabeza debido a la craneotomía a la que fue sometido, llegó el 7 de marzo al edificio del Poder Judicial, horas antes de que se conmemorara el Día de la Mujer, en el cual las organizaciones y vecinas reclamaron por la vida de Valeria.

La audiencia fue a puertas cerradas, pero luego, la fiscal Betiana Cendón dialogó con los medios de prensa e hizo hincapié en la peligrosidad del hombre. “Representa un riesgo alto para terceros”, sostuvo en ese momento y remarcó que amenazó y agredió a personal médico en el tiempo en que permaneció en el hospital zonal, “siempre a mujeres”, enfatizó.

Cordi fue trasladado inmediatamente al penal de Ezeiza donde contaban con las instalaciones adecuadas para que permanezca detenido debido a su delicado estado de salud. Allí aguardaría hasta el 28 de mayo, cuando se inició el juicio en su contra por homicidio agravado por el vínculo y mediando violencia de género.

El hombre fue asistido por un abogado particular, Marcelo Ganuza, que durante todo el juicio apuntó al intento de suicidio del asesino como ejemplo del arrepentimiento que sentía por el femicidio cometido.

“¿No le vamos a dar nunca la posibilidad de reinsertarse?”, inquirió  para objetar la prisión perpetua pedida por la fiscalía y la querella. En este sentido indicó que “si Dios lo puede perdonar, ¿por qué los hombres no van a poder? Se arrepintió y lo quiso reparar intentando quitarse la vida”.

Para Cendón, por el contrario, “no es no y si no decís si, también es no y si intentás seguir adelante con tu vida pese al miedo, también es no. Valeria quería cambiar su vida, quería ser independiente y esa fue su sentencia de muerte”, sostuvo en la audiencia.

El femicida habló poco durante el juicio, solo para decir que “lo hice sin pensarlo, sino, no lo hacía. Le pido disculpas a la familia, a la mamá. Nunca pensé que iba a hacer eso”. Disculpas que Marianela Ubilla, la madre de la víctima, no aceptó. “Vos vas a seguir vivo pero yo a mi hija no la veo nunca más, asesino”, le gritó antes de que lo retiraran de la sala de Tribunales.

Pasaron pocos días para que el tribunal dictara la sentencia el 3 de junio: prisión perpetua por el femicidio que destruyó una familia y estremeció a toda la ciudad. (ANB)

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