Carta de lectores: descargo de Adriana Casas luego de condena por mala praxis
"Soy Adriana Casas. Estoy por cumplir 50 años y hace 28 que soy partera.
Hice alrededor de diez mil partos. A cada parto le pongo el mismo empeño que el primer día. En todos los partos me vinculo profesional y emocionalmente con cada familia, disfruto de sus primeras miradas, de la consolidación de las familias, de la alegría de muchas parejas que buscaban su hijo hace años.
Cada parto es -como todos saben- un momento de gran emoción pero también de riesgo, en el que la mujer está expuesta a los avatares de las condiciones físicas suyas, y del bebé que va a llegar, y se ponen en manos de otros para llegar al resultado tan ansiado, cada parto es distinto a otro, irrepetible, como la vida de cada ser humano.
Yo estudié en la Universidad Nacional de La Plata y tengo un titulo universitario que me habilita para colaborar en la tarea de los médicos. Necesito que se entienda que NO puedo decidir por mi cuenta hacer una cesárea. No estoy habilitada para eso ni para intervenir quirúrgicamente, de hecho no tenemos facultades ni de estar presentes en una operación.
Hace veinte años hubo un parto en el Sanatorio del Sol, en el que, di mi opinión de que era necesaria una cesárea urgente. El propio papá lo dice en su relato, y ellos lo saben. Pero en el expediente eso no quedó claro, directamente no figuró. Pero sí en la triste experiencia vivida por los papás y en la mía.
Y no quedó claro en el expediente tal vez porque toda la defensa se enfocó en el médico, y no en mí. Yo hoy tengo claro -tarde- que debí contratar a mis propios abogados, y no a los mismos del médico, tal vez así se hubiera escuchado mi voz y eso hubiera quedado en un papel. Y probablemente hoy yo no estaría condenada.
Lamento como madre y partera que hayan perdido a su bebé y que hayan tenido que padecer casi 20 años para una decisión de la justicia. Tengo la tranquilidad de que los papás lo saben.
Hay una sumatoria de decisiones en las que yo no tengo el poder de intervenir a lo largo de este triste suceso que culminó con la muerte de un bebito y hay nuevas decisiones que se tomaron en este doloroso proceso. Para los padres y para mí. Yo siempre trato de poner toda mi energía, capacidad e intuición en cada parto. Y por supuesto que los médicos también, y pueden errar o no, como humanos que son. Y en ese parto yo di mi opinión, aconsejé una cesárea urgente pero la decisión es siempre del médico y no de la partera. Y después de tantos años aún siento la impotencia de no ser la que decide, sino la que acompaña, y así como acompañé en su momento también acompañé en todo el proceso, olvidándome de mi propia defensa y de mis derechos en defintiva. Tal vez porque me sentía tan mal por lo sucedido, tal vez por proteger a otros, y en cualquier caso porque no fui informada sobre las consecuencias de omitir mi propia defensa en pos de los otros.
Quiero que sepan que mi vida hoy es un calvario de pensar en todas estas situaciones que culminaron tan mal. Si hay una justicia divina, ésta me sabrá juzgar, porque la justicia de los hombres no sólo es lenta y tortuosa, sino que permite situaciones de indefensión como la que me tocó vivir.
Siempre tendré en mi mente y en mi corazón a esta familia, y ellos lo saben. Solo quería que ellos y todos sepan que yo hice lo máximo que pude, dentro de mis atribuciones, y que si quedé involucrada en una sentencia, es porque no me defendí como debí hacerlo, por culpa, por inexperiencia en los trámites judiciales que incluyen el no haber elegido una defensa técnica separada de la que asistió al médico actuante.
Pido perdón por no haber logrado imponer mi opinión en esa noche, y por todos los dolores ocasionados, sin intención ni voluntad, y espero que el perdón llegue de alguna manera para así poder también perdonarme, por ese joven que no está, por no haber tenido el poder de decidir, por no haber logrado imponer mi opinión, y por no haberme defendido o tal vez, no haberme considerado merecedora de una defensa adecuada, también".