2019-05-03

ANIVERSARIO DE BARILOCHE

Bariloche y el Campamento Robles

Un repaso del historiador local Daniel Fuentes por los inicios de lo que hoy es el barrio Pilar I.

Por Daniel Fuentes

Infinidad de historias entrelazan nuestro tejido social. Mientras algunas de ellas se erigieron en verdades indiscutibles, otras fueron negadas, ocultadas o permanecieron por largo tiempo desconocidas. En este nuevo “aniversario legal” de la ciudad, presentamos una referencia escueta a modo de homenaje a familias de sectores populares que se radicaron en Bariloche y la hicieron suya con trabajo, sacrificio y una larga lucha por el derecho de pertenecer a ésta ciudad.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la ciudad de San Carlos de Bariloche experimentó una explosión demográfica sin precedentes acompañado por un sostenido auge turístico.[1]

Al ritmo de esta expansión económica se desarrollaron algunos sectores relacionados con la actividad principal, como la gastronomía y la construcción, que a su vez  generarían mayor atracción migratoria, tanto de las zonas rurales como de otras provincias argentinas y países limítrofes. En este periodo comenzaron a realizarse obras importantes entre las que se cuenta el asfaltado del sector sur de la ciudad cuyo objetivo era la extensión de la nueva ruta que uniría a Bariloche con Neuquén y El Bolsón. En 1964 la empresa del ingeniero Vicente Robles desembarcó en Río Negro, con las construcciones para concluir del trayecto Collón Cura-Paso Chacabuco, ruta de tránsito Neuquén- Bariloche y luego pavimentar un primer tramo de la ex ruta provincial 258 (ex ruta 40) hacia El Bolsón.

El 15 de febrero de 1972 Antonio Buenuleo entregó en comodato a la Empresa Vicente Robles, 10 hectáreas del lote pastoril 127 a cambio de mejoras en los caminos aledaños de la Pampa de Buenuleo. En el predio se ubicó el complejo vial más importante que tuvo la ciudad en su historia: el campamento obrero Vicente Robles, o simplemente barrio de la Robles, como se lo conoció durante años. Allí convergieron unas 500 personas en su máximo esplendor.

El lugar de procedencia de las familias fue diverso, aunque mayoritariamente procedía del noroeste y centro del país. En importancia numérica, de las provincias de Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Córdoba.  Otro grupo importante de familias de trabajadores eran originarios de Santa Cruz, Chubut, Corrientes, y de países limítrofes tales como Bolivia y Chile.

El crecimiento de la empresa Vicente Robles SAICYF fue particularmente notable durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía (1966-1970). Los vínculos aceitados del empresario con el gobierno de turno, le facilitaron lograr numerosas concesiones viales y garantizaron una rápida expansión y crecimiento económico del rubro incluso hasta incursionar más tarde como principal contratista en el Paraguay de Alfredo Stroesnner.

En Bariloche, la empresa Robles logró la concesión del primer tramo del asfaltado entre Bariloche y El Bolsón: aproximadamente 40 kilómetros de extensión, que comprendía desde la calle Onelli - intersección con Albarracín- hasta la primera gran curva del lago

Guillelmo. El lugar elegido para hacer el campamento fue al pie del cerro Ventana, a ocho kilómetros del centro de la ciudad en la denominada Pampa de Buenuelo.  

El campamento comprendía un sector destinado a las viviendas de las familias, un pabellón de solteros, el sector administrativo, el comedor o gamela, la planta productora de asfalto, la cantera y el taller central, concentrados en unas 8 hectáreas. Posteriormente, en 1975, se agregaría un aserradero.

Los vecinos recuerdan que las distancias al centro de la ciudad fueron un gran problema por la inexistencia de transportes públicos, asimismo, los servicios básicos eran autogestionados: la luz la suministraba la empresa hasta la medianoche, el agua procedía de una cascada natural cercana al cerro Ventana y la calefacción se basaba en el uso de leña: Uno de ellos afirmaba que “Durante mucho tiempo, una docena de pibes iban a la escuela en una “chata” que facilitaba la empresa, que salía a las siete de la mañana porque de paso los choferes salían a trabajar, solo con una lona detrás. Para el año 1977 la empresa puso su propio micro que iba dos veces al día al pueblo.

La diversidad cultural se reflejaba en las celebraciones y rituales populares, que se recuerdan de aquella época, desde los festejos por la independencia de Bolivia a las celebraciones de la pacha mama del noroeste, pasando por las noches de cuarteto y folclore.

El final del Campamento Robles

 El campamento Robles comenzó a desmantelarse lentamente entre 1979 y 1980. Si bien el asfaltado de la ruta 258 hasta El Bolsón quedó inconcluso por más de una década, la empresa concentró su actividad en el cerro Catedral (en 1976 había logrado una concesión por 25 años para explotar los medios de elevación). Muchas de las familias que vivían en el campamento comenzaron a construir sus casas o trasladar sus casillas a los terrenos cercanos vendidos por Antonio Buenuelo. Otras, compraron terrenos y durante unos años siguieron el derrotero por las obras de la misma empresa en otras ciudades:

En 1981 el número de familias propietarias y radicadas en el lugar era de aproximadamente sesenta. No sólo los despidos y renuncias disminuyeron el número de habitantes en el barrio, sino también las mudanzas a otras provincias y la radicación de muchas familias en el área urbana de la ciudad. La fracción del lote pastoril 127 vendida por Antonio Buenuelo se convertiría, en adelante, en el “nuevo” barrio: Pilar 1. El propietario del terreno, Antonio Buenuleo –cuyo apellido le da nombre a un extenso  lote pastoril –vendió en forma fraccionada sin la mensura correspondiente, pequeños lotes  a las familias interesadas en radicarse en forma definitiva. Esto originó a partir de 1983 un conflicto por la propiedad de las tierras entre sus poseedores legítimos y del que no estuvieron ausentes especuladores inmobiliarios, estudios jurídicos y operadores políticos y que aún en la actualidad continúa.

Dos recuerdos de selección:

Resultan significativas las formas en que los vecinos del viejo campamento recuerdan algunos momentos nacionales de crisis. En este caso elegí a modo de ilustración dos testimonios del libro “Identidad y Lucha por la Tierra. Robles- Pilar 1”. En los recuerdos, los miedos agazapados responden no solamente a un contexto sociocultural regional, sino que se enmarcan dentro de una permanente y continua tradición autoritaria  para la cual nuestros protagonistas inventaron mecanismos de adaptación y “supervivencia” para estabilizar la violencia real o simbólica. Así, merecen destacarse la persecución a trabajadores de origen chileno durante el año 1978 (conocido como el conflicto del canal de Beagle) y los intentos de las autoridades militares de regular los espacios de diversión y encuentro, específicamente la fiesta más importante del mundo vial: el día del trabajador del camino, el 5 de Octubre.

La apertura económica de Martínez de hoz y la “casi guerra” por el Beagle

Los milicos trajeron un carretón que le habían sacado a  Parques Nacionales para movilizar una topadora a la frontera con Chile. Nos avisaron a los del taller que era para abrir caminos para los tanques, y que se iban a llevar también a un maquinista: HZ. Imaginate cuando se enteró HZ estaba como loco, sufría porque pensaba que iba a estar en la primera línea, a los tiros con su topadora. Encima nosotros lo gastábamos diciéndole que era un héroe y que le íbamos a cuidar a su mujer (era recién casado). Los milicos querían cargar la topadora en el carretón pero no querían aceptar que el peso era demasiado. Les habíamos sugerido sacar la pala de la topadora, un Komatsu nuevo, pero no nos dieron pelota, apenas lo subieron, reventó el carretón. Así que nosotros, para hacerle la pata a HZ, no los ayudamos más. El asunto es que el carretón se desarmó y la máquina terminó en el suelo. Gracias a la ignorancia de los milicos, HZ no fue al frente de combate.

Había una revista que leíamos en el barrio, la “Nocturno” que tenía unas fotonovelas y mucha propaganda. El asunto es que ofrecían unos monos microscópicos que se disolvían en el agua y venían en polvo como los jugos de ahora. Eran “made in USA”; mirá el grado de boludeces que entraron en esa época de Martínez de Hoz.  Decían que hacían piruetas como en un circo. ¡Vos podés creer que hicimos una rifa para comprar esa porquería! ¡Encima era todo trucho porque no eran monos, eran como renacuajos![2] (MS, entrevista 1999)

La fiesta anual del día del camino

Como el festejo del día del trabajador, el 1 de mayo, estaba prohibido por los milicos por miedo a las protestas y demás, nos dejaron festejar solo el día del camino, aunque siempre venía algún alcahuete a controlar o vigilar. Hasta tuvimos un tipo al que le decíamos el intendente, una especie de interventor alcahuete del barrio (…) algunos ingenieros y jefes, por afán de quedar bien con los milicos, invitaron al gobernador. Así es que vino al festejo el coronel R, que tenía fama de pesado, los ingenieros se desesperaban por atenderlos, el milico todo con el traje de militar (…) Me miraba a mí porque yo estaba con el fuego, era el fogonero del asado. El milico me miraba, y me relojeaba, yo pensaba que me estaba controlando, que me iba a venir a decir que no haga el fuego así o que lo haga asá, pero de pronto me sacaba charla, se escapaba a la seguridad y preguntaba cualquier cosa, de a ratos se iba quedando y volvía. Los changos me empezaron a gastar diciendo que el gobernador estaba enamorado conmigo, lo cierto es que el milico no me sacó los ojos en toda la tarde. Yo pensé después que me quería preguntar algo o para que le diera información de inteligencia, los changos decían que me quería llevar al taller para que le ajuste el tren trasero.. Después con el tiempo me enteré que era un milico bravo, mirá vos, tan bravo y me quería levantar (…) el milico quería guerra. (CV entrevista 1992)

 

 

[1] La población de San Carlos de Bariloche era de 18.894 habitantes en 1960, 28.000 habitantes en 1970 y 51.100 habitantes en 1980; mientras que la afluencia de turismo pasó de 144.000 turistas en 1966 a 423.000 visitantes en 1975.
[2] La persona entrevistada se refiere a los sea monkeys o monos marinos. Con este nombre se comercializó a una especie de artemia que su origen se utilizaba como alimento para peces. Empezaron a venderse en los Estados Unidos, en sobres especiales, bajo una inteligente y exitosa campaña donde se señalaba la “inteligencia” de la “mascota” ya que dentro de la estrategia de producto se incluía un catálogo de accesorios y estanques especiales, como por ejemplo "El parque de diversiones" estanque en el que existía una montaña rusa, una rueda de la fortuna, etc., en donde "supuestamente" los sea monkeys podían divertirse. El auge de este producto se vivió por mediados de los años 70 y fue una de los productos basura importados por el gobierno dictatorial de nuestro país.

 

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