La histórica vivienda “Garza”, una parte de la identidad barilochense
Las casas históricas parecen guardar ese dejo de melancolía, de nostalgia por el tiempo pasado. En Bariloche, parte de sus 117 años, se resumen en las casas históricas que guardan la añoranza de un tiempo distinto, donde todos se conocían y la historia la armaban juntos.
En 1927, en Gallardo 1131, se levantó una de las pocas viviendas antiguas que quedan en la ciudad: la “casa Garza”. En sus 92 años supo albergar a familias enteras, y también fue durante mucho tiempo, un jardín maternal.
Fue construida por Enrique Lunde y Enrique Pedersen, dos daneses que trabajaron en el diseño que elaboró Primo Capraro para Camilo Garza, quien había llegado a Bariloche 12 años antes, junto a su familia, para emprender una nueva vida en la ciudad que recién comenzaba a forjarse.
Raúl y Camilo Garza en la puerta de su vivienda. (Foto: Archivo Visual Patagónico. Gentileza Federico Silin)
En las memorias de los dos carpinteros, rescatadas por Federico Silin, se encuentra que tras un largo viaje de 15 días, decidieron “probar suerte” en Bariloche. La construcción de la vivienda Garza fue uno de los primeros trabajos que consiguieron en la ciudad.
Eduardo Garza, bisnieto del impulsor de la histórica casa y actual subsecretario de Servicios Públicos, recuerda anécdotas contadas por su abuelo o su padre, sobre la construcción de madera que todavía se erige firme, como si el siglo no hubiera transitado sobre ella.
Camilo Garza no solo había comprado el terreno en el que ahora está ubicada la casa, sino que la porción de tierra que poseía llegaba hasta lo que hoy es 9 de Julio. De a poco, los lotes se fraccionaron, y el hombre que supo estar al frente de lo que en aquel entonces era una Comisión de Fomento en los primeros años de la década del '30, donó parte a la ciudad.
Hoy, en lo que hace más de 7 décadas era una “colonia agrícola”, se encuentra el Estadio municipal, en el espacio que Garza donó para la práctica del deporte y también, en el otro extremo de la manzana, el Corralón Municipal.
La tierra que compró Camilo Garza abarcaba hasta lo que hoy es 9 de Julio, entre Gallardo y Tiscornia. (Foto: Archivo Visual Patagónico. Gentileza Federico Silin)
La casa histórica, que hoy está a la venta, supo albergar a la enorme familia, con hijos, hermanos y cuñados de Camilo Garza. La construcción fue pensada para que en cada sector viviera una familia y así fueron pasando las décadas para la vivienda.
Aurelio, hijo de Camilo, instaló a pocos metros de la vivienda, en la esquina de Sarmiento y Gallardo, un almacén de ramos generales. En esos años, los lugares donde hacer las compras eran contados, y este, como tantos otros, quedó en la memoria de los “nacidos y criados” en la ciudad.
Los años pasaron y la familia Garza también cambió. Quienes supieron vivir en la vivienda, comenzaron otras vidas, otros se mudaron y la casa comenzó a quedar vacía. Luego, durante varios años vivieron allí miembros de la familia Torres Curth, hasta que pasó a manos de Raúl Rapp y su esposa.
La vivienda Garza luego fue alquilada a la familia Torres Curth. (Foto: Archivo Visual Patagónico. Gentileza Federico Silin)
“Mi padre Enrique Torres Curth llegó a vivir a la casa con mis abuelos, a fines de los años ‘40”, recordó Graciela como queriendo evocar los años transcurridos allí. Su abuela era maestra en la escuela 16 y su abuelo, comisario.
Durante largos años, los Torres Curth le alquilaron la enorme vivienda a la familia Garza. Una vez que sus abuelos fallecieron, quedó en el lugar un tío de Graciela. “Mi padre era guardaparque por lo que se fue a vivir a una casa que le dieron en su trabajo y allí quedó mi tío Carlos”.
Carlos Torres Curth vivió varios años más en la vivienda, hasta que finalmente dejaron de alquilarla.
El 3 de abril de 1989 la casa dio un giro comercial. Georgina Novillo Pinto alquiló la vivienda Garza, que en ese entonces pertenecía a la familia Rapp, para convertirla en un jardín materno infantil.
El 3 de abril de 1989, la casa comenzó a funcionar como jardín de infantes. (Foto: Archivo Visual Patagónico. Gentileza Federico Silin)
Durante 28 años, la construcción supo albergar a cientos de niños que pasaron por allí, dejando su impronta. “La cuidé muchísimo, siempre me interesé por la historia de la casa porque supe que tenía mucho valor”, indicó a ANB la directora de la institución que desde 2017 funciona en calle Albarracín.
Georgina recordó entre risas, a modo de anécdota, lo que alguna vez causó curiosidad. Como en toda construcción antigua, las historias de fantasmas rondando el lugar son algo obligado. La casa Garza no fue la excepción.
“El primer tiempo desde que nos instalamos en el lugar, sentíamos ruidos, pasos. Una vez buscaba un destornillador y en un momento se abrió una puertita de un mueble viejo y ahí estaba” recordó la mujer y añadió, “si había un fantasma, era buena onda”.
Finalmente, desde que el jardín de infantes dejó de funcionar en el edificio, ya no hubo más moradores allí. Ahora, un cartel de la inmobiliaria Remax anuncia su destino y muchos lamentan con la nostalgia de un Bariloche pasado, lo que supo ser la histórica construcción. (ANB)