Relojería “Danilo”, donde reina la precisión y las melodías de tic-tac
Por Nicolás Malpede
Luis Huenante cuenta con orgullo que su relojería es una de las primeras de la ciudad y la única que sobrevivió al paso del tiempo.
El tradicional comercio nació allá por 1958, cuando don Juan Huenante comenzó con la actividad en un pequeño local ubicado sobre Onelli. Luego, en 1965, se instaló de manera definitiva en Albarracín 780.
Cuando Juan falleció, su hijo Luis se hizo cargo del negocio. Hoy está acompañado por Miriam, una simpática vendedora, y Mario, técnico experto en reparación de todo tipo de relojes, desde el más antiguo hasta el más moderno.
Luis se crió entre cajas de relojes para reparar. Observando atentamente a su padre fue aprendiendo todos los secretos del oficio del relojero.
Relojería “Danilo” fue una de las primeras relojerías de la ciudad. Al ingresar al local uno se encuentra con un sinfín de relojes de todo tipo. Las melodías de tic-tac musicalizan el ambiente. También hacen lo propio los tradicionales Cucú y Carrillón con su sonido tan particular, hoy verdaderas reliquias.
“Los relojes de ahora no son tan complejos como los de antes, ya que no tienen tantas piezas. No son relojes mecánicos, por lo tanto cuesta menos encontrar las fallas”, explica Luis, quien agrega que hoy en día el trabajo más habitual es el cambio de pila.
Entre risas, confiesa que casi todos sus clientes lo llaman Danilo. “Todos piensan que me llamo así. Yo no les digo nada, pero en realidad mi papá le puso ese nombre a la relojería porque Danilo se llamaba un personaje de una novela que estaba leyendo en ese tiempo”, explica.
Luis y Mario coinciden en que el oficio del relojero se está perdiendo, pero sin embargo ellos resisten con estoicidad.
“Antes era una relojería bien manual. Cada reloj tenía muchísimas piezas. Funcionaban a partir de una ingeniería precisa y amplia”, dice Mario, con un dejo de nostalgia.
A la hora de hacer un recorrido histórico sobre los relojes es necesario empezar por tiempos muy remotos en los que aparecieron los primeros relojes solares.
Después surgieron los relojes mecánicos y ya en el siglo XVIII estaban disponibles los relojes mecánicos de bolsillo.
Allá por 1920, el reloj de bolsillo fue desplazado por el pulsera a cuerda. Años más tarde, emergieron los relojes electrónicos de cuarzo y así se ponía fin a la producción de relojes mecánicos a gran escala. Hace unos cuarenta años, aparecieron los relojes digitales que vemos en todos lados.
En la actualidad también se fabrican relojes de pulsera solares que son bastante utilizados, destaca Mario.
Luis y Mario son verdaderos artesanos del tiempo. Rigen sus profesiones a partir de la precisión y de la pasión. “Cada vez hay menos relojeros, pero nosotros seguiremos estando, firmes, porque amamos nuestro oficio”, aseguran, orgullosos. (ANB)