2017-01-14

Demoliendo nuestra historia

Los derrumbes de los patrimonios históricos de la ciudad invitan a la reflexión.

El local era un rectángulo con uno de los lados cubiertos por antiguos mostradores vidriados donde se podían apreciar todos los objetos necesarios para el tejido. Uno de los exhibidores estaba destinado a la muestra de botones de madera con flores pintadas en sus caras. El olor del lugar era muy característico, quizás una mezcla de las lanas puras y de la mermelada en cocción que llegaba desde el fondo donde se vislumbrara una cocinita. Allí una señora de pelo blanco hilaba lana en crudo en un huso.

Se trata de Raquel, la dueña de la vivienda. Dedicó su vida a los tejidos, al morir hace algunos años, su casa no se volvió a habitar, tampoco los locales de la planta baja.

Un lunes la casa ubicada en la calle Moreno al 31, amaneció sin su planta alta. Las tareas de demolición habrían comenzado ese domingo y no se tardó en prosperar el derrumbe. El movimiento alertó a los vecinos que estaban acostumbrados a la quietud que reinaba en el lugar. Tal vez nadie era consciente de la pieza historia que comprendía la propiedad pero el impacto del cambio en el paisaje céntrico que generó en los vecinos, no tardó en escucharse en las esquinas clásicas de cafés barilochenses.

En esas mismas esquinas de la ciudad comenzó el rumor de que la casa estaba por convertirse en patrimonio histórico, algo que no beneficiaría a los actuales dueños.

La ordenanza que regula el patrimonio histórico municipal fija restricciones: los bienes que lo integran no podrán ser enajenados, transferidos, modificados o destruidos en todo o en parte sin la previa intervención de la autoridad de aplicación.

Se enuncia un sistema de premios estímulos, créditos, subsidios y otras ayudas, que en la práctica pocas veces se concretaron. Tal vez este sea uno de los tantos factores que influye en la decisión de los propietarios que priorizan sus intereses económicos, naturalmente.

Claro que la perdida que enluta a la historia de Bariloche no entiende de decisiones financieras entre avances y ambiciones de modernidad se va perdiendo el recuerdo de los principios de ciudad. 

 

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