El año termina en el Congreso
Se acerca fin de año, y por lo tanto, se acerca también la finalización de un año cargado para el Congreso de la Nación. Seguramente tengamos sesiones extraordinarias durante diciembre, y el gobierno nacional se juega el todo por el todo en algunos proyectos.
Cambiemos logró aprobar más de 70 proyectos legislativos que se convirtieron en leyes. Un número muy poco comunicado, pero muy importante si asumimos que el oficialismo no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras. Y mucho más si tenemos en cuenta que el año que viene el gobierno de Macri apunta a renovar representantes en varias provincias, pero aspira a sumar un máximo de 20 diputados nuevos propios llegando a los 105, 107 escaños. Seguirá siendo minoría. El Senado es otro tema, necesita poner a alguien de su confianza como “operador” para no depender tanto de la oposición, sobre todo de Miguel A. Pichetto.
El gobierno también está cediendo muy fácil antes las presiones de propios y ajenos. Si bien puede ser parte de una estrategia de “prueba y error” y reconocer que cuando se confunden, pueden resolver las cosas por medio del diálogo y no de la imposición, esa estrategia puede ser que no arroje los mismos resultados siempre. Lo que digo es que cada tanto hay que mantener la postura, y avanzar. O en todo caso, evitar meterse sólos en los problemas que por ser mal administrados, terminan siendo tapa de diarios varios días.
Cuando menciono a propios, en particular hago referencia a Elisa Carrió. Una aliada fundamental de Cambiemos, pero un arma de doble filo. La diputada apuesta a la lógica política (propia). Anda sin vueltas. No le debe nada a nadie y sólo habla, si lo tiene que hacer, con el Presidente. Durante las elecciones su interlocutores eran otros, por ejemplo el Presidente de la Cámara Baja, Emilio Monzó. Pero sabiendo cómo es y cómo piensa, hay proyectos que se podrían haber planteado de otra manera para evitar exponer a algunos legisladores del bloque gobernante que sólo se limitaron a decir “...nos olvidamos de ese tema”. Innecesario.
El 2017 es determinante para Cambiemos. Tiene que afianzar su discurso del cambio en un país donde la economía no repunta, y eso es determinante para culturas electorales como la nuestra. Expectativas de mejoras sobran. Pero el segundo semestre está pasando sin pena ni gloria. Las inversiones llegan en cuenta gota, y ahora el horizonte de los inversores se corrió un par de meses. La inflación va a terminar por encima del 40% y el próximo presupuesto arroja un promedio de aumento de precios del orden del 17%. Las paritarias volverán a estar en el centro de la escena. El propio gobierno sabe que tiene “crédito” hasta octubre de 2017. Lo dicen muchos funcionarios de primera línea.
Por eso las provincias vuelven a ser determinantes. No sólo en la negociación de algunas leyes a cambio de más caja. Sino también de cara a las elecciones. Algunas tienen un camino más allanado. Otras se muestran en sintonía con Macri y se animan a bailar por ejemplo (ojo que la sintonía política sostenida no dura para toda la vida) y otros consiguen audiencias a solas luego de 10 meses de gestión. Es difícil ser oposición constructiva en este país; primero porque no existió nada serio en los últimos años. Y segundo, porque de todo y todos desconfiamos.
De todas maneras hay más complicidad que oposición entre el oficialismo y el peronismo. Se negocia mucho en privado, y se sonrojan un poco en público. Ambos bandos se necesitan. Uno para gobernar; el otro para intentar re fundarse. El que no sepa y entienda cómo jugar esta partida, quedará afuera antes de tiempo.