HISTORIA DE VIDA
Mariano Beitía: "El actor debe ser valiente"
Por Nicolás Malpede
Mariano Beitía tiene 45 años y una sonrisa amena. Su mirada transparente genera la certeza de que verdaderamente dice lo que piensa. No hay rarezas ni aspectos oscuros en su manera de desenvolverse. Es él, es ese pibe soñador de Beccar, es el hincha de Platense que dejó la provincia de Buenos Aires para buscar su destino. En 2012 llegó a Bariloche y nunca más se fue.
Los primeros pasos de Mariano en el mundo de la actuación fueron en la década del ’90, en pleno “menemismo”. “Tenía una gran necesidad de expresar sentimientos y situaciones”, recuerda el actor, mientras quita las manos de la mesa dejándole paso al mozo que le trae un té de manzanilla con jengibre y miel. “Me tengo que cuidar la garganta, porque está medio dañada”, explica.
“En aquellos años en under había un teatro surrealista muy fuerte y yo me sumé a esa tendencia. Empecé a hacer performances en exposiciones de pintura junto a Santiago Segui y Enrique Burone Risso. Ambos fueron mis mentores en estas primeras lindas experiencias”, dice Beitía.
Beitía desplegando su arte (foto: Facebook)
A los 26 puso un par de prendas en un bolso y arrancó rumbo a Concordia, Entre Ríos. “Me fui a probar suerte. En el bolsillo tenía 20 pesos y un papel con la dirección de un amigo que no veía hace mucho tiempo”, cuenta, y le da un suave sorbo al té.
Allí, en el norte argentino, vivió 5 años. En el primer tiempo se ganó la vida vendiendo celulares, computadoras “y cualquier cosa que podía comercializarse”, remarca entre risas. Luego, comenzó a adentrarse en el mundo artístico. Fundó junto a Cesar Dobler el grupo Inconsciente Colectivo, de donde nació su primer unipersonal: 3 Caras infames 3. En 2000 formó parte del ciclo La historia en su lugar y realizó funciones en El Castillo de San Carlos, interpretando a Antoine de Saint Exupery. Le iba bien. Se desempeñaba en el área de Cultura de Nación.
En 2002, gracias a la crisis social que se desató en el país todo cambió. “Llegó la debacle total y no me quedó otra que volver a lo de mi vieja”, confiesa. En su lugar de nacimiento, empezó a participar de varias obras, entre las que se destacó Diario de un loco, de Nikolai Gogol.
“En todos los lugares en los que estuve sentí la necesidad de contar algo. En cada etapa de mi vida tuve ese mismo sentimiento”, reconoce Mariano.
En 2012 Beitía consideró que su ciclo de vida debería dar un nuevo giro y partió hacia Bariloche. “También me fui con lo puesto, aunque esta vez al menos tenía un auto, un Fiat 147 que se la re bancaba”, aclara el artista, y lanza una estruendosa risa.
”Lo primero que hice fue establecerme económicamente. Llegué, me fui a un local que había alquilado, su dueño me entregó la llave y ahí me quedé a dormir y armé mi panadería”, relata el actor, quien se refiere al comercio Don Mariano que aún posee en la avenida Pioneros y calle Book, en la zona oeste de la ciudad. Él mismo amasa cada producto que ofrece con su característica amabilidad.
Como en cada localidad en la que residió, se metió rápido en el ámbito teatral. A los pocos días comenzó a trabajar con el actor local Adrián Marré. Siguió con El desdichado deleite del destino, una obra cómica.
Beitía y Marré (foto: Facebook)
Mariano se quedó con ganas de más y le mostró a Marré un guión que había escrito hace muchos años: Patos de la zanja. Un policial fuerte, inspirado en el reconocido director Quentin Tarantino. La historia le encantó a Adrián y la plasmaron en una obra. Junto a otros colegas, realizaron varias funciones con muy buena concurrencia de público. Los éxitos continuaron, de la mano de Improacción, un grupo de improvisación teatral. Hace unos meses retomó la obra Diario de un loco, que ya presentó en varios teatros de la ciudad y con la que puso su sello este viernes en Estación Araucanía, en el marco de la Primavera Teatral. Mañana domingo a las 21 hará su segunda aparición en el evento con Alivios de luto, en La Casita Azul.
ANB: ¿Por qué sos actor?
M.B.: (Piensa unos segundos) Porque siempre tuve una necesidad de mostrarme, de expresar lo que me sucede a mí con la sociedad y con la literatura. En realidad, con todos los aspectos de la cultura.
ANB: ¿Y cómo es la sociedad en la que vivimos?
M.B.: Es una sociedad sumamente desigual y por eso me gusta dar un testimonio para que trascienda el mensaje de entendimiento de la desigualdad y la psicología humana tergiversada de los valores.
ANB: ¿Siempre transmitís un mensaje con tus obras?
M.B.: En la mayoría sí. A veces hay un mensaje explícito, como en Diario de un loco, que cuenta la historia de un empleado ministerial que vive su rutina con inmensas ganas de escalar socialmente y que se enamora de la hija de su jefe, pero también del rango de la sociedad que ella ocupa. En Patos de la zanja se muestra la historia de un montón de perdedores y de delincuentes especiales. Está presente la marginalidad y la delincuencia. Con Improacción habíamos armado un lindo grupo de comicidad. La comicidad es buena, pero no transmitíamos un mensaje ni una idea y eso no me terminaba de cerrar. La gente iba a vernos y se divertía, se lavaba la cabeza, pero yo no me iba del todo satisfecho.
ANB: No te ibas del todo satisfecho…
M.B.: Me iba vació. En cambio, por ejemplo, con Diario de un loco me voy lleno.
ANB: ¿Por qué es tan difícil vivir del teatro?
M.B.: En Bariloche lo que pasa es que podés hacer una obra y proponer cuatro, cinco y hasta seis funciones. Más no, porque se acaba el público. Entonces no es redituable. Muchos actores se dedican en forma paralela a dar clases.
ANB: ¿Creés que hay una desvalorización del trabajo del artista?
M.B.: Sí, es así. No somos valorados.
ANB: ¿A qué se lo atribuís?
M.B.: Es que el artista está visto como una persona no productiva, porque no producimos un bien material, como una taza o un pan. No elaboramos algo tangible.
ANB: ¿Qué es el teatro?
M.B.: Es el arte de manifestar los sentimientos y las formas a través del cuerpo. Expresamos sentimientos con la mirada, con los gestos, con la voz. El violinista toca el violín, el guitarrista la guitarra y nosotros tocamos el cuerpo.
ANB: ¿Qué tiene que tener un buen actor?
M.B.: ¡Valentía! Valentía para llevar a cabo sus proyectos.
ANB: ¿Vos sos valiente?
M.B.: Sí, claro que soy valiente. (ANB)