2016-08-10

Elephant Rockers, la potente banda que nunca se detiene

Los “Elefantes” empezaron tocando en un pequeño altillo y hoy son una banda sólida que mira siempre para adelante, en busca de nuevos desafíos. Blues, rock y country en estado puro.

Por Nicolás Malpede

Dos pibes un día empezaron a charlar, a hablar de música. Uno tocaba la batería y el otro la guitarra. Intercambiaron opiniones, se rieron un rato y no mucho más. El destino los había unido. Los elefantes rockeros, sin saberlo, empezaban a dar sus primeros pasos.

Esos jóvenes son Julián Cabral (34) y Federico Formoso (36). A ambos les brillan los ojos cuando hablan de su criatura salvaje … de su banda.

“En 2011, los dos trabajábamos en el cerro Catedral y un día por casualidad nos cruzamos y surgió una primera charla. Yo le conté que tocaba la guitarra y que me gustaba cantar y él me dijo que era batero. Coincidíamos en muchos aspectos relacionados al mundo de la música, así que pensamos en juntarnos y armar algo. Total, no perdíamos demasiado si algo salía mal. Además, estábamos confiados y con ganas”. Las palabras pertenecen a Federico, cantante y guitarrista de Elephant Rockers, una banda rutera y potente, con blues, rock y country, y -lo más importante- con actitud por doquier.

Federico y Ángel, en plena acción (foto: Patricia Caviglia)

ANB: ¿Cómo fueron esos primeros ensayos?

F.F.: Arrancamos los dos. Era todo instrumental. Tocábamos por el hecho de tocar. Teníamos mucha química. Surgió algo muy lindo de manera automática. Nos mirábamos y nos entendíamos.

J.C.: Ensayábamos en el altillo de mi casa. Un lugar muy chiquito. Entrábamos justo. ¡No quedaba lugar ni para un alfiler!

Al tiempo se sumó un bajista que el año pasado fue suplantado por Ángel Sepúlveda (27), un poliinstrumentista al que le circula música por las venas. “Es el bajista que nunca había tenido en mi vida”, resume Federico, orgulloso.

Con quince temas propios, unos cuantos recitales en vivo y un disco, Elephant Rockers está “en su mejor momento”, según aseguran Federico y Julián, quienes no pueden ocultar el entusiasmo a la hora de referirse al grupo.

Los elefantes están pisando fuerte, bajo las influencias bien marcadas de Muddy Waters, The Rolling Stones, The Black Keys, Led Zeppelin, Jack White y, por supuesto, The Beatles.

Julián: "Soy melómano" (foto: Patricia Caviglia)

ANB: ¿Cómo surgió el nombre de la banda?

J.C.: Tiene relación directa con el sonido que generábamos. Yo tenía la batería muy grave y Fede sonaba con un ritmo pesado. Nos vino la imagen de un animal, de un elefante que viene de frente. Éramos dos pero parecíamos muchos más. Empezamos a averiguar y había una banda que se llamaba Elephants y otra denominada Elephants Blues. Entonces para no copiarnos y como además de bluseros somos rockeros, le pusimos Elephant Rockers. El término está en inglés porque éste es el idioma de la mayoría de nuestras canciones.

ANB: ¿Cuáles son sus proyectos a corto plazo?

J.C.: La idea es juntar dinero para grabar un demo eléctrico de cuatro canciones que tenemos que presentar a un programa de música nacional. Queremos seguir creciendo y sumando material. También tenemos la intención de participar del Festival Internacional de Blues que se realiza en Asunción, Paraguay. En 2015 nos invitaron y no pudimos ir, pero la idea es poder viajar el año que viene.

F.F.: La idea es seguir evolucionando y ajustando nuestro ritmo. Continuar encontrándonos. Cuando sos chico te peleás por conflictos relacionados con los egos. Al ser grande ya no pensás en eso. Te interesa hacer música y de la buena.

La banda se prepara para un show que dará este viernes a las 23 en La Barraca. Los recitales en vivo no paran para este trío psicodélico, ya que el viernes 19 y el jueves 24 tocarán en Cervecería Patagonia desde las 19. Serán espectáculos potentes con temas propios y covers, con la impronta propia de los elefantes. 

“Sonar en vivo es algo único. Nos entusiasma, nos motiva y nos da fuerza para seguir avanzando”, confiesa Julián.

Ángel se sumó a los "Elefantes" en 2015 (foto: Patricia Caviglia)

ANB: El show en vivo es todo un desafío para una banda…

F.F.: Sin dudas. El recital es “el momento” de todo músico. Es la culminación de un largo proceso. Nosotros gastamos dinero en salas de ensayo, en comprar insumos para nuestros instrumentos. Antes de un show oficiamos de plomo, manager y hasta de seguridad. Yo subo al escenario, me cuelgo la guitarra, agarro el micrófono y ahí sale lo mejor de mí. Soy yo. Soy el músico que quiero ser. Preparé todo para estar ahí, para vivir ese momento único en el que te sentís una estrella de rock. Cuando termina el recital, mirás hacia atrás y te das cuenta de que tenés que desarmar todo. Volvés a la realidad (risas). 

J.C.: El vivo es súper necesario. Arriba del escenario estás bajo presión. Ahí es donde realmente sale el sonido de la banda. Te está mirando gente y tenés que dar lo mejor.

ANB: ¿Siempre aparecen los nervios antes de tocar en vivo?

F.F.: Me pongo nervioso si algo no suena bien por un problema técnico. Si esto no pasa estoy tranquilo, con mucha adrenalina. 

J.C.: Si venís ensayando, llegás al show sabiendo que va a estar todo bien. La adrenalina siempre está y es bueno que esto pase. Hay personas a las que el miedo y los nervios las paraliza pero a nosotros nos empuja.

ANB: ¿Cómo serían sus vidas sin la música?

J.C.: Es muy difícil pensar que eso ocurra. Soy un melómano. Escucho entre dos o tres discos por día. Todo el tiempo estoy pensando en música. Me hace bien.

F.F.: ¿Eh? ¡No hay vida sin música! Escucho música desde los cuatro años. Un día sin música no va. La música es todo. Lo que me activa. Estoy enamorado de la música. (ANB)

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