“Llegamos a Bariloche mientras grabamos un nuevo disco”
Attaque 77 regresa a Puerto Rock en medio de la grabación de su próximo y esperado material. A pocos días de su presentación, Mariano Martínez, guitarrista y cantante, habla sobre la etapa que transita esta histórica agrupación. Entradas a la venta en Centro Cultural del Disco, Mitre 318.
Este viernes desde las 22, se inicia un nuevo ciclo de recitales en Puerto Rock, con Attaque 77 a la cabeza. Su líder dejó varias impresiones antes de su llegada a la ciudad a casi 30 años de la creación de esta gran banda que se completa con Luciano Scaglione en bajo y voces y Leonardo De Cecco en batería.
—Vuelven a tocar a la ciudad en medio de la grabación del nuevo disco…
— Exactamente. Vamos adaptándonos a nuevas etapas. En este momento estamos justo grabando un disco nuevo. En medio de la grabación de un disco, es un momento muy especial para una banda tocar en vivo ahí, porque la grabación es un momento tan íntimo que une a una banda.
—¿Cómo es poder cortar para tocar?
—Se genera algo especial en esos momentos. Hemos hecho un par de shows y la energía está buenísima, porque hay una unión fuerte, una complicidad. Si bien hace muchos años que estamos juntos, éste es un disco bárbaro para nosotros, porque es como una licencia que nos tomamos para hacer la música que queramos, sin ningún prejuicio. Nunca llegamos a ese punto de desprejuicio y de libertad como ahora.
—¿Por qué? ¿Por una cuestión de géneros?
—Sí, o prejuicio. En algún momento tuvimos que superarlo: nos tocó ir creciendo disco a disco, creciendo como personas también, porque empezamos muy chiquitos a tocar. Y rápidamente el grupo se hizo conocido, empezó la presión de lo que se esperaba de nosotros.
—Una expectativa del público...
—Del público y de la compañía, manager y todo lo demás. Al haber tenido de repente cierto éxito comercial con determinadas canciones y cosas, empieza a haber sobre el grupo una presión de que repitamos o que seamos fieles a determinado sonido. Y nos costó muchos años superar ese conflicto y ese trauma, y entender que no tenemos que rendirle cuentas a nadie, y no tenemos que demostrarle nada a nadie. Simplemente hacer lo que nos gusta, divertirnos y pasarla bien, y eso nos está pasando ahora, que somos gente de cuarenta y pico de años. A esta altura nos lo podemos permitir, nos lo merecemos. En el medio de eso llegó el momento en que se fue Ciro (Pertusi), y eso fue un quiebre importante que nos condicionó en un sentido. Hicimos un disco, “Estallar”: teníamos la necesidad de hacer un disco rápido, como de rock muy directo, casi grabado en vivo. Recién ahora tenemos el relax y la tranquilidad como para hacer un disco tranquilos, y con la música que tenemos ganas de hacer; con algunas cositas diferentes, que por ahí sorprenden un poco a los que nos conocen y nos quieren: veo cómo reacciona la gente alrededor nuestro, y estoy súper contento con eso. Estoy muy ansioso con que la gente lo empiece a escuchar.
—¿Por qué pasó tanto tiempo entre “Estallar” y este disco? Casi siete años.
—Sí, en el medio hicimos el acústico, era algo pendiente para nosotros, incluso era un desafío para el público, para nuestros seguidores. Esa especie de necesidad de que no cambies, de que tu sonido siga siendo siempre el mismo. Artísticamente nos pareció un buen desafío como músicos, y también fue muy antiprejuicio: algunos lo recibieron bien desde el principio, otros dijeron “Attaque acústico no puede ser”, lo fueron escuchando de a poquito.
—Pero estuvo bueno...
—Buenísimo, y además una gira que hicimos con ese show que fue bárbara, inolvidable. En el medio de eso fueron pasando los años, y necesitábamos un incentivo, encontrar el porqué, la razón de ser: ¿para qué hacer un disco nuevo? ¿Quién lo quiere escuchar? También cuestiones contractuales que teníamos que resolver. Por ahí pasan los años y la gente empieza a hacer sus teorías de porqué el grupo no está sacando un disco; en los últimos dos o tres años se fueron poniendo impacientes, eso de por sí es un incentivo. Uno piensa muchas veces que los fans no quieren lo nuevo, o le tienen miedo; y les gusta más escuchar los clásicos, y te piden tus canciones más conocidas. Y me gustó sentir los últimos dos o tres años que hiciéramos un disco nuevo. Por supuesto que en todos estos años se fueron acumulando composiciones; en todos estos años seguimos haciendo canciones, haciendo música todo el tiempo, es inevitable. Lo bueno es que llegamos al 2016 con un montón de música nueva para elegir, para pulir, y para darle vueltas y buscar lo que más nos represente. Estamos en medio de ese trabajo, para hacer el mejor disco que podamos.
— El año pasado festejaron los 25 años de “El cielo puede esperar”, que es un hecho histórico. ¿Cómo se vivió desde adentro?
—La vuelta que le encontré fue mostrarle a los más chicos sobre todo, a las generaciones más jóvenes, qué pasaba con el grupo en aquel momento, algo que no les tocó vivir. Me pareció un buen motivo, porque muchas canciones de ese disco no las volvimos a tocar, y muchos chicos se fueron sumando con el tiempo. También los más grandes, a los que les tocó esa época y los marcó en su adolescencia, comparten mucho con sus hijos, que ahora tienen la edad que tenían ellos.