Fernando, el cafetero que no cambia su trabajo por "nada en el mundo"
Por Claudia Olate.
“Un cortado por favor”, pide un cliente que interrumpe sin querer el relato de Fernando García. Mientras de un termo saca café y de otro leche, este hombre cuenta que hace 42 años es cafetero en la vía pública, y casi tres décadas de su oficio, las vivió en Bariloche.
Nació en Parque Patricios el 20 de noviembre de 1953. De pibe trabajó en lo que pudo, pero cuando tenía 21 años y trabajaba en una construcción en San Bernardo, cuenta que conoció a un cafetero que iba a la obra todos los días. “Yo lo esperaba para tomarme mi cafecito, pero un día no vino más”, dice Fernando. Ese quizás, fue el momento donde decidió cambiar de trabajo. Preparó café y salió a la calle, y no la dejó nunca más.
Fernando recorre las calles de Bariloche con sus termos cargados de café. Foto: Emiliano Rodríguez.
La vida lo llevó por muchos caminos. Estuvo viviendo en Tucumán, donde nacieron sus hijos Abel y Romina, “pero el norte no es un buen lugar para vender café caliente”, bromea mientras acomoda sus termos en un canasto rojo. Así, terminó en Bariloche.
En 1989 desembarcó en Bariloche con sus hijos y su café. Al principio, cuando comenzó “la gente era muy fría, después me empezaron a conocer”, cuenta y añade que “los municipales me corrían de donde esté”.
En esa época, los cafeteros que había en la ciudad no superaban los 5. Actualmente, según Fernando, hay más de 30. “Cada uno tiene su lugar y su trabajo, no hay rivalidades”, asegura.
Trabajar por cuenta propia tiene sus beneficios, aunque hacerlo en la vía pública implica soportar las inclemencias del tiempo, caminar largos trechos cargado de café y salir a diario a vender, “el día que yo no salgo, no hago plata”, resume Fernando.
Hay días en los que llega a vender más de 100 cafés. Foto: Emiliano Rodríguez.
Contrario a lo que piensa la mayoría, la época donde más se vende es en primavera. Muchos creerán que con el frío invernal la gente se acerca a tomar algo caliente, pero esto no es así. “En invierno las personas se quedan adentro lo que más puedan, y si salen, hacen todo rapidito. Cuando está cálido, en cambio, se encuentran conocidos, se quedan charlando, toman un café y así vendo yo”, explica el cafetero.
Así, Fernando puede llegar a vender hasta 100 cafés por día. Lógicamente, hay días más tranquilos, pero además, el hombre es el “proveedor oficial de café de funcionarios públicos y de la prensa”. Siempre alegre y amable, su recorrido comienza por 20 de Febrero y llega hasta el Centro Cívico, donde empleados municipales y los vecinos que concurren a hacer trámites terminan comprando un cafecito para continuar el viaje.
En eso se acerca una reportera gráfica que le pide un cigarrillo y un café fiado. “Anotá que siempre nos fía, siempre tiene un café para nosotros”, dice mientras recibe el vaso blanco con un humeante cortado.
Fernando tiene dos hijos, Abel y Romina, nacidos en Tucumán y dos pequeños nietos barilochenses. Foto: Emiliano Rodríguez.
El día de Fernando empieza temprano. “Me levanto a las 6 y después de tomarme mi café, empiezo a preparar todo para salir”, detalla. Hasta hace un tiempo, salía acompañado de su fiel Luna, una perra que es conocida por todos. Ella observaba a Fernando desde lejos y lo seguía a donde fuera. “Luna está viejita ya, tiene 17 años así que no sale más”, lamenta.
Sus hijos fueron criados vendiendo café. “Se puede vivir de esto”, asegura. Los años en Bariloche lo hicieron conocido y él se hizo conocido de miles de personas. “Si quisiera trabajar en algún lugar, no tendría ni que llevar currículum”, sostiene, pero “después de 42 años, no lo cambio por nada”, afirma entre risas.
“La calle me enseñó muchas cosas, fue una universidad para mí”, finaliza el cafetero que hace 42 años prepara sus termos y sale a vender. (ANB)