2016-04-16

INFORME DE ANB

La odisea de adoptar a un hijo en Bariloche

Los postulantes para la adopción de niños, niñas y adolescentes en muchos casos deben esperar hasta diez años o más. Cuando el momento finalmente llega, la alegría es única.

Por Claudia Olate, Florencia Montenegro y Nicolás Malpede

Cinco años. Ese fue el tiempo que Blas Soler (50) y Anabel España (56) esperaron para ser padres. Se inscribieron en el Juzgado allá por 1997. Un día sonó el teléfono. Una voz del otro lado les anunció lo que habían soñado mil veces. Les entregarían un bebé.

“La espera fue angustiante, pero por suerte llegó lo que todavía hoy recordamos como si hubiera sido ayer”, dice Blas, y los ojos se le llenan de brillo.

Gabriel tiene 14 años. Cursa la secundaria. Practicó básquet unos años y ahora practica natación. Le gusta jugar a la PlayStation y juntarse con amigos. Tiene la rebeldía propia de un adolescente. Disfruta la vida.

“Somos sus padres del corazón”, aseguran orgullosos Blas y Anabel, casi al unísono. Cuando hablan de Gabriel o “El Chino”, como le dice la mayoría, sus semblantes cambian. Irradian felicidad.

Durante la charla con ANB, ambos remarcan en varias oportunidades que el proceso de adopción es “largo, complejo y desgastante”.

“Debería ser más fácil poder adoptar a un chico. Obviamente hay que comprobar que la familia tenga el poder adquisitivo adecuado para criarlo de la mejor manera y tener la seguridad de que son personas de bien que quieren tener un hijo para amarlo mucho”, dice Anabel, y esboza una mueca de preocupación.

La mujer confiesa que el periodo “de guarda” -los primeros seis meses con Gabriel- fue “muy difícil”. “En ese tiempo la mamá biológica puede arrepentirse de haberlo cedido y tiene la potestad para pedir que se lo devuelvan. Yo sabía que era mi hijo, pero tengo que admitir que tuve miedo”, confía.

Foto: Patricia Caviglia

“Fueron cinco años durísimos. Íbamos cada dos meses al Juzgado para ver si había novedades y volvíamos a nuestra casa tristes y resignados”, recuerda Blas, y añade que cuando finalmente surgió la posibilidad de adoptar a Gabriel el camino que hubo que recorrer no fue menos complejo. “Tuvimos que ver a asistentes sociales, psicólogos y a todo tipo de personas”, subraya. 

ANB: ¿Recuerdan cómo fue el momento en el que recibieron el llamado contándoles sobre Gabriel?

A: ¡Sí! ¡Claro que me acuerdo! Atendí yo y le tuve que pasar a Blas porque no podía hablar. Quedé bloqueada. Sinceramente no lo esperábamos. Pensé que había entendido mal. No podía creer que íbamos a ser padres después de tanto sufrimiento. Nos dijeron que teníamos que presentarnos al otro día en el Juzgado. Esa noche no dormimos. Nos quedamos sentaditos los dos esperando que pase el tiempo y que llegue la hora para ir a buscarlo.

Pasamos por el Juzgado, hicimos los trámites necesarios y nos fuimos al hospital. Cuando lo vi me largué a llorar. Tenía unos pocos días de vida. Era flaco y largo. Lo agarré y desde esa mañana no lo solté nunca más. Salimos con Gabriel del hospital felices de la vida. Queríamos que lo conozcan todos nuestros familiares y amigos. A los diez días ya tomaba la mamadera.

Foto: Patricia Caviglia

ANB: ¿Cuándo le contaron a Gabriel que es adoptado?

B: Desde chiquito él supo que es adoptado. Siempre cuando estábamos con gente decíamos que es nuestro hijo del corazón. Él escuchó ese tipo de frases siempre, así que su adopción nunca fue un tema del que no se habló. Todo lo contrario.

A: Sí, siempre lo supo. Ahora que está más grande, a veces hace preguntas sobre su situación. Nosotros no le ocultamos nada. Le respondemos cada pregunta. 

Blas y Anabela están felices. Es que les costó mucho tener un hijo. Se sometieron a diferentes tratamientos y nunca la suerte estuvo de su lado. Sin embargo, la vida los recompensó con la llegada de “El Chino”.

El largo camino de la adopción

Adoptar a un niño o adolescente sigue siendo uno de los procesos judiciales más complejos y “lentos” para la mayoría de los ciudadanos. Si bien hay muchos mitos y verdades atrás de una ley, la realidad es que a pesar de las modificaciones que sentó el nuevo Código Civil y Comercial, sigue habiendo años de espera para quienes desean ser adoptantes.

En la Tercera Circunscripción Judicial que comprende Bariloche, Pilcaniyeu, Ñorquinco y las localidades del Departamento 25 de Mayo no incluidas en la Segunda Circunscripción, el trámite se inicia en el Registro de Adopción que está ubicado en Pasaje Juramento 190. Actualmente, son 30 las personas inscriptas que a su vez pasan a formar parte de manera automática del Registro Nacional. Cada año deben renovar este paso para certificar que siguen con deseos de adoptar.

El Código Civil y Comercial establece en su artículo 594 que “la adopción es una institución jurídica que tiene por objeto proteger el derecho de niños, niñas y adolescentes a vivir y desarrollarse en una familia que le procure los cuidados tendientes a satisfacer sus necesidades afectivas y materiales, cuando éstos no le puedan ser proporcionados por su familia de origen”.  Sólo se da mediante sentencia judicial que a su vez se rige por los principios de interés del niño, como característica principal.

La jueza da Familia, Marcela Pájaro, explicó a ANB que los menores de edad pueden ser adoptados por un matrimonio, una pareja bajo unión convivencial o por una persona sola.  “El nuevo Código Civil  es más flexible en cuanto a la adopción”, afirmó. 

Para adoptar a un bebé, niño o adolescente, el adoptante debe ser 16 años mayor que la persona adoptada.  Es por esto que no pueden adoptar los menores de 25 años, para preservar la seguridad y la integridad de los niños.

Las quejas por el sistema de adopción de Argentina siempre estuvieron centradas en los largos períodos que pueden esperar una persona o matrimonio para recibir un niño. Esto lamentablemente no cambió con el nuevo Código. “Las esperas pueden ir de los 7 a los 10 años”, sostuvo Pájaro, y recomendó a quienes deseen adoptar que “se inscriban con tiempo, porque la llegada del niño puede tardar mucho y en algunos casos ocurre cuando los matrimonios o personas están ‘muy grandes’”.

Una vez que las personas que buscan adoptar a un niño se inscriben en el Registro, resta un proceso mediante el cual se evalúa su situación y su condición para criar a un hijo.  Esto va desde la posición socio-económica hasta una evaluación psicológica.

 

"Hay mucha ficción alrededor de la adopción”, aclaró la jueza en relación a que la gente suele creer que todos los días hay niños que son dados por sus progenitores. “La mayoría de los casos se da en situaciones de violencia doméstica. A veces las madres saben que criar a sus hijos será imposible y deciden entregarlo al sistema”, explicó. Además, están los niños más grandes o adolescentes que son retirados de sus hogares de origen por diversos motivos, pero para que formalmente ingresen al sistema de adopción, deben agotarse todas las vías de restitución a su familia o asegurarse de que no hay otros parientes que puedan hacerse cargo, priorizando su derecho a la identidad.

Existe un programa de Desarrollo Social llamado Familias Solidarias. La jueza remarcó que no es lo mismo que la adopción, ya que es aplicable a niños o adolescentes que hayan sido apartados de sus padres por razones particulares, pero por un tiempo determinado. “Se da mucho en caso de adicciones, en los que hasta que el papá o la mamá de los niños en cuestión no se recuperen, los chicos no son restituidos”, mencionó la mujer.

Si bien en la actualidad el registro para inscribirse es nacional, a la hora de dar niños en adopción se busca hacerlo con familias cercanas a su lugar de origen. Agotada esta instancia, recién se busca en otras ciudades o provincias. “El sistema intenta proteger la identidad y los vínculos que pueda tener el niño”, enfatizó Pájaro.

Años atrás, solicitaban un informe médico que certificara que la pareja no podía tener hijos por razones de salud. Esta fue una de las modificaciones que se planteó desde 1997. Además, actualmente también pueden adoptar parejas de matrimonio igualitario bajo las mismas condiciones que una pareja heterosexual.

Una vez que se completa el proceso y cuando un niño necesita una familia adoptiva, el juez decide según las condiciones que mejor convengan al menor cuál será la persona o pareja adoptante. Luego, hay un período de guarda de seis meses, bajo los cuales se analiza el proceso y la adaptación del chico.  Cumplido este tiempo el magistrado inicia el proceso de adopción.

Pájaro aclaró que hay tres tipos de adopción: simple, plena y de integración. La simple confiere el estado de hijo a la persona adoptada pero no creo vínculos jurídicos con los parientes ni con el cónyugue del padre/madre adoptivo. La plena le otorga al adoptado la condición de hijo y extingue los vínculos jurídicos con la familia de origen. El hijo adoptivo tiene en la nueva familia los mismos derechos y obligaciones de todo hijo. Por último, el tipo de integración se configura cuando se adopta al hijo del cónyugue o del conviviente.

Existen algunos malentendidos en lo que al proceso de adopción se refiere. “Muchas personas creen que pueden ‘devolver’ a los niños en caso de tener algún problema, pero esto no es así”, señaló la jueza de familia.

La adopción sólo es revocable en caso de ser la simple o de integración y únicamente en casos en que alguna de las partes involucradas haya incurrido en un hecho indigno para la otra persona, o que lo decida el adoptado cuando es mayor de edad por razones justificadas.

Uno de los problemas que más atrasa los procesos de adopción es que “las personas en general buscan bebés o niños muy pequeños, y no suele ser común que se den en adopción bebés recién nacidos. Hay más niños grandes y adolescentes, pero cuesta encontrarles un hogar”, indicó la funcionaria judicial.
En Bariloche actualmente hay dos casos que están en las últimas instancias del trámite y ya serán recibidos por las familias adoptantes.

“Hay mucho mito alrededor de la adopción y gran enojo por los tiempos, pero desde la Justicia se busca la protección del niño”, aseguró Pájaro, y agregó que el Estado también intenta evitar la “eterna institucionalización” de los menores.  Es decir, que el objetivo sería que los niños encontraran a las familias adoptivas de la manera más rápida posible, para que no tengan que vivir durante mucho tiempo alejados del seno familiar.

La adopción en Bariloche, como en el resto de país, contempla trámites largos y esperas mucho mayores de lo que las personas con interés de adoptar desearían, pero sigue habiendo gente que apuesta por tener una familia y darles un hogar a los niños que lo necesitan. (ANB)

 

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