2016-04-05

Ser viverista en Bariloche, esa vieja pasión que se convirtió en un trabajo

Una actividad que se desarrolla en la ciudad con seriedad y compromiso. Oscar produce por año 100.000 plantines, florales, arbustos y ornamentales. Conocé su historia.

Por Araceli Rodríguez

Oscar Cingolani es el representante de un importante grupo de viveristas de Bariloche. Se nuclearon para potenciar sus posibilidades, compartir experiencias y pelear juntos las vicisitudes que tiene Bariloche para su rubro. Por ahora el balance es positivo y van por más.

“El vivero es una pasión un poco obligada porque yo comencé de chico a trabajar con mi familia, hace más de 40 años. Mi trabajo en esto no era de forma permanente, hasta que hace 27 años definitivamente tomé la iniciativa de empezar de manera personal y comercial. Siempre estuve en la producción propia, producía lo que ofrecía. Después decidí no vivir más en el centro comercial y quedé instalado en la reconversión como proveedor de negocios del rubro, viveros, florerías, demás”, cuenta Oscar Cingolani.

Oscar es uno de los tantos casos de personas que se dedican a esta actividad en la ciudad, que si bien no es altamente reconocida en Bariloche, son numerosas las familias que la practican, comercializan y dedican su vida y su tiempo a ella, convirtiéndola en más que en un trabajo, en una pasión.

En su vivero, El Paseo de las Aljabas, Cingolani produce anualmente un total de 100.000 plantines, florales, arbustos y ornamentales anualmente, un número más que significativo. Eso, sin contar al resto de sus colegas.

En total, son 11 los viveristas que se unieron, buscando fortalecer el sector a través de un trabajo en conjunto que los potencie. Como resultado, tuvieron positivos balances en exposiciones de distintas zonas del país.

En cuanto a la producción, estos productores obtienen un resultado óptimo, fruto de su trabajo a destajo, pero no dejan de tener presente que Bariloche tiene sus pro y contra para su actividad.

Entre las desventajas, aparecen las enormes distancias con los grandes centros de consumo, así como el alto costo del valor de la tierra, lo cual significa que los viveros no alcanzan a tener las dimensiones necesarias de 70 hectáreas.

“La producción no es automáticamente convertida en venta, ya que parte de la producción de arbustos es para aguantarlos un par de años, que se desarrollen y  puedan ser comercializados. Asimismo, se produce solo un 50% de la capacidad que uno tiene para producir”, indicó Cingolani.

Este polo de viveristas trabaja en conjunto con el apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y está asistido por “Cambio Rural”. Para Cingolani “el grupo tiene una intención de futuro pero con historia, que busca la integración para llegar a un fin común y con beneficio para todos". 

“La relación entre todos nosotros es óptima, nos cuesta juntarnos porque esta actividad es absorbente; las plantas son seres vivos, no se trasladan y justamente como no se trasladan, necesitan el permanente control de una persona”, consideró.

Por último, transmitió que los viveristas “estamos abiertos  a cualquier manera de integrarnos con la comunidad,  queremos hablar sobre el arbolado urbano para nuestra ciudad y que refleje el entorno en el que vivimos”.

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