2016-03-11

Las realidades que se esconden en el barrio Nahuel Hue

Ubicado en el Alto de la ciudad, es uno de los sectores más populosos y humildes. Cientos de familias que viven con falta de servicios, muchas veces son estigmatizados por su pertenencia social.

La historia parece repetirse en cada barrio del Alto de Bariloche. Falta de servicios, falta de gas, falta de obras públicas. Faltas, ausencias y estigmatizaciones que esconden realidades mucho más complejas muchas veces invisibilizadas por los mismos prejuicios.

Esta situación, dispuesta a perpetrarse en tantos rincones de la ciudad, es la que atraviesa el barrio Nahuel Hue. Limítrofe con el barrio Malvinas, tanto que llegan a confundirse, tuvo un crecimiento poblacional muy grande en los últimos años. Quizás por los precios de los alquileres, quizás por el acceso a la tierra en cualquiera de sus formas, quizás porque es la única opción vigente, es el lugar elegido por muchas familias y personas que llegan de otros pueblos, ciudades o países. Caminando por la calle se pueden escuchar tonos norteños, chilenos, o hasta centroamericanos, sin olvidar a los clásicos nacidos y criados de Bariloche.

“Una vez que te conocen, hay mucho respeto”, explica Emilio que llegó a radicarse en la ciudad hace seis años junto a su esposa y un pequeño nieto que es más un hijo para ellos. Oriundos de Santa Rosa, provincia de La Pampa, llegaron a Bariloche en busca de oportunidades.  Se instalaron en el barrio donde también tienen una iglesia evangélica humilde, una de las más de 8 que se encuentran caminando por las manzanas del barrio.

María y Emilio llegaron al barrio hace seis años.

Su esposa María sale a la vereda cuando ve gente, y sin vueltas, se muestra predispuesta a contar su historia, que no es poca. Padecen la misma realidad que miles de vecinos de Bariloche: falta de gas, frío, poca plata para la leña. Pero además, en octubre de 2015 tuvieron que ver como se incendiaba su casa con todas sus pertenencias adentro. “Por suerte, estamos vivos”, cuenta María.

Emilio y María son esa clase de gente a las que les gusta ver el vaso medio lleno. Más allá del incendio “lo bueno es que estamos vivos”, afirman. De a poco, y con la ayuda de vecinos y no vecinos, pudieron ir rearmando un hogar. “Apenas la gente escuchó en las noticias lo que nos pasó, llegó ayuda. La gente es muy buena”, reflexiona Emilio.

En el patio corre su nieto de 8 años, que va a la escuela del barrio Omega y también a la Escuela Especial 19. Con timidez, dice que “me gusta vivir en el Nahuel Hue porque puedo jugar”. Es que en las calles aún se ven niños jugando, en bicicleta o acompañados de los numerosos perros que visten las veredas.

En el barrio funciona el centro cultural Ruka Che, donde asisten más de 300 personas a una lista infinita de cursos que se brindan durante la semana. Este año serán más de 27 talleres que van desde gimnasia hasta panadería para niños.

Marcela Cañás, coordinadora del lugar, habla con entusiasmo de los numerosos proyectos que tienen para este año.  Las realidades son crudas, claro, pero “no hay nada como demostrarle a la gente de lo que es capaz, para que salga de los conflictos sociales”, dice con vehemencia.

Marcela Cañás, coordinadora del centro cultural Ruka Che.

 

Prueba de ello es el grupo de compras comunitarias que se organizó en el centro cultural. Se trata de 11 mujeres que se encargan de comprar frutas y verduras en el Mercado Comunitario para después comercializarlas en el barrio a un precio justo. Pero además esas 11 familias tienen gallineros e invernaderos de donde sacan sus propios productos.

En el lugar funciona una biblioteca lúdica para los niños así “las mamás no tienen excusas”, dice Sandra Rojas, la encargada del área. En la sala hay juegos, libros y un televisor para ver películas durante el invierno.

“Hay mucha desocupación, mucha droga, mucho conflicto”, dice Marcela, pero remarca que “muchas de las personas que entran en ese círculo, comienzan a salir cuando ven que hay una posibilidad”.

Al ser consultada sobre la inseguridad y la delincuencia en el barrio, Marcela no duda en afirmar que “existe como en todos lados”, pero que de todas maneras “hay códigos. Una vez que te conocen y te ubican, no hay conflictos”.

En el barrio también hay un centro de salud que funciona detrás del centro cultural y donde se atienden los vecinos. “La atención es muy buena”, sintetiza una de las pacientes que espera a ser llamada pero no quiere hablar.

También hay una biblioteca llamada Néstor Carlos Kirchner, inaugurada en 2012 y abierta al público de lunes a viernes de 9 a 18. “A veces no vienen tantos chicos como quisiéramos, pero siempre hay gente que consulta libros, chicos que vienen  a hacer la tarea o a leer algo para distraerse”, comenta la joven que se encontraba en el lugar.

Biblioteca Pública Néstor Carlos Kirchner.

El barrio Nahuel Hue, como tantos otros, es un rejunte de vivencias, de realidades y de historias que merecen ser contadas, pero que muchas veces quedan ocultas atrás de los robos y enfrentamientos. Hay vecinos que riegan sus patios desde temprano, que juntan la basura, que salen a trabajar cada día. Hay gente que quiere vivir dignamente, aunque a veces las condiciones sociales se lo dificulten, aunque el gas no llegue y el agua haya que buscarla en otro lado, aunque las cloacas no existan y todavía haya excusados en el fondo del patio. Hay gente que a pesar de todo eso, vive dignamente y eso merece ser destacado. (ANB

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