2016-02-26

De un campamento vial al barrio Pilar I

A fines de 1960 la empresa Robles llegó a la zona para pavimentar la ruta que une Bariloche con El Bolsón. Se instaló en la Pampa de Buenuleo junto a familias trabajadoras, y fue el principio de lo que hoy se conoce como el barrio Pilar I.

Localizado frente al Vertedero Municipal, la historia del barrio Pilar I se remonta a varios años antes de la creación del basurero. Allá por los años 60, cuando Bariloche no era más que un pueblo con menos de 20 mil habitantes, llegó una empresa llamada Robles, que sería la encargada de construir parte de la ruta 40 que une Bariloche – El Bolsón. La firma desembarcó en la ciudad con muchos trabajadores que a su vez, vinieron acompañados por sus familias. Se armó así un campamento vial que con el paso de los años, se terminó transformando en el barrio Pilar I.

No es grande en comparación a otros, pero si uno de los barrios con más historia de Bariloche quizás, poblado hoy por más de 100 familias, algunas de ellas incluso, miembros de aquel campamento Robles, como se lo conoció por mucho tiempo.

Las tierras utilizadas para el campamento pertenecían a don Antonio Buenuleo y fue el quien las cedió a la empresa para que se instalaran allí los trabajadores con la condición de que abrieran caminos campo adentro, que serían luego las calles del barrio. Daniel Fuentes, vecino del Pilar I e historiador, remarcó a ANB la importancia de llamar “por su nombre” a la Pampa de Buenuleo (comúnmente se conoce al sector como Huenuleo), ya que se debe al apellido de los pobladores originarios de la zona.

Pasaron los años y el sector, uno de los más alejados del caso céntrico de la ciudad, continuó creciendo. En 1983 surgió la necesidad de nombrar al barrio, ya que se lo seguía reconociendo como el campamento Robles.

El 21 de mayo se realizó una asamblea vecinal con la presencia de Antonio Buenuleo y se propusieron varios nombres, pero tomó fuerzas la denominación Pilar, debido a que la abuela de Buenuleo se llamaba así. Pilar Curinao, fue entonces homenajeada en un pequeño vecindario del sector sur de la ciudad, allá donde aún no había muchos barrios más.

Durante unos años funcionó una escuela primaria que fue construida en un terreno cedido por Antonio Buenuleo, pero en los 80 el Consejo Provincial de Educación decidió reabrirla en el sector del actual barrio El Frutillar.

El agua para el barrio era provista de la Cascada Ventana, ubicada en el cerro del mismo nombre, al pie del cual creció el Pilar I. En 1984 un vecino donó una porción de tierra para construir un tanque que abastezca a todos los vecinos del vecindario, pero el servicio fue deficiente durante varios años, hasta que una década más tarde los propios habitantes del lugar, construyeron las instalaciones del nuevo suministro.

En 2008, Daniel Fuentes junto a Paula Núñez, lanzaron “Identidad y lucha por la tierra en San Carlos de Bariloche”, un libro en el que se recopila la historia del barrio Pilar I centrada en la necesidad de visibilizar a los sectores que muchas veces “quedan escondidos con la historia de la ‘Suiza argentina’”, manifestó Fuentes.  En el libro se pueden leer un sinfín de anécdotas barriales, sin olvidar la larga historia que esconde el Pilar.  

Daniel Fuentes, vecino e historiador del barrio Pilar I. 

Actualmente la historia continúa más o menos por el mismo lado. Los vecinos no son muchos, el barrio se ve prolijo, y las distancias que antes se tornaban largas, hoy son normales. “Por suerte, hace un tiempo aumentaron la cantidad de colectivos y ahora pasan cada media hora”, dice Jesús Ramos, que vive en el lugar desde 1976. Ahora es jubilado, pero formó parte del campamento Robles “como tantos otros, de los que ya quedamos pocos”, relató a ANB desde su portón. Jesús vive tranquilo, “es un barrio muy bueno”, destacó.

En las calles no se ven muchos niños o jóvenes “y es que la mayoría somos viejos”, explicó entre risas. De los primeros años recuerda lindas anécdotas, “todo lo que tenemos lo logramos nosotros, trabajando entre vecinos”, dijo. En el fondo de su patio se ven garrafas de gas, y cuando le consultamos cuál era el problema más importante que los acuciaba, no dudó en decir que era la falta del servicio. “En invierno gastamos muchísima plata en leña y garrafas”, se quejó.

El metro de leña, cuentan los vecinos, ronda los 400 pesos y en tiempos de frío no dura más de 5 días, sin contar que las garrafas aumentan su precio año a año y esto afecta directamente el bolsillo de quienes, por falta de obras o inacción del Estado, se ven privados de un servicio fundamental.

Los vecinos concuerdan en que el barrio no tiene grandes problemas. La inseguridad no es mucha, dijeron agradecidos, pero lo que sí permanece sin solución desde hace más de 30 años, son los títulos de los terrenos. Como Junta Vecinal, mantienen el reclamo en vías judiciales desde hace mucho, “pero parece que nadie hace nada”, se quejó Jesús.

Jesús Ramos, vecino del barrio Pilar I desde 1976, ex trabajador del campamento Robles. 

En 1983 se corrieron rumores de un posible desalojo. Fue el mismo intendente de esa época, Osmar Barberis, quien le dijo a los vecinos “¿De qué se quejan ustedes? Si están como intrusos, peor que los chanchos que están allí”, según consta en el libro antes mencionado. Finalmente, no hubo conflictos, pero tampoco soluciones.

En los últimos años el barrio creció, aunque no al ritmo que lo hicieron otros sectores de Bariloche. De todas maneras, se ven casas más nuevas, y caras también. Antonio Arabales vive en el Pilar I desde hace 13 años, tiempo que el cataloga como “poquito”. “Acá hay vecinos que viven hace 40 años, así que yo no soy un viejo poblador”, manifestó entre risas.

Antonio tiene un taller de caños de escape. Trabajó muchos años en el Gato Guzmán y ahora “soy mi propio patrón”, dijo complacido. En su enorme patio se ven gallinas cacareando de fondo, árboles frutales y un lugar para la fosa donde repara vehículos. Le preguntamos cómo vivía en el lugar y sin vueltas sostuvo que “muy tranquilo”.

Los problemas son los mismos en todas las voces vecinales: falta de gas y de cloacas, pero a resumidas cuentas, en el Pilar I no piden más que obra pública. Los vecinos se conocen entre sí, hay buena relación entre ellos, los episodios de inseguridad son pocos, “y los que hay muchas veces son protagonizados por gente de afuera”, sintetizó Antonio.

Antonio Arabales, tiene un taller mecánico y hace 13 años vive en el Pilar I. 

Lo que lamentan de igual manera todos los vecinos, es la basura que arroja gente de otros barrios en la entrada del Pilar I, a la vera de la ruta 40. “Ya nos cansamos de limpiar todo el tiempo eso, para que enseguida venga alguien y vuelva a tirar residuos de todo tipo en nuestro ingreso”, se quejó Jesús.

Más de 40 años pasaron desde la instalación del campamento obrero Robles y de él quedan muchos recuerdos, pero también una base bien fundada, un barrio sólido, un recorrido por el tiempo contado nada más ni nada menos que por sus propios protagonistas. Muchas veces los relatos oficiales muestra un lado de la historia, olvidando que son los protagonistas multifacéticos, subalternos e invisibilizados por la misma sociedad, los que hicieron posible el hoy, el presente, el ahora. (ANB)

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