2016-01-17

La identidad barrial reflejada en cada vecino del barrio Lera

Hace más de 60 años llegaban las primeras personas a instalarse en el sector. Hoy superan las 6 mil familias, según los vecinos. Lo que más añoran y a la vez, lo que no quieren perder, es el sentido de pertenencia social que les da vivir en el lugar.

A la hora de hablar de barrios de Bariloche, uno de los más antiguos y con más historias, es el Lera. Lleno de relatos,  recuerdos e identidades, el populoso sector que bordea parte de la conocida barda del Ñireco vive día tras día, intentando mantener algo de aquel vecindario que inició hace más de 60 años.

Como todo barrio, tiene cosas que lo identifican, que ubican geográficamente a cualquier vecino en cuestión de minutos. La escuela Ramón Jiménez, un importante centro de salud y la escalera de la barda son parte clave del Lera actual, aunque antes, recuerda Elsa Cid, una de las más antiguas vecinas, “lo que nos identificaba eran las quintas”, explica haciendo referencia a las grandes huertas que supieron tener las pocas familias que habitaban la zona.

Elsa rememora y asegura que su mamá fue una de las primeras en llegar al barrio, aunque aún no llevaba el nombre actual. “Esto estaba todo vacío, éramos contados los que vivíamos por acá”, manifiesta en diálogo con ANB, mientras ceba mate dulce. “Esto era todo lagunas y pasto”, añade.

El lugar de reunión de los vecinos es la Junta Vecinal, que retomó su impulso hace 6 años atrás, luego de haber estado inactiva durante décadas. Allí también se acerca Rosa Ledesma y Roberto Paillacoy, presidente del barrio. Cada uno prepara su mate, amargo y dulce, “hay para todos los gustos”, señala Elsa.

“Este es un barrio con mucha mística”, resume brevemente Paillacoy, expresando el cariño que siente por el barrio donde pasó gran parte de su vida.

La charla es guiada permanentemente por estas dos mujeres que comienzan a recordar momentos que pasaron siendo niñas que crecieron en un vecindario donde “todos nos conocíamos; para las fiestas nos juntábamos todos y celebrábamos juntos”, apunta Elsa y añade que “antes no conocíamos a Papá Noel” a modo de broma.

El barrio Lera comprende desde Segundo Sombras hasta la calle Dos de Agosto, partiendo desde 9 de Julio hasta Vuelta de Obligado.  Una gran cantidad de cuadras que aglutinan a más de 6 mil familias, según los cálculos de Paillacoy.

Entre los recuerdos de las vecinas surgen nombres conocidos. “De acá salieron un montón de políticos”, sostiene Elsa y menciona a Esther Acuña, Irma Haneck, César Miguel, e incluso recuerdan a Alberto Icare, que aunque no vivía allí, “venía todo el tiempo y compartía con nosotros como uno más”, aseguran.

Parece ser que las anécdotas marcan la vida de cualquier persona, sobre todo de las que vivieron en un barrio donde los grupos de amigos eran grandes, y los días de diversión también. Rosa se ríe y recuerda cuando “corríamos al toro de Lera”. Es que la familia Lera tenía animales en la zona, que en esa época eran extensos campos con muy pocas casas alrededor. El juego de los niños de aquel entonces era correr cuando el toro salía de su corral. Las mujeres se ríen y se acuerdan de tantas otras cosas más.

Al consultarles por el aspecto que menos les agrada de su barrio actual, no dudan en decir que el aumento de la población trajo consigo un aumento del desconocimiento entre vecinos. “Antes todos nos ayudábamos, ahora capaz te desmayas en tu casa y el de al lado ni se da cuenta”, reflexiona Elsa.

Muchas de las primeras familias que vivieron en el barrio se fueron y llegó gente nueva, aunque los vecinos aseguran que es un sector “más bien de gente grande, no hay tantos jóvenes”.

De todas maneras, el barrio también tiene movimiento joven. De a poco, en los últimos años, la Junta Vecinal también les dio un espacio a los chicos, para que tengan opciones y actividades cerca de sus casas. En la sede vecinal se dan diversos talleres, entre ellos de folklore, taekwondo,  hip hop. Además también hay opciones para las mujeres y adultos, con clases de pintura, de cerámica y corte y confección.

Actualmente los vecinos tienen el deseo de impulsar más áreas verdes, con plazas y árboles, pero que “no nos hagan perder la identidad del barrio”.

El barrio Lera se define como “peronista”, según manifiesta Elsa, aunque reconocieron que muchos de los vecinos no quieren relacionarse con temas políticos. “La realidad es que todo es política”, señala Paillacoy. “Acá todos queremos hacer cosas por el barrio, queremos volver a encontrarnos después de años en los que se perdió la credibilidad”, señala haciendo referencia a los ’90, cuando para ellos “hubo un vaciamiento en las instituciones que hicieron que descreamos de todo”.

El tema de la identidad parece ser algo puntual para los habitantes del barrio. Muchas veces, sentirse identificado y representado por un barrio es esencial para las personas. Contribuye a la construcción social de cada vecino, y es el sentido de pertenencia a determinado sector de la ciudad, lo que en resumidas cuentas, los define. (ANB)

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