Barrio Lera, 22 años sin obra pública
La basura es un problema general de Bariloche, pero hay sectores donde la situación se agrava más. La barda del Ñireco, que forma parte del barrio Lera, es uno de las zonas donde más desechos de todo tipo se arrojan, y esto trae como consecuencia, incendios constantes en la época del verano. Además, un constante reclamo de los vecinos también está dirigido a las cloacas, ya que hay 100 familias que aún no cuentan con el servicio. Basura y pozos ciegos son las preocupaciones centrales de las familias que viven en uno de los barrios más grandes de la ciudad.
En el Lera, asegura el referente barrial Roberto Paillacoy, hay más de seis mil familias, pero la cifra concreta de habitantes no pudo ser corroborada en el municipio, ya que desde la Dirección de Juntas Vecinales aseguraron “no tener idea”.
Si bien los problemas en la barda del Ñireco son históricos, en los últimos años la cantidad de basura que la gente arroja en el lugar se intensificó. Esto acarrea serias consecuencias. “Antes no teníamos hantavirus”, recuerda Rosa, una de las vecinas más antiguas del barrio, haciendo referencia a los primeros años, cuando podían andar por la zona sin preocupaciones de contraer enfermedades causadas por la contaminación.
En la barda se construyó una escalera que une un sector que queda aislado de no ser por las “cortadas” que la misma gente abrió con el paso de los años, y un camino de tierra en muy mal estado, que desemboca en el barrio San Francisco I. El tránsito peatonal por la zona es muy grande, porque de lo contrario, para llegar al a cruzar el puente o la pasarela del río Ñireco, la vuelta por la calle Segundo Sombras implica varias cuadras más.
La contaminación generada por la basura que suele pasar largos períodos de tiempo en el lugar, termina también, poniendo en peligro a la gente que transita por la zona. Además, debido a este mismo inconveniente, en temporada de verano, los incendios son constantes. Sin ir más lejos, desde el año pasado hasta la fecha, se registraron alrededor de 180 focos de fuego, que fueron combatidos por personal del Splif.
Hace unos años atrás, recuerda Paillacoy en diálogo con ANB, se realizó un trabajo conjunto entre el municipio y los vecinos para limpiar la barda. En total, se retiraron 680 contenedores de basura, que fue recolectada por los propios habitantes de la zona. “Si tengo que volver a hacerlo, lo pienso dos veces”, aclaró Pallacoy, por el peligro que representó para la gente que limpió el lugar, sin tener un seguro ni un sueldo, sino que simplemente lo hicieron para colaborar con la limpieza del barrio.
Los vecinos del barrio se quejan, y con razón. Desde 1994 no se realizan obras públicas en el sector, y “al final, todo queda en promesas”, se lamentó Rosa. Las últimas promesas políticas en cumplirse, fueron las cloacas, pero no para todos, según apuntaron los habitantes del Lera. Aún hoy, hay 100 familias que viven sin el servicio, y tienen que continuar usando el pozo ciego.
El reclamo se hizo eco el año pasado, cuando los vecinos protestaron y le pidieron al gobernador Alberto Weretilneck que recorra las calles con ellos, para que conozca la situación. El problema no es solo la falta de cloacas, sino que la zona es tierra de mallín, y esto genera que constantemente suban las napas, con los desechos de los pozos ciegos incluidos.
“La gente tiene que vivir con el olor y las complicaciones que genera no tener cloacas”, se quejó Paillacoy y remarcó que son alrededor de tres cuadras a las que les falta el servicio, ubicadas de la calle Neuquén hacia arriba, “parece que no importaran por estar más lejos del centro”, añadió a modo de crítica.
La mayoría de las viviendas que no tienen red de cloacas están ubicadas al borde de la barda. Un terreno complicado por los desniveles, que además en invierno suele presentar riesgos de derrumbes.
Los vecinos recuerdan un sinfín de obras postergadas, y sostienen que esto “también es violencia”. El gimnasio de la escuela Ramón Jiménez es otra de las “promesas que quedó en el aire”, señala el referente vecinal, quien señaló que desde el gobierno provincial les habían confirmado el inicio de los trabajos para diciembre, y “a esta fecha todavía no pasa nada”.
Con algo de enojo, remarcan que el barrio genera casi un millón de pesos en el pago de tasas municipales, pero “esto no se ve traducido en buenos servicios, ni en nuevas obras públicas”, entonces los vecinos “sentimos que aportamos en un saco roto”, añaden.
Al consultarles sobre la relación con la actual gestión municipal, no dudaron en asegurar que se trata de un gobierno “autoritario” en el que “no hay consenso”, aunque esperan que se generen espacios de inclusión barrial.
Veintidós años después de la última obra que vieron los vecinos, hoy siguen esperando que alguna de las declaraciones políticas deje de ser simplemente eso, y se convierta en algo tangible, concreto, que beneficie a uno de los barrios más populosos de Bariloche. (ANB)