Una alternativa al matrimonio: la unión convivencial es un hecho en Río Negro
Las parejas rionegrinas que compartan techo y no quieran casarse tienen desde ahora la alternativa de formalizar su relación bajo la nueva figura de la unión convivencial, que establece el flamante Código Civil y Comercial de la Nación.
A través de un decreto, el gobernador Alberto Weretilneck habilitó al Registro Civil y Capacidad de las Personas de Río Negro a la inscripción de este nuevo contrato.
El nuevo Código, que entró en vigencia en agosto pasado, introduce las “uniones convivenciales”, es decir, aquellas “relaciones afectivas de carácter singular, pública y notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y comparten un proyecto de vida común sean del mismo o diferente sexo”.
Para el director provincial del Registro Civil, Lucas Villagrán, esta nueva figura tiene que ver con dar un marco legal a un tipo de relación que se impone en la realidad. “Hoy, indudablemente, son más quienes conviven que los que contraen matrimonio”, argumentó.
La unión convivencial establece un mínimo de obligaciones: asistencia entre los integrantes de la pareja durante la convivencia, obligación de contribuir a las cargas del hogar, responsabilidad por las deudas comunes y protección de la vivienda familiar.
A diferencia del matrimonio, los convivientes no son herederos previstos por la ley y no existe entre ellos un régimen de comunidad de bienes legal y automático. No obstante, esos aspectos se pueden dejar asentados en un pacto de convivencia, es decir, un acuerdo sobre cuestiones que hacen a su vida en común y que están más allá de los deberes que asumen de por sí. Por ejemplo, se podrá prever quién se quedará con las mascotas o con los bienes en caso de separación. Si bien no es un requisito, aquellos que opten por realizar estos contratos deben llevarlos ya rubricados ante escribano público.
“La unión convivencial trata de resguardar todas aquellas cuestiones que tienen que ver con lo que se construyó como familia para que en una eventual separación, las personas no queden en el desamparo”, explicó Villagrán.
Esta figura implica un trámite similar al de un casamiento civil, aunque sin la celebración: las parejas tienen que solicitar un turno ante el Registro Civil, presentarse con testigos y dejar constancia de su voluntad en un libro, sólo que todo el proceso se realiza en una oficina sin ceremonias ni discursos.
Otra facilidad recae en que ahora la convivencia se deja asentada a través de una declaración jurada y no es necesario certificarlo como en el antiguo trámite de concubinato.(ANB)