2014-12-20

Barilochenses por Sudamérica: “Somos todos hermanos”

Con esa frase, Andrés y Federico resumieron la experiencia de recorrer el continente a bordo de un Toyota Celica del año 1981, durante cinco meses y medio. De vuelta en Bariloche, pormenorizaron la aventura, contaron anécdotas, recomendaron lugares para visitar y sinceraron qué definiciones de vida tomaron a partir del viaje: entre otras, resignificar la integración latinoamericana.

Jóvenes barilochenses volvieron de su viaje por Sudamérica, y transmitieron la significativa experiencia. En el marco de la actual revalorización de la identidad latinoamericana a partir de un contexto social y político propicio, dos jóvenes barilochenses decidieron transitar la “Patria Grande” a bordo de un Toyota Celica del año 1981, durante cinco meses y medio. Planificaron recorrer 25 mil kilómetros, pero finalmente alcanzaron los 32.605 kilómetros.

Federico y Andrés recorrieron Argentina desde Bariloche hasta Jujuy. Cruzaron a Chile por el Paso de Jama y visitaron en Antofagasta, Iquique y Arica. Desde ese punto llegaron a Bolivia, pasando por La Paz y Copacabana (lago Titicaca). Luego Perú, de sur a norte, pasando por Machu Picchu, Ecuador (visitaron las Islas Galápagos), Colombia, Venezuela, Brasil (cuatro días de navegación por el Amazonas, llevando el auto en el mismo barco), Paraguay y Uruguay. Luego, regresaron al mismo punto de partida: Bariloche.

Federico Viegener (29) es abogado, y Andrés Carrasco (30) trabaja en una empresa que distribuye productos alimenticios. Ambos viven en Bariloche y son amigos desde hace un largo tiempo. Se conocieron cuando cursaban quinto año en el Colegio Don Bosco. Desde aquella época, fueron forjando una amistad que se consolidó con el correr de los años.

En cuanto a cómo tomaron la decisión de realizar el viaje, Federico contó que “fue a partir de una idea que tengo desde los 20 años. Estaba terminando la carrera, no tenía un mango. Pasó el tiempo, volví a Bariloche, trabajé, y hoy se dieron las condiciones. Sólo me faltaba un acompañante…”.

Andrés (Andy): “Y yo pensé en dos opciones: trabajo o irme de viaje, trabajo o irme de viaje. No fue muy difícil decidir”, ironizó.

ANB: ¿Por qué Sudamérica?

Federico: Porque siempre me pintó la idea de salir y volver al mismo punto con el auto en un viaje. Salir, dar una vuelta y volver.

Andy: Se hizo larga la vuelta.

Ambos contaron que en la práctica, “hicimos todo el viaje sin saber de mecánica. No pinchamos una goma ni una vez, el criquet no se usó”, confiaron entre risas.

Es que los jóvenes contaron con el respaldo de miembros de clubes de autos de toda Latinoamérica. Los alojaron, les facilitaron alimentos, e incluso les repararon el auto en más de una oportunidad. Con esa red a su favor, se lanzaron a la aventura, a un sueño en plena vigilia.

Con la ayuda de Internet, comenzaron a configurar el circuito, que poco a poco se fue extendiendo hasta convertirse en un recorrido extraordinario. En este sentido, indicaron que la web les sirvió para "ir viendo lugares, diagramando el recorrido y saber qué rutas tomar".

Los jóvenes también valoraron el aporte "fundamental" de un sponsor -una reconocida chocolatería de la ciudad- que los respaldó durante todo el trayecto.

La travesía de Federico y Andrés será plasmada en un libro, sobre el que ambos ya están trabajando. Esos escritos, oficiarán de documento de una serie de anécdotas y experiencias que los jóvenes anticiparon a ANB con lenguaje coloquial, y en primera persona.

Por estos días, en Bariloche, los jóvenes debieron comenzar a reincorporarse a su cotidianidad laboral y familiar. “Me bajé del auto, y al día siguiente tuve que retomar el trabajo. Sin anestesia. Es difícil, es una rutina totalmente diferente. Lo único bueno es que ya estaba acostumbrado a levantarme temprano. Eso no lo sufrí”, ironizó Andrés, y contó que al retomar el trabajo “ves las cosas de manera diferente, te olvidas de cómo hacer cosas diminutas. No me acordaba de cómo guardaba los papeles en el escritorio y tuve que reorganizarlos”, detalló.

Explicó además, que también se modifica “la forma de trabajar, todo se toma de manera más relajada”. Con ese aspecto, Federico coincidió: “A mí también me pasó eso, estoy más relajado, más tranquilo. Fue raro volver al trabajo y sentarme en el escritorio en una oficina después de 6 meses de andar en la ruta, todo shock. Es raro estar caminando por los pasillos de tribunales después de ese viaje, un cambio enorme. Papeles, escribir, estar con el Word bajando libros o Códigos. Es otra historia”, describió.

Y ambos anticiparon que “ya estamos pensando en el próximo viaje. Estamos soñando con otro viaje”.

Pero antes seguir soñando, deberán atender a una de las cuestiones terrenales, que atraviesan a todo viaje extenso, la económica. En ese sentido, contaron que “volvimos bastante bien, gastamos lo previsto". Y precisaron que tenían un presupuesto fijado, pero no diario.

Incluso detallaron que con los clubes de autos y las constantes invitaciones de hospedaje y comida “ahorramos mucha plata”.

Si bien el viaje fue cuidadosamente planificado, la improvisación era la hoja de ruta. “Nos guiábamos mucho por las recomendaciones de la gente”, contaron.

Sobre los lugares que recomendaron visitar, destacaron Medellín, Bogotá, parajes, Mapu Pichu, Galápagos.

En cuanto a la imagen que se tiene de los argentinos en el resto de Latinoamérica, y que los jóvenes percibieron de primera mano en su viaje, contaron que se diferenciaba entre los “porteños” y los oriundos de otras partes del país. “Aflojaban cuando sabían que no éramos de Buenos Aires. Se sorprendían de que seamos tranquilos. Cuando sabían que éramos de un lugar perdido en la Patagonia. Un taxista, después de conocernos, nos dijo que tenía otra imagen de los argentinos. Nos abrieron las puertas, sin conocernos. En La Paz, por ejemplo, llegamos a las 12 de la noche a una casa de unos de los hombres de un club de autos. Él se iba de viaje, y nos dejó las llaves de su casa, nos permitió quedarnos. En Bogotá nos ocurrió algo similar, y también en Mendoza. Damos confianza”, bromearon.

ANB: ¿Cómo se vinculan con conceptos como el de Patria Grande, o integración latinoamericana, especialmente después de este viaje? ¿Se resignifican?

Federico: Nos pasó mucho, y donde más lo sentimos fue en Brasil, aunque parezca mentira, porque hay una barrera idiomática y justo había pasado el mundial, por lo que fuimos un poco precavidos. Estábamos navegando en el Amazonas y un tipo que conocí ahí se me puso a hablar. Y yo no hablo portugués, se me hacía imposible. Pero nos hablaba de que en Latinoamérica somos todos hermanos, y eso me quedó muy grabado. Era el país del que menos me lo esperaba. En Brasil la onda con nosotros fue impresionante.

ANB: Entonces, después del viaje ¿sienten que existe esa una identidad latinoamericana, un proceso común en la búsqueda de autonomía cultural, social y económica?

Federico: Sí, se vive, más allá de ciertas diferencias culturales, y de que ciertos pueblos tienen mucho más legado indígena que Argentina, como Perú o Bolivia, pero hay una identidad, se ve eso en todos los pueblos. Hay una forma de ser común. Más allá de que por ahí los venezolanos son más ruidosos y fiesteros, te comunicás de toque. No es que tardás una hora en entrar en ritmo, a los 5 minutos es como estar con otro argentino. Nunca existió una barrera, muy rápido se entraba en confianza, era automático.

ANB: ¿Sintieron el peso de la historia de los lugares que visitaron? En algunos puntos de su recorrido estuvo el Che (Guevara), hubo intentos de revoluciones, levantamientos, resistencia.

Federico: Si, pero esquivamos muchos temas políticos por las dudas. Temas como política y fútbol mejor esquivar.

Andy: Nos concentramos en disfrutar del paisaje y la gente.

ANB: ¿Pero se cruzaron con rivalidades políticas internas en algún país?

Federico: En Venezuela nos pasó, es un lugar bastante particular en este momento. Compartimos con gente que estando dentro de un mismo club de autos tenía ideas disímiles entre sí. Había gente que apoyaba la revolución y el chavismo, y gente que no. Convive perfectamente uno al lado del otro, y pueden tener conversaciones sin matarse. Eso nos llamó la atención, porque allá está todo muy polarizado el asunto. Pero no sé, se puede hablar y escuchamos opiniones de uno y de otro. Y te respetan lo que vos opines también.

ANB: ¿Les preguntaron por la política argentina, por Cristina (Fernández de Kirchner)?

Federico: Preguntaban, sí, porque ven cierto parecido en cuanto a situaciones. Pero en el resto de los países no hablamos de política, sólo rumba y ron de noche.

Descifrar cuánto influyó en las vidas de estos jóvenes este viaje, es complejo y se trata de una información clasificada, a la que sólo ellos tienen acceso.

Lo cierto es que el “boom latinoamericano” actual, el político, opera como caja de resonancia de experiencias como esta. Simple, casi familiar. Y por eso profunda y reveladora. (ANB)

Anécdotas y un tercer protagonista

En Sincelejo, Colombia. “Íbamos de Medellín a Cartagena. En Sincelejo, un pueblo por el que no pasa nadie, un tipo nos estaba esperando, nos recibió en su departamento, nos invitó a comer y nos ayudó a reparar el auto. Un genio. Tenía una energía increíble. A la mañana nos hacia el desayuno. Estuvimos unos 4 días, en ese lugar en el que nadie haría una parada. En el 2008 este mismo tipo vino a Bariloche, con un auto de 1928. En tres meses y medio unió Sincelejo con Bariloche. Alto personaje, se dedica a recibir viajantes. Tiene una pared con fotos de sus visitantes sacadas en el mismo lugar de su casa.

En San Salvador de Jujuy, los hermanos Segovia nos recibieron muy bien. Nos repararon el auto, y nos dieron empanadas. Les dimos una caja de chocolates (de la empresa que los auspició) y dos calcomanías con el logo del viaje. Por ese simple gesto nos abrazó, estaba emocionadísimo".

Cruce a Bolivia. "Entramos a Bolivia y nos dieron un papel con casilleros para completar. Nadie te explica nada. Pero nos dijeron que nos faltaba hacer un trámite que tendríamos que haber concretado antes. Nos plantearon que para cruzar desde Chile, teníamos que dejar el auto en ese país, y entrar caminando para hacer los papeles de importación del vehículo. Mientras que en cualquier otro lugar se hacen en la aduana. Nos llevó 4 horas el trámite.

Pero salir de Bolivia fue todavía más gracioso. Llenamos un par de papeles, y llegamos a una tranquera que dividía la frontera entre Bolivia y Perú. Los gendarmes bolivianos estaban comiendo y les preguntamos cómo salir. 'Levantá la tranquera y pasá', respondieron. Y eso hicimos, la levantamos, cruzamos y la bajamos. Así es el ingreso a Bolivi"a.

ANB: ¿Se pelearon o tuvieron discusiones durante el viaje?

Andy y Federico: Si nos dábamos cuenta de que el otro estaba enojado, no nos hablábamos. Podían pasar 4 horas si hablarnos, y estaba todo bien. Nos entendimos rápido.

En tanto, el padre de Federico, Gerardo Viegener se sumó a la entrevista de ANB, con un valioso aporte. “Creo que los clubes de auto fueron fundamentales en el viaje de los chicos, es una hermandad, una tribu. Competían entre ellos para saber quién los atendía mejor, mientras en las redes sociales se difundía el viaje (www.facebook.com/sudamericaencelica) y el recorrido. A mí, como padre, eso me tranquilizaba”, expresó.

Y reflexionó: “Es increíble cómo cambiaron los paradigmas de la vida. Cuando yo me recibí de abogado tuve que ponerme a laburar, me casé y tuve hijos. Olvidate de hacer un viaje como este. Hoy ese paradigma cambió, y un viaje como este resulta formativo”.

Por último agregó: “Fijate a qué punto llega la indefinición de ellos. Mi hijo tiene un estudio disponible para trabajar, pero está evaluando si se queda o no. Pero gracias a este viaje, obtuvo importantes respuestas. La pregunta era Bariloche si, o Bariloche no. Con el viaje, definió que Argentina es el mejor lugar para vivir y dentro de Argentina, lo mejor es Bariloche. Falta que defina si va a trabajar o no como abogado”, ironizó Gerardo, y trazó una analogía: “Los médicos tienen una obligación. En una operación tienen que explicar las posibles dificultades que pueden presentarse durante la intervención y en función de esa información el paciente decide si está o no de acuerdo y firma lo que se denomina un consentimiento informado. Este viaje les permitió a los chicos conocer otros lugares, y ver otras cosas. Ahora eligen Bariloche con consentimiento informado. Fue formativo, ese fue el paradigma del viaje”, insistió. (ANB)

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