"Holy Motors", de Leos Carax (2012). El sagrado motor del cine
La primera impresión que se tiene al estar frente a la pantalla (cualquiera) que proyecta o emite "Holy Motors", es similar a la adrenalina y al temor calculado que se siente al subirse al tren fantasma. Sabemos o intuimos que se trata de un juego, aunque experimentamos el miedo y los nervios. Leos Carax nos invita al juego del cine (y del arte todo por que no) ya en su primera escena, cuando él mismo, logra traspasar una pared de su casa para entrar a una oscura pero aún viva sala de cinematógrafo.
Todo indica ya para el desprevenido espectador, que se está en un territorio inasible. Nunca sabemos para quien trabaja el personaje central; sólo que viaja en una limusina blanca conducida por una mujer que intuimos, algo tiene que ver con el hombre.
El crítico cinematográfico Roger Koza define el film magistralmente: "...film sensible, libre y feliz sobre el cine como motor de los sueños y los deseos".