True detective
Cabe aclarar en principio que TRUE DETECTIVE no es una serie al uso; se trata en este caso de una miniserie de ocho capítulos en total. Aspecto que la emparenta con el estilo inglés, que habitualmente presenta sus propuestas en formatos similares de miniseries de cuatro, seis u ocho capítulos. La peculiaridad de esta nueva apuesta de HBO, es que será un conjunto de varias miniseries, siempre con el mismo nombre, pero cambiando las parejas de policías y ubicando la acción en distintas locaciones de los EE.UU. Esto permite que tono y forma, estilo y estética de la serie, tengan una unidad peculiar en la teleficción de la HBO.
Primero lo primero
Los títulos de inicio, la secuencia de apertura o, lo primero que vemos al ver la serie, ya tiene la suficiente información y el clima especial que la caracteriza como para prepararnos para lo que se viene. Saúl Bass, quien fuera el diseñador de títulos que revolucionó el cine de Hollywood al introducir en los títulos de inicio, una suerte de minipelícula de lo que vendrá o simplemente del tono o clima de la propuesta total, parece haber sido la musa inspiradora de quien se encargó de ello en esta miniserie. En True detective, la apertura es decididamente exquisita y perturbadora, lo que la convierte en una pieza, que a diferencia de otras series, uno no pasa de largo, uno no la saltea para ir de lleno al asunto principal; uno trata de ver y/o encontrar algo más en esas imágenes, que marcan la desolación noir de sus personajes y sus locaciones. La música de esta pieza es gentileza del músico T-Bone Burnett, aficionado a las novelas policiales, quien ha creado y seleccionado diversos temas que aportan a la creación de una atmósfera llamada por algunos "el gótico norteamericano".
Varios artículos en prensa internacional y ciberblogs han desentrañado en las últimas semanas las tripas intelectuales y culturales de True Detective, que se apoya en múltiples referencias, fundamentalmente literarias, y que van del relato corto "El rey Amarillo" del escritor Robert W. Chambers, publicado en 1895, pasando por H.P Lovecraft y llegando a citas de Nietzche o Ciorán, en labios del personaje interpretado por el gran actor Matthew McCounaghey.
Y aquí hacemos una mención especial dado que la performance de este actor es algo muy en boca de todos hoy en día, sobretodo porque en muy poco tiempo ha acumulado una importante cantidad de personajes que han dado que hablar, aparte de varios premios para el ex galán de comedias románticas de medio pelo. Nosotros los argentinos ya conocemos el caso. Sabemos que mucho tiempo le tomó a Ricardo Darín o a Guillermo Francella, para ser reconocidos como arstistas serios. El mote y el prejuicio juegan muchas veces en contra, como así también las elecciones de los actores al momento de elegir un personaje o no. Matthew McCounaghey viene sorprendiendo desde hace un par de años en un variado ramillete de virtuosas composiciones para cine: Killer Joe, Mud, El Lobo de Wall Street y El Club de los Desahuciados. A su lado está el todoterreno Woody Harrelson y la química entre ambos es perfecta.
Prefiero no adelantar nada sobre el argumento de la miniserie; sólo mencionar que uno de sus tantos aciertos tiene que ver con la existencia de dos tiempos narrativos: uno en 1995 y el otro en 2012; que las desoladoras y perturbadoras locaciones son en Louisiana, que hay asesino serial, pero lo más interesante no está en cómo los dos policías se las ingenian para atraparlo, sino en eso que tan bien mostraba esa obra maestra del cine llamada "Zodíaco" (David Fincher), donde la verdad tiene múltiples rostros y las mentiras no son trampas argumentales sino imposibilidades en el rocoso camino de la investigación, el caso quedará irresoluble, a pesar de que todas las evidencias estén en la pantalla.
No sabemos si esto se repetirá en esta primer entrega de True Detective, pero si sabemos que el ostensible cuidado en el guion y en la dirección, que a diferencia de otras series en donde hay ejércitos de guionistas y varios directores invitados, aquí sólo se apuntan dos personas: Nic Pizzolatto en la escritura y Cary Fukunaga en la dirección. Entre los hallazgos de realización de True Detective, visualmente cinematográfica, nos sorprende al final del cuarto episodio un impresionante plano secuencia de seis minutos durante la refriega de un tiroteo. Y verdaderamente sorprende, ya que en términos generales, la planificación de las escenas es decididamente más lenta que la media habitual de las series made in USA. Aquí también encontramos otra similitud con la experiencia inglesa en ficción televisiva. Pero volviendo a ese "clave" plano secuencia, su maestría es tan evidente como su pertinencia al relato de ese capítulo y de la miniserie entera.
Al igual que con Breaking Bad, estamos seguramente ante otra propuesta de culto, de la cual se seguirá hablando y escribiendo y que para los espectadores será un jalón más en aquella calidad del clasicismo holywodense que por ahora, se ha pasado de la pantalla grande a la chica.
Por Mariano Benito