2013-12-14

The act of killing / El acto de matar (2012), de Joshua Oppenheimer

Al principio uno no termina de creer lo que está viendo. Piensa que tal vez sea un falso documental, un ingenioso producto que se plantea jugar con el espectador. Pero no, no es falso. Lamentablemente para la condición humana, es un ingenioso y valiente testimonio de hasta donde se puede llegar, en el mal sentido claro.

En 1965 el gobierno de Indonesia fue derrocado por un golpe militar. En menos de un año y con ayuda de occidente, más de un millón de "comunistas" fueron asesinados. El ejército utilizó a los paramilitares y gangsters para las matanzas. Estos hombres están en el poder y son los protagonistas de esta película que nos hace entender o, quizás no llegar a entender, como funciona el mundo.

Hace mucho tiempo que escuchaba sobre este documental de Joshua Oppenheimer. Había sido estrenado en nuestro país en el último BAFICI y había causado mucha impresión entre los espectadores. Uno de ellos, el crítico Roger Koza, lo menciona como una de las grandes películas de los últimos años y en una de sus notas de su blog "Con los Ojos Abiertos" www.ojosabiertos.otroscines.com , habla acerca del film y hace una ingeniosa y terrorífica comparación que cito textualmente:

Un ejercicio de imaginación: Videla, Massera, Menéndez, etc. deciden hacer un film sobre sus presuntas proezas patrióticas. En sus fantasías delirantes, luchaban contra un mal reconocible y venenoso llamado comunismo, que iba a mancillar la pureza de la nación y abolir, entre otras cosas, un artículo de fe inviolable: la propiedad privada. Mataron en nombre de la patria y la salvaron de una debacle moral y espiritual.

Imaginemos ahora que los homicidas de la dictadura argentina hubieran triunfado para siempre. Las tres décadas de democracia nunca existieron, y un impúdico relato oficial se ha impuesto como natural. En Ética y Formación Ciudadana los estudiantes leerían una historia casi mítica de cómo mataron y torturaron por amor al prójimo, libraron una batalla contra el mal y lo vencieron. Desde entonces ellos y el mismo pueblo redimido de sus impulsos revolucionarios enfermizos llamaron a sus héroes nuestros "gángsters" (que, además, significa "hombres libres"). ¿Un disparate? ¿Una pesadilla?

En The Act of Killing conocemos a los gangsters. Ellos hablan con el director del documental y le dicen Josh. Pareciera que están a su entero servicio. Sin embargo, pronto nos damos cuenta que en realidad, lo único que les interesa es hacer su propia película "al estilo Hollywood". Porque The Act of Killing es una propuesta de documental, absolutamente original. El director les propone a los gangsters, que para que mejor se entienda lo que hicieron allá en el 65, hagan un film, y la documentación de ese proceso y sus consecuencias, es el propio documental que recomendamos hoy. Cine dentro del cine; la influencia del aparato cinematográfico de Hollywood en el mundo para bien o, en este caso, para mal.

Los dos personajes principales del documental son Anwar Congo y Herman Koto. Ellos se jactan de haber matado a miles de personas, a miles de "comunistas"; ellos muestran en varias oportunidades las distintas formas de matar a los oponentes; ellos actúan de ellos mismos y también de sus víctimas; ellos se visten como gangsters y hablan de Pacino; ellos miran el material que filmaron y reflexionan sobre ello. Pero también en el documental que filma como ellos filman su película reivindicatoria de las atrocidades, Oppenheimer nos acerca a la actualidad de Indonesia, a como la agrupación "Pancasila" de la que forman parte Anwar y Herman entre otros 3 millones, sigue con sus actividades, y es reverenciada en programas de televisión. Conocemos a los líderes, a sus maniobras mafiosas en los mercados cobrando coimas, a otros miembros de la opulenta clase dirigente que se vanaglorian de sus colecciones de animales salvajes embalsamados y a la cómplice prensa del genocidio. Claro que la forma que amalgama este contenido es realmente sugerente, apabullantemente salvaje y de visionado incómodo. Tuve que verla en dos partes; a veces pareciera que es demasiado, que el corazón y la cabeza no aguantan más; sin embargo, aparece la necesidad de tener que terminarlo y aconsejo que lo hagan, porque la película, en su ambiciosa cantidad de preguntas que se hace, hay una en particular que sin duda conmueve y genera el aplauso. Son creo los mejores momentos, en los que se consolida el personaje Anwar Congo y a su vez se va transformando en persona; una persona horrenda si, que poco a poco va empezando a mostrar dudas sobre sus heroicas atrocidades.

Hay una escena en la que los gangsters recrean una matanza en una pequeña aldea. Los habitantes de la misma personifican a las víctimas. Las imágenes son crudas aunque sabemos que nadie muere, es tan sólo una representación, es tan sólo una película como decía Hitchcock. Sin embargo, algunas mujeres y una niña, lloran desconsoladamente. Anwar y los suyos parecen darse cuenta de que se les fue la mano en la puesta en escena. Tal vez, Anwar se está empezando a dar cuenta de sus acciones del pasado. Viendo a este personaje y a otros que pueblan el metraje, me acordé del Capitán Scilingo y de su confesión sobre los asesinados arrojados al Río de La Plata. Pero también hay otros que no presentan remordimiento alguno y se acercan a Videla en ello. Están convencidos de lo necesaria que fue la tarea y generan no pocas preguntas acerca de las acciones de los gobiernos y de la justicia internacional que nunca llega.

El diálogo permanente entre el cine y la realidad es otro de los aciertos de este film. Una gran pregunta sobrevuela todo el tiempo: ¿es el cine, y especialmente el cine de hollywood, influencia en los comportamientos de la gente? ¿Hay algo de la violencia exacerbada y proclamada de muchas de sus películas que se traslada a las mentes de personas y gobiernos? No tengo una postura final o determinante al respecto. Al ver esta cinta o la también reciente The Dirties, me pregunto cúanto de todo ese aparato (que muchos dicen complementa al armamentista de los EE.UU) se filtra en las mentes y en los corazones de los habitantes del mundo que día a día consumen su cine por cientos de millones. Realmente todavía no lo se. Ver The Act Of Killing es casi una obligación y al mismo tiempo una necesidad para poder llegar a obtener una respuesta.

Por Mariano Benito

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