Narco, política, policía y fútbol en Rosario
Después de tres años sin clásico rosarino, hoy a las cuatro y diez de la tarde, en el Gigante de Arroyito, se enfrentan Central y Newell´s. Como sólo podrán tener público canalla, los leprosos ya hicieron sus muestras callejeras de aliento. La fanfarria previa incluyó una invitación de la intendenta de Rosario, Mónica Fein, a los presidentes de Newell´s y Central, Guillermo Lorente y Norberto Speciale, a izar la bandera en el famoso monumento. Un gesto de paz en medio de una campaña electoral en una ciudad sumida en la certeza de que el narcotráfico está en todos lados: tanto en la policía provincial que proveerá más de 2.000 policías para cuidar el estadio como en los líderes de ambas barrabravas.
El periodista rosarino Carlos del Frade, hincha de Central, fue enjuiciado por Andrés Pillín Bracamonte, jefe de Los pillines, la barra canalla. Del Frade lo señaló como el jefe de un grupo que controla el territorio narco en el norte de la ciudad. También señaló a Diego Panadero Ochoa, jefe de la barra de Newell´s, en prisión por la autoría intelectual del asesinato de Maximiliano Rodríguez -homónimo del goleador del club rojinegro- en una pelea interna de barrabravas. Tan oscuras son las actividades de la barra de Newell´s que Rodríguez estaba señalado por los investigadores judiciales como participante de la muerte de tres militantes sociales conocida como masacre de Villa Moreno ocurrida el 1º de enero de 2012 cuando un grupo de sicarios asesinó a Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, militantes del Frente Popular Darío Santillán. Horas antes, Maximiliano Rodríguez había sufrido un ataque y los cinco detenidos por la masacre de Villa Moreno eran cómplices de Rodríguez. La oscura trama de internas narco en la barra de Newell´s se derivó sin explicación visible al crimen de tres militantes. Pero además de los cinco barras detenidos, hay tres policías acusados por dar cobertura a los criminales que esperan el juicio en libertad.
Estaba claro que Rosario está intoxicada de vinculaciones entre los grupos narco y la policía mucho antes de que se produjera el atentado del viernes 11 de octubre al gobernador Antonio Bonfatti en su casa. En las primeras declaraciones, las autoridades provinciales evitaron señalar posibles responsables. Hablaron, como de costumbre, de "todas las hipótesis", y la policía hizo batidas donde lograron detener a cuatro personas. Luego tuvieron que liberar a tres y el cuarto quedó preso por tener una pistola en la casa. Sin embargo, este viernes, una semana después, caía preso un comisario destinado en la regional de San Lorenzo, otro oficial que se desempeñaba en la sección Inteligencia de Drogas Peligrosas así como otros dos uniformados. Las escuchas telefónicas ordenadas por el juez Juan Vienna permitieron determinar su vinculación con la banda Los Monos, cuyo líder, Claudio el Pájaro Cantero, caía muerto en mayo pasado. A fines de septiembre pasado, el juez Vienna había ordenado a la policía realizar infinidad de batidas para capturar a su padre, Ariel, el fundador de esa banda en los noventa. Hace un mes, el operativo policial no daba resultados. Esta vez, el juez capturó a cuatro policías. Entre otras cosas, las escuchas confirman que los uniformados proveían de armas de guerra a los narcos de los monos. La gran pregunta que va quedando clara en el seno del socialismo santafesino es que se termina la convivencia con la venalidad policial. Lo menos que puede decirse es que hubo inoperancia para tomar el toro por las astas. El viernes 11 por la noche, después de que cuatro balas entraron al living de su casa y una de ellas estalló en la mampostería a centímetros de donde estaba sentado, Bonfatti reaccionó. Recibió la solidaridad de todo el arco político y social así como alguna otra señal de que está en la mira de los narco. Raúl Lamberto, su ministro de Seguridad desde junio pasado, no dudó en decir ahora que "la pista policial" está entre las hipótesis de la investigación. El mismo Lamberto y todo el equipo del ministerio recibieron amenazas de muerte en mensajes de texto el mes pasado. Es decir, el ataque a Bonfatti forma parte de una escalada con antecedentes concretos.
¿Por qué Rosario? Bella, culta, atractiva, Rosario tiene varias caras. Una es el boom sojero que deja, entre otras cosas, unos 40.000 departamentos si habitar en edificios pitucos levantados principalmente en la zona costera. Algunos ven en eso la especulación inmobiliaria con activos invertidos en fondos fiduciarios que provienen del lavado de parte de las exportaciones que se hacen en negro. Otros, una minoría selecta con mucha prensa, se quejan de la rapacidad estatal que ahoga a los productores con las retenciones y obliga al poderoso sector de los agronegocios a no liquidar exportaciones y a contrabandear parte de los granos.
El sacerdote Daniel Siñeriz, fundador de la capilla del barrio Nuevo Alberdi, una zona humilde, le dijo esta semana a este cronista que esos 40.000 departamentos son equivalentes a los metros cuadrados del déficit habitacional de los pobres en esa ciudad. Es decir, Rosario tiene pobreza, pero sobre todo tiene una tremenda desigualdad. Siñeriz no dudó en señalar que otro ministro de Seguridad, Leandro Corti, renunciaba en junio de 2012 porque tenía la determinación de avanzar en las investigaciones del narco. Una determinación que no contaba con el plafond necesario. Este sacerdote hace poco envió una carta documento a las autoridades municipales, provinciales y nacionales para que se articulen políticas de Estado para abordar esto que no es un flagelo sino la típica asociación delictiva entre funcionarios públicos policiales y sectores marginales.
La impunidad con la que se manejan algunos de los delincuentes narcos se grafica en la persona de Delfín Zacarías, detenido en septiembre pasado en una casa que alquilaba en Funes. La investigación corrió por cuenta del fiscal federal Juan Murria y el operativo hecho por efectivos de la Federal, y allí se incautó pasta base, precursores químicos y todo lo necesario para montar cocinas de clorhidrato de cocaína. Zacarías, que tenía antecedentes en materia de narco, tenía una remisería de pantalla, pero había hecho compras un poco exageradas para un remisero emprendedor: entre autos y casas, un total de 40, seis autos comprados el mismo día. Así y todo, el material incautado estaba en una casa a su nombre. Parece que no era tanto la falta de previsión como la sensación de impunidad lo que tenía el ahora detenido Zacarías.
Este cronista también habló con Camila Bettanin y Matías Senderey, integrantes de una cooperativa que trabaja con jóvenes de barrios humildes adictos a drogas (ver columna en esta página), quienes no encuentran eco ni dispositivos de salud en las autoridades provinciales. Estos dos jóvenes, muy involucrados en el tema, señalan algunas cosas a tener en cuenta. Uno es que la gran cantidad de cocinas no están sólo dedicadas al consumo local sino a la exportación y que la existencia de varios puertos en el Paraná son una clave a tener en cuenta. Otras fuentes, que prefieren no revelar su identidad, señalan la existencia de varios policías que hacen carrera dando la logística para el contrabando por vía fluvial y que de esas rutas de contrabando se valen desde quienes exportan granos hasta los narcos. Otro tema es que las cocinas rosarinas se dedican a producir clorhidrato de cocaína de buena calidad, una parte de la cual es consumida por los sectores pudientes del mercado local mientras que otra parte es envasada y acondicionada en las cocinas para salir del país. Además de la producción de cocaína buena, también elaboran el crack, cocaína rebajada con bicarbonato de sodio u otros componentes fáciles de conseguir legalmente. El crack se fuma y es de muy bajo precio, los narcos lo distribuyen entre los pibes de las zonas pobres. Como dato curioso, en el feudalizado mundo del narco rosarino parece haber un acuerdo para que no se haga ni se venda el llamado paco, una droga elaborada con residuos de cocaína y ácido sulfúrico. Aunque los especialistas la asimilan al crack, el paco es mucho más agresivo. El concepto de los narco rosarinos es que "hay que cuidar a la gente". De hecho, un muchacho dealer de paco apareció muerto con las manos cortadas. Una advertencia: tolerancia cero al paco por parte de los narcos.