Un fotógrafo que busca nuevos desafíos y riesgos
Ha sido un hombre muy versátil ya que -según cuenta en su propio currículum vitae- a los 21 años se recibió de Piloto Comercial en la Escuela Nacional de Aviación Civil donde previamente había obtenido un título en Meteorología. En 1972, ingresó a la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y cuando le faltaban sólo cinco materias para recibirse, decidió abandonar los estudios. También fue chofer de taxi, empleado bancario, ejecutivo a cargo del departamento exterior de una multinacional, entre otros. Organizó gremialmente dicha empresa y, posteriormente, fue elegido Delegado General. Luego de cinco años, en 1976, después de producido el golpe militar "decide" renunciar.
Más tarde, comenzó a realizar trabajos de fotografía como medio de vida al tiempo que estudia y profundiza sus conocimientos técnicos. Expuso sus obras en más de doscientas muestras. Muchas fueron adquiridas en forma permanente, como en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (malba). Fue curador y jurado de los espacios artísticos más importantes del país y recibió premios desde el comienzo de su carrera. Se trata de uno de los más destacados fotógrafos y docentes de la Argentina y su participación en la XVII edición del Mes de la Fotografía en Bariloche le otorgó a dicho evento un espacio de capacitación invaluable para muchos de los que participaron.
Uno de los trabajos que usted realizó captó fuertemente mi atención, el que hizo en El Borda, entre 1982 y 1985. ¿Se propuso hacer una investigación previa a tomar las imágenes? ¿Cómo realizó ese trabajo?
En el caso del Borda, surgió por mi interés propio por el tema de la locura -como comúnmente se la llama- que viene de mis tiempos de Sociología de la Universidad y cuando empecé a hacer algo de docencia en el Cine Club Buenos Ayres, me enteré que había proyecciones en El Borda y me fui de cabeza rápidamente. Me fascinó lo que había ahí, lo que pasó, el nivel de discusión que se dio y propuse hacer un taller con los internos, el cual hice durante dos años y medio. Fui aprendiendo sobre la práctica y fui adquiriendo los elementos que -de alguna manera- después de ahí surgen los Talleres de Estética Fotográfica, los TEF, que este año cumplen 30 años.
¿Cómo decide qué trabajo va a encarar?
A mí me interesa mostrar los cambios que a lo largo del tiempo fui haciendo y esto tiene que ver justamente con una necesidad de no conformarme con el lugar al que llego, que a veces es un lugar de placer, porque la gente a uno lo reconoce y a uno lo aplaude, y yo siempre suelo decir que ese es un momento súper peligroso, porque uno tiende a decir 'acá llegué, esto es lo mío, a todo el mundo le gusta’ y de ahí es de donde hay que salir rápidamente, tratando de darle una vuelta más de tuerca, tensando un poco más las cosas y eso va llevando a que uno vaya haciendo obra que permanentemente plantea nuevos desafíos, que implica arriesgar un poco más, que tiene que ver con cierta incertidumbre de aquello a lo que estoy yendo, para mí esa es la esencia de la producción artística.
¿Cómo ha incorporado las nuevas tecnologías en el transcurso del tiempo?
Para mí es una mejora ya no tanto en términos de producción, sino de circulación, de difusión, de conocimientos, de comunicación, que son imprescindibles. Yo digo que tengo dos hemisferios cerebrales claramente separados en términos que, por un lado, tengo un aspecto profesional, es decir, yo vivo de la fotografía, y, por el otro lado, tengo un aspecto que tiene que ver con mi obra personal. En lo profesional, lo digital cambió radicalmente todo y es absolutamente beneficioso. En la producción de obra personal, yo sigo usando una cámara analógica, pero luego digitalizo, imprimo y surge la facilidad, por ejemplo, hoy me piden una muestra en Australia, mando un archivo digital y cuando llego allá, está la muestra colgada. Eso, evidentemente, cambió el mundo y es sumamente positivo. Son cambios tecnológicos que nos ayudan, es decir, lo esencial no ha cambiado.
El contexto histórico de la Argentina, ¿ha influido en su trabajo?
La realidad está constituida por los aspectos sociales, políticos, económicos, personales, y eso es parte del material sobre el que uno elabora la obra, está siempre presente.
¿Existe algún momento histórico que recuerda más que otro?
No podría diferenciarlos, porque cada momento tuvo distintos motivos, unos más fuertes y otros menos, pero siempre hubo una realidad que condiciona la obra.
¿Cuál es su balance sobre su participación en el Mes de la Fotografía?
La gente parecería que está muy contenta y entusiasmada y espero que así sea. El público que asistió es mucho, muy bueno, muy preguntón, y participante en cuanto a lo que se plantea. Estoy muy contento.