"Breaking Bad", gracias por todo
Cuando hablo de cine y televisión, me refiero claro, al cine versus la ficción en la t.v. y no a otros formatos. Breaking Bad (desde ahora BB), ha desdibujado claramente esos límites, ha puesto un piso bastante alto a sus competidores y le ha marcado un rumbo al cine mainstream, que ojalá lo tome y deje de hacer films formularios, previsibles y, a esta altura, aburridos.
Dijo hace poco tiempo el cinéfilo, coleccionista, director de programación del Malba, conductor de un programa de cine en televisión y ex director del BAFICI, Fernando Peña, que: "Cualquier capítulo de Breaking bad visto de canto, supera a toda la producción de Hollywood de un año". Es absolutamente cierto.
Ya me he referido a esta serie en esta columna. No es pereza por escribir lo que motiva esta suerte de repetición sobre un tema. Desde aquella vez hace ya un año y medio atrás, pasaron mucha cosas en la vida de Walter White. En ese febrero de 2012, había ya visto de manera casi diaria (gracias a la magia de internet) las primeras cuatro temporadas; algo así como unos 46 capítulos. Luego, en ese mismo año, se pasó la primer mitad (8 capítulos) de la quinta temporada, y este año, estamos despidiéndonos con los últimos ocho. Precisamente el último de ellos se llama "Felina" anagrama de "Finale". Los encuentros semanales o diarios con cada una de las propuestas del genial Vince Gilligan (creador de la serie, guionista y a veces director) son momentos inolvidables, disfrutables, atormentados, shokeantes, divertidos, reflexivos y, por sobre todo, adictivos.
¿Cuáles son los motivos para que esta serie se lleve tantos calificativos? ¿Cuáles son las razones que hacen que cientos de miles aficionados a las series, discutan si es procedente darle a BB el título de "la mejor de todos los tiempos"?
Hay varias cosas. Remanido es mencionar la gigante pericia de los guionistas, las ajustadas actuaciones, la inteligente y llamativa puesta de dirección, los atractivos personajes centrales y todos aquellos que alimentan una infrecuente galería de tipos humanos que siempre aportan al resultado final. Pero también hay que destacar la valentía y el coraje de su creador por buscar siempre más, por ir por caminos de pionero, asumiendo riesgos de gran porte (esos que le hace costar la carrera a cualquiera), algo que va contracorriente del propio sistema del showbusiness norteamericano, algo comparable en el cine a los primeros pasos del genial Orson Welles.
Se la menciona en los Estados Unidos como "la serie de la crisis", en referencia a la que vivieron (¿y viven?) los norteamericanos a partir del 2008. Walter White personifica una lucha que se no se ve prácticamente en las producciones masivas del cine y la televisión estadounidense. Walter teme que su familia no pueda pagar la hipoteca, teme que sus hijos no puedan acceder a la universidad (paga) y a la salud. Hay un capítulo en la quinta temporada en la cual uno de los personajes debe afrontar un tratamiento para volver a caminar, y le cuesta la friolera de 177.000 dólares. Entonces, el camino del héroe dentro de la lógica del capitalismo salvaje (¿hay alguno que no lo sea?) es obviamente delinquir; no hay protesta, no hay lucha social, reflexión acerca de un mal de todos, sino, la simple sujeción al salvataje individual. Tal vez haya algo de esto, tal vez sólo sea una mala interpretación mía. Yo creo que si hay algo. Creo que a pesar de todo, las grandes contradiccciones, las sensaciones más internas de cada uno de los ciudadanos norteamericanos acerca de su sistema perfecto, afloran fundamentalmente en las manifestaciones artísticas; aún en aquellas financiadas por los grandes estudios. No es nuevo.
Será difícil creo que por un tiempo tengamos una serie tan acabada, tan obra monumental como esta. Sin embargo, BB ha abierto una puerta, una en la que los buenos creadores que antaño pergeñaron las grandezas de Hollywood, hoy hacen brillar a la pantalla chica y nos hacen vivir una experiencia que va más allá del encuentro semana a semana.
Por Mariano Benito