Travesía en kayak: Recorrieron 1500 kilómetros a remo
El objetivo era claro: salir del océano Pacifico y llegar al Atlántico. Estos dos aventureros planificaron la expedición de manera minuciosa, ya que era una misión que podía presentar varios obstáculos y contratiempos.
"Nos propusimos realizar esta aventura hace unos años atrás. Cada uno fue investigando las distintas rutas y caminos", explicó a ANB el barilochense Marcelo Zanotti (38), quien se mostró "feliz" por la concreción de esta travesía.
Todo comenzó el pasado sábado 1 de junio, cuando Zanotti y Arek Mytko (39), de Polonia, partieron desde Puerto Montt, en Chile. Navegando por el golfo de Ancud y el seno de Reloncaví, llegaron al pueblo de Ralún.
Desde allí debieron caminar con sus kayaks a cuesta a través de las montañas hasta el lago Cayethue, desde donde siguieron viaje hasta llegar al lago Todos los Santos.
Tras una semana de lluvia intensa y sostenida, apareció el buen clima y los kayakistas pudieron disfrutar del maravilloso entorno.
Al día siguiente debieron acarrear sus kayaks nuevamente para realizar el cruce de la cordillera por el paso Pérez Rosales, tarea que demandó unas 12 horas de "dura caminata", aseguraron. Finalmente, arribaron a Puerto Frías y enfrentaron temperaturas muy bajas.
En las jornadas siguientes transitaron por las frías aguas del Nahuel Huapi y tomaron el río Limay, el cual es interrumpido por cinco hidroeléctricas.
Estos obstáculos fueron sorteados con el apoyo de Prefectura Naval Argentina, salvo en la hidroeléctrica de Alicura, donde no se les concedió el permiso para cruzar hacia el embalse de Piedra del Águila, por lo que debieron caminar con sus equipos 25 kilómetros, fuera de lo planeado, por la ruta 237, hasta Collón Curá.
Su última etapa fue el río Negro, la cual, según indicaron, no fue "técnicamente compleja", pero demandó "un gran esfuerzo" debido a la importante longitud.
Con 1500 kilómetros recorridos, el sábado 6 de julio lograron salir al océano Atlántico y finalizaron su extraordinaria expedición en la playa del balneario El Cóndor.
Las mayores dificultades de esta travesía, explicaron, fueron los fuertes vientos y el frío, "que congelaban la manos continuamente".
Cumplir con todo los pautado les provocó una enorme felicidad, confiaron. "Tiene que ver con una realización personal, de evolución. Hace mucho hago viajes de diferentes formas y cada vez voy intentando algo más", señaló Marcelo.
"Mientras el cuerpo aguante, hay que usarlo" agregó, entre risas. (ANB)