La película de Lanata y el cine argentino
En principio hay que decir que el dinero que el INCAA (Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales) maneja año a año, NO viene de partidas del tesoro nacional. Este ente autárquico se mantiene y financia a partir de los ingresos generados por la llamada "Ley de Cine"; es decir por el 10% de las entradas vendidas en las salas (y alquileres de películas en videoclubes) más un aporte que viene de la televisión que tiene relación con la facturación publicitaria de los canales. Ningún ciudadano argentino paga un impuesto para que el INCAA funcione. Es importante entender que no se le sacan recursos al estado que podrían ir a la salud o a la educación para hacer películas. Es más, en nuestro país se ha dado una situación en la que las cosas se dieron al revés: cuando padecimos durante años la más importante crisis económica (y de otros tipos), cuando la desgracia y la pérdida estaban personificadas en ese ministro cordobés de ojitos celestes y persistentes que tanto daño le inflingió a nuestro país, el estado se apoderó por un tiempo de la caja del INCAA. Es decir, los dineros que se recaudaban por la venta de entradas, pasaron a formar parte de remesas destinadas a cubrir el déficit fiscal o el pago de la deuda externa.
¿Qué hace el INCAA con ese presupuesto?
Por un lado mantiene sus estructuras edilicias, paga los sueldos de sus empleados, el funcionamiento de la propia escuela de cine, el mantenimiento de los espacios INCAA, los distintos festivales nacionales y provinciales y el festival internacional de Mar del Plata. Por otro lado, tiene un fondo de fomento que es el que se destina a la producción cinematográfica a través de créditos y subsidios.
Casi todo el cine argentino, desde los films más pequeños y artísticamente arriesgados hasta Metegol de Juan Campanella, tienen el apoyo económico del instituto nacional de cine. El apoyo es un subsidio que las películas estrenadas pueden cobrar a posteriori, de acuerdo al costo que la misma haya tenido y a determinados esquemas que fija el organismo.
La gente se preguntará porqué se le da dinero a las películas, se preguntará porqué éstas no se sustentan con el producido de la venta de entradas; simplemente porque con la venta de entradas en un mercado tan pequeño como el nuestro, no se podrían cubrir los costos de producción. ¿Y por qué no abrimos el mercado y logramos exportar nuestro cine? Es una interesante pregunta y es necesario saber que hubo una época en la que nuestro cine se exportaba, fundamentalmente a hispanoamérica. En Argentina había cerca de diez estudios de cine al estilo de hollywood y su cine se proyectaba y admiraba en México, Cuba, Chile o Colombia. Nuestras estrellas eran conocidas y veneradas en toda latinoamérica y el cine no era subsidiado. Hay que decir también que en esos años dorados (décadas del 40/50), la gente iba más a las salas y no existía la oferta de televisión e internet de nuestros días. También aclarar que la política imperialista de los Estados Unidos tiene un anclaje fundamental en el complejo armamentístico y en el cinematográfico. Ambos han ido de la mano y Hollywood ha sistematicamente anulado cualquier tipo de política cinematográfica en el mundo que quisiera, no digamos opacarla, sino competir con ella en igualdad de condiciones. De hecho, las carteleras de practicamente todo el mundo, ostentan más de un 70% de films de procedencia norteamericana.
Es por eso que la mayoría de los países que pretenden tener un cine nacional, en tanto expresión artística de una identidad, como también de la formación de una industria que genera puestos de trabajo, han generado para si, leyes de fomento de distintas características, pero con la finalidad de hacer viable la producción de películas.
T.V.
A partir de la nueva ley de medios, el estado ha comenzado a subsidiar la producción de contenidos para la televisión digital. Los dineros en este caso, si provienen de las arcas del tesoro nacional y tienen la clara finalidad de proveer de materia prima a los distintos canales de televisión que forman el conglomerado de lo que es la TDA (Televisión Digital Argentina) y, funfamentalmente, federalizar la producción de contenidos que en su inmensa mayoría se pergeñan en la factoría principal, llamada Ciudad de Buenos Aires. Hoy, a través de concursos, muchos profesionales del interior del país, están produciendo contenidos audiovisuales que van desde el informe periodístico, pasando por el documental, los magazines hasta series y miniseries de ficción.
Volviendo a Lanata y a su maníqueo informe, hay que decir que olvidó mencionar que él mismo pudo dirigir su película "Deuda" (2004), gracias al apoyo del INCAA. Pero lo más grotesco e irritante de su informe, tiene que ver con el análisis que hace en referencia al poco rating que tienen las producciones televisivas subsidiadas por el estado o los pocos espectadores que llevan las películas argentinas a las salas.
En principio es absurdo, reaccionario y estúpido medir la calidad de un producto televisivo por su rating. ¿Alguien puede negar que uno de los mejores programas de televisión de nuestro país fue "Caloi en su Tinta"? Sin embargo creo que nunca habrá superado los 2 puntos de rating. Por el contrario, propuestas poco creativas, vulgares y de mal gusto, han llegado a los 40 puntos. De hecho, tal vez el mejor canal de la historia de la televisión argentinas, me refiero a "Encuentro" no logra todavía competir por mayores segmentos de telespectadores, y eso no genera en el pensamiento de los argentinos que "se está gastando mal el dinero de los contribuyentes".
Hoy, mucha gente, muchos técnicos, actores, guionistas, etc., están pudiendo trabajar y generar propuestas sin tener que viajar a Buenos Aires. Por supuesto que este sistema no es perfecto y que en su andar, comete errores y hasta inequidades. Pero es mucho más que lo que teníamos antes; es un crecimiento palpable y visible que sin duda generará a futuro mejores contenidos para la pantalla grande y para la (ya no tanto) más pequeña.
Me parece importante que la gente analice de sus gobiernos cuáles han sido y son sus políticas y sus medidas específicas, con conocimiento de causa. Es bueno y saludable debatir sobre ellas, y para ello es indispensable tener una información veraz y precisa. No ha sido justamente así, el informe de quien alguna vez supo ser un buen periodista. Personalmente lo lamento mucho, ya que años atrás era una persona y un profesional al que me entusiasmaba escuchar y ver, y al cual respetaba.
Lo bueno de el pésimo informe de Lanata, es que abre un debate que trataré en alguna futura columna: ¿Por qué los argentinos vemos tan poco cine argentino?